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La Armada Invencible – una gran mentira que muchos creen cierta.
Cualquier historiador sabe que el término armada invencible no se usaba en aquella época, que fue un desastre magnificado y que muchas de las afirmaciones que se hacen son alimentadas por grupos de interés contrarios al Reino de España. No se trata de una conspiración sino de un simple interés.
Los gobernantes ingleses necesitaban hacer ver a su pueblo que España no era invencible, recordemos que en 1588, el imperio Español o Hispano dominaba el mundo. Hay que destacar que los monarcas hispanos no hablaban de España como nación, en ese momento España no existía como se entiende hoy en día, sino que la monarquía aglutinaba las coronas de Castilla, Aragón y Portugal en un complejo sistema de reinos, condados y otro tipo de organizaciones territoriales. Los gobernantes ingleses necesitaban infundir ánimo y orgullo a su pueblo y por este motivo aprovecharon este hecho de una manera realmente ejemplar. Puede decirse, que sin proponérselo, fue una de las mayores operaciones de marketing de la historia.
Pero el mayor daño y los mayores desprecios vendrían de dentro, sencillamente por intereses. Pensemos que en aquel momento no se habla de una nación Española sino de una monarquía hispana con múltiples reinos con diferentes intereses. Sectores de la nobleza querían que sus reinos se independizasen y por ejemplo los Portugueses lo lograron en 1640, otros no lo lograron. Con el paso de los siglos aparecieron nuevos nacionalismos que daban pábulo a estas historias para desprestigiar a España y lograr así el desapego o al menos lograr que la gente se avergüence de ser Español. Muchos textos y muchos libro en regiones nacionalistas, de forma sibilina e intencionada, destacan lo peor de España, ocultan los logros y sobre todo resaltan lo bueno de lo regional ocultando lo malo de lo regional. Simplemente se trata de intereses. Y lo cierto es que han logrado que gran parte de la sociedad, no solo de regiones nacionalistas, se crean muchas falsedades. Simplemente repiten una y otra vez una idea hasta que se toma como veraz.
Pero la verdad siempre aparece. La BBC, de 2019-2010, encargó una miniserie de tres capítulos sobre falsedades históricas denominada "Royal History’s Biggest Fibs". Su conclusión es que el relato oficial de lo ocurrido con la Armada Invencible fue "un poderoso legado que fue manipulado por monarcas, artistas y políticos durante siglos" refiriéndose a monarcas, artistas y políticos británicos. Podríamos poner múltiples ejemplo de las manipulaciones nacionalistas internas, sería demasiado fácil y evidente pero podría pensarse que hago una lectura interesada o muy parcial, así que hare referencia a este trabajo externo.
Para la BBC se trata de uno de los mayores bulos de la historia de Inglaterra. Cualquiera que vea la serie que puede tener algún error y sobre todo una visión inglesa descubrirá con extrañeza algunas cosas que no creerá pero si se toma tiempo en investigar verá que son ciertas.
- La Armada Invencible no se llamaba así en 1588.
- Drake no hundió la flota de Felipe II solo apresó un barco que estaba dañado.
- Inglaterra intentó un contraataque un año después que terminó en un absoluto fracaso: más de 20.000 bajas, tres cuartas partes del contingente militar. Pero lo ocultaron. Esta flota es conocida en Inglaterra como Contra Armada, y era una flota mayor que la Invencible.
La derrota de la armada española es la coronación del mayor logro de la Isabel I de Inglaterra, convirtió a sir Francis Drake y a la reina en iconos del origen del imperio británico. Pero esta historia está llena de exageraciones, de distorsiones y de grandísimas mentiras.
Originalmente en Inglaterra, este enfrentamientos entre la monarquía hispana e inglesa se plasmó como una guerra personal entre Felipe e Isabel. La nobleza inglesa y los poderes de la época querían hacer ver que Felipe II odiaba a Isabel. Pero ¿cuál era el motivo?. Lo que se omite es que Felipe II fue rey de Inglaterra e Irlanda, por su matrimonio con María I, entre 1554 y 1558. Quizás esto sorprenda a algún lector, pero es verdad, el Rey de la Hispanidad también fue Rey de Inglaterra, pero por el denominado "derecho de su mujer", en realidad el derecho del trono era de la mujer. Cuando muere María en 1558, Felipe dejo de ser Rey de Inglaterra. La auténtica rival de Isabel era María, su medio hermana, la católica reina de Escocia. La nobleza inglesa prefería a Isabel y alejarse del poder de la iglesia católica de roma, no hay que olvidar que una de las primeras medidas que tomó Isabel fue establecer una Iglesia protestante independiente de Roma.
En 1558, cuando Isabel llegó al trono devolvió el reino a la fe protestante, esto provocó que el Papa pidiese a Felipe II que declarase la guerra a Inglaterra. Al principio Felipe lo rechazó, pero Drake comenzó a asaltar puertos y ciudades españolas. Isabel, envió 6.000 soldados para respaldar la revuelta protestante contra la monarquía hispana en los Países Bajos. Esto no hubiera sido suficiente para un ataque de Felipe. Debemos recordar que Drake era un corsario, tiene similitud con la piratería, pero lo diferencia que el corso es legal por su gobierno, y esto en la época no era extraño. Por otro lado que un Rey apoyarse revueltas por motivos religioso en otros reinos tampoco era extraño en la época. En realidad Felipe se vio obligado a atacar Inglaterra por las presiones del Papa ya que Felipe era el mayor defensor del Catolicismo y no podía seguir permitiendo los hostigamientos de los protestantes ingleses.
Por estos motivos finales de julio de 1588, la Armada llegó a las costas inglesas. La Inglaterra de la época vendió y difundió al mundo que se trataba básicamente de un enfrentamiento entre Goliat (el imperio de la monarquía hispana) y un pequeño valiente que quería evitar una masacre. No fue la flota más grande enviada contra Inglaterra, los normados en 1066 o los franceses 1545 enviaron flotas mayores contra Inglaterra. Pero era importante que todo el mundo pensara que era una flota nunca antes vista. En realidad se sabe que la flota española tenía problemas de suministro y de enfermedades, de hecho, el duque de Medina Sidonia que mandaba la flota, le pidió al rey retrasar la partida desde A Coruña, pero Felipe II se lo negó.
Al llegar a aguas inglesas, se desató un temporal durante la batalla, esto hizo colisionar a algunos barcos españoles, Drake consiguió capturar uno, el Rosario. Esta captura fue magnificada en canciones omitiendo que el Rosario había chocado con otro barco español y dando a entender que Drake lo había apresado durante la lucha.
De esta batalla tenemos dos formas distintas de visiones históricas interesadas.
En la versión oficial inglesa, los británicos atacan a los españoles, hunden sus barcos y estos, aterrados o dispersados por los vientos, parten hacia Escocia e Irlanda mientras la reina lanza un discurso a sus tropas desde las costas de Tilbury. Este famoso discurso está lleno de agujeros temporales. Cuando lo pronunció, suponiendo que lo hiciera, la batalla ya habría acabado y la armada española ya se había marchado, por lo que es poco verosímil. Debemos precisar que fue un poeta llamado James Aske, autor del poema Isabel triunfante, el que sitúa a Isabel en Tilbury antes de la batalla. Sin embargo, no hace referencia alguna al supuesto discurso. La realidad es que este discurso aparece por primera vez, 35 años después de la batalla en unos textos de un capellán. Este texto venía bien para la monarquía inglesa sobre todo la frase "Yo puedo tener el cuerpo de una débil y endeble mujer, pero tengo el corazón y el estómago de un rey" que se ha repetido en discursos y en anuncios. Lo más probable es que pudiendo ser una frase pronunciada por Isabel podría haber sido pronunciada en un discurso por otro motivo y después de la batalla. Pero en esa época interesaba enmarcarlo en el momento de la batalla. De esta forma poco a poco se incluyó como algo cierto en los libros escolares aunque los historiadores no comparten esta idea.
Otras versiones dan más importancia al temporal que a la batalla. Los movimientos interiores contra la corona hispana hablan principalmente del temporal dando a entender que la monarquía había planificado mal el momento del ataque y sobre todo que no había preparado bien a la flota. Lo que se pretendía era culpar a la monarquía del desastre. Había sectores que trataban de debilitar a la corona hispana para independizarse. Hay que recordar que en ese momento la monarquía hispana gobernaba no solo gran parte del mundo (territorios de ultramar de Portugal y de la corona de Castilla y Aragón) sino muchas regiones en Europa (Países Bajos, Milanesado, Franco Condado, Cerdeña, Reino de Sicilia, Reino de Nápoles,...). En aquel entonces igual que hoy en día había grupos con intereses regionales que querían independizarse por temas económicos.
En el mundo protestante el temporal fue aprovechado para explicar que Dios estaba de su lado, del lado protestante y no del católico.
Como vemos había muchos intereses, pero cuál es la realidad. La realidad es que según todos los archivos de España y otros países de la época:
- La Armada española, perdió 22 barcos y la mayoría fue por el temporal.
- El término Armada Invencible fue inventado por los ingleses, los españoles jamás lo utilizaron, no consta en ningún archivo ni libro de la época. Aun así se imprimieron numerosos panfletos señalando que Felipe II la denominaba de esa manera. Con el paso de los siglos terminó apareciendo en los libros de escuelas y colegios de España.
- Los soldados ingleses que participaron en la batalla nunca fueron recompensados y se amenazó con la cárcel a quien reclamase la paga.
- La mitad de los hombres ingleses que lucharon contra los españoles murieron de enfermedades o de hambre.
- España siguió dominando sola los mares otros 50 años. Hasta 1640, este año se producen sublevaciones contra la monarquía en Portugal y Cataluña. Estas sublevaciones alentadas por la pobreza de los campesinos, las injusticias y las potencias extranjeras supusieron la pérdida del Rosellón a manos Francesas y la independencia de Portugal. El imperio hispano ya no dominaba totalmente los mares, ahora compartía el dominio con el imperio portugués y el inglés.
En definitiva, la realidad es que los ingleses han utilizado esta victoria como aglutinante nacional en momentos de crisis políticas o militares. En 1592, Lord Howard Effigham encargó unos grandes tapices para conmemorarla. En 1616, se los vendió al rey Jaime y este los colgó en Westminster, con lo que ya formaron parte "de la mitología inglesa". Siglos después, en época de la reina Victoria, con el imperio Inglés en su auge, se levantaron numerosas estatuas en recuerdo de Drake e Isabel por todo el país. En el siglo XX, Winston Churchill y Margaret Thatcher también redactaron discursos patrióticos utilizando el mismo falso recurso.
Los Ingleses siempre han tratado de ocultar que Isabel envío en 1589 un total 180 naves (50 más que las que componían la Invencible) contra las costas españolas. El desastre fue absoluto, con más de 20.000 muertos y heridos de los 27.667 que componían la expedición. Sin embargo en España no se levantaron estatus ni se hizo nada relevante para conmemorar estos hechos simplemente porque para un Imperio tan grande como el Hispano este hecho no fue relevante. Esta historia nos demuestra el poder de la información, y cómo partiendo de hechos reales se puede tergiversar una historia.
Como ejemplo actual de tergiversación y manipulación histórica, entre muchas, tenemos:
- La diada de Cataluña. Presentada o dada a entender como la lucha de Cataluña por la independencia cuando en realidad se trata de una guerra de sucesión española entre los Borbón y Habsburgo.
- O la denominada Corona Catalano-Aragonesa, apoyadas en unos textos de 1286 sobre privilegios y posesiones del rey, donde aparece la expresión "regno, dominio et corona Aragonum et Catalonie" (Reino, dominio y corona de Aragón y Cataluña -haciendo alusión al Reino de Aragón y los Condados catalanes integrados dentro de la Corona de Aragón) , si bien solo cinco años más tarde, en 1291, en la renovación de estos privilegios, ya se habla de "Reinos de Aragón, Valencia y condado de Barcelona". En realidad antes del siglo XIX en ningún archivo histórico de ningún país del mundo se menciona la Corona de Aragón como corona catalano-aragonesa. Este término aparece en el siglo XIX, en el movimiento cultural del renacimiento catalanistas. No es más que una tergiversación al que determinados grupos de interés dan crédito.
Muchas de estas falsedades se terminan dando por ciertas y asumidas por una sociedad que desconoce la verdad. Y nos preguntamos porqué se permite enseñar y difundir estas teorías. La respuesta es que simplemente porque existe libertad para difundir lo que se quiera. Se permite en la enseñanza porque los equilibrios de poder político necesitan apoyos regionalistas y se les deja hacer. Los nacionalismos necesitan construir una historia atractiva para sus intereses y cuentan medias verdades o la parte que interesa. La sociedad actual apenas se cuestiona las afirmaciones de sus líderes y eso facilita que arraiguen creencias infundadas.
Julio Cervera Baviera (inventor de la radio radiofónica)
(Segorbe, 26 de enero de 1854 - Madrid, 24 de junio de 1927)
La radio (entendida como radiofonía o radiodifusión, términos no estrictamente sinónimos) es un medio de comunicación que se basa en el envío de señales de audio a través de ondas de radio, si bien el término se usa también para otras formas de envío de audio a distancia como la radio por Internet.
El inventor de esta radio fue Julio Cervera.
En 1873 el físico escocés James Clerk Maxwell formuló la teoría de las ondas electromagnéticas, que son la base de la radio.
En 1887 el físico alemán Heinrich Hertz descubrió las ondas de radio.
En 1894 Nikola Tesla hizo su primera demostración en público de una transmisión de radio (transmitio ondas electromagneticas a una corta distancia).
En 1895, el italiano Guillermo Marconi construyó el primer sistema de radio para transmisiones radiomagneticas, logrando en 1901 enviar señales a la otra orilla del Atlántico, pero como lo hizo con patentes de Tesla se le atribuye el trabajo a este último.
En 1902 el español Julio Cervera, inventa la radio: Marconi inventó antes de Cervera la telegrafía sin hilos (solo transmitia señales electromagneticas), pero no trabajó en la radio con transmision de fonia hasta 1913, mientras Cervera fue quien resolvió los problemas de la telefonía sin hilos, lo que conocemos hoy día como radio, al transmitir la voz humana -y no señales- sin hilos entre Alicante e Ibiza en 1902, y llegó a registrar la patente en cuatro países: España, Inglaterra, Alemania y Bélgica.
Cervera fue un ingeniero y comandante que cursó estudios de ciencias físicas en la Universidad de Valencia, cadete de caballería en Valladolid, entrando a formar parte en 1878 de la escuela de Ingenieros Militares de Guadalajara.
Durante la Guerra Hispano-Americana de 1898, le fue encargada la defensa del Guamaní, cerro que domina el camino entre Cayey y Guayama, teniendo su punto culminante en la batalla del mismo nombre (9 de agosto de 1898), en la que consiguió trasladarse a Aibonito al barrio Asomante para fortalecer las instalaciones de comunicaciones y repeler un ataque de las tropas norteamericanas, conociéndose este evento como "El Combate del Asomante". El pueblo de Aibonito con su plaza e iglesia, es el de mayor altitud a nivel del mar en Puerto Rico, permitiendo una posición estratégica para una mayor visibilidad de la costa norte (océano Atlántico) en San Juan y la de Ponce (mar Caribe) al sur de la Isla. En este punto se estableció en el sector conocido como La Torre un heliógrafo para mantener comunicación entre San Juan y Ponce. Tras la guerra se hizo famoso al publicar un folleto, La defensa de Puerto Rico, en el que con la intención de favorecer al General Macías arremetía contra los voluntarios puertorriqueños.
En 1899, una vez finalizada la guerra, y centrándose ya en su faceta de ingeniero, trabajó durante 3 meses con Guillermo Marconi y su ayudante, George Kemp. Obtuvo sus primeras patentes en telegrafía sin hilos antes de finalizar el año. Según el profesor de la Universidad de Navarra Ángel Faus, una de las patentes más destacadas es la del telemando de equipos y sistemas, antecesor del mando a distancia. Ángel Faus, en su obra La Radio en España. 1896-1977, atribuye a Julio Cervera la invención del primer sistema técnico de la radio.
Julio Cervera según últimas investigaciones realizadas,1 desarrolló la radio once años antes de que Marconi lo hiciera. Cierto es que Marconi inventó antes de Cervera la telegrafía sin hilos, pero para transmitir señales, no sonido. Cervera transmitió la voz humana -y no señales- sin hilos entre Alicante e Ibiza en 1902.
Sin embargo, hay que tener en cuenta que 15 años antes que Marconi y 4 años antes que Julio Cervera, Nikola Tesla ya había hecho varias demostraciones y publicaciones de los principios de la radio.2 3 Tras la usurpación de Marconi en la patente, Nikola Tesla llevó a los tribunales a Marconi ganando el litigio ante el Tribunal Supremo de los EEUU y quedando como el auténtico inventor de la radio.
Otra notable contribución fue la creación en 1903 de la Internacional Institución Electrotécnica en Valencia, que daba títulos propios de ingeniero mecánico, electricista y mecánico-electricista, denominados libres. Fue una de las primeras experiencias de educación a distancia de todo el mundo. En 1908 pasa a llamarse Institución de Enseñanza Técnica ofreciendo cursos en disco. Publica la revista Electricidad y Mecánica desde 1905 hasta al menos 1920.
También fue el creador del diseño del antiguo tranvía de Tenerife.
Además, escribió un libro sobre dos territorios de la España africana, "la Isla del Perejil y Santa Cruz de Mar Pequeña", siendo sus opiniones proféticas (predijo la invasión de perejil).
La radio (entendida como radiofonía o radiodifusión, términos no estrictamente sinónimos) es un medio de comunicación que se basa en el envío de señales de audio a través de ondas de radio, si bien el término se usa también para otras formas de envío de audio a distancia como la radio por Internet.
El inventor de esta radio fue Julio Cervera.
En 1873 el físico escocés James Clerk Maxwell formuló la teoría de las ondas electromagnéticas, que son la base de la radio.
En 1887 el físico alemán Heinrich Hertz descubrió las ondas de radio.
En 1894 Nikola Tesla hizo su primera demostración en público de una transmisión de radio (transmitio ondas electromagneticas a una corta distancia).
En 1895, el italiano Guillermo Marconi construyó el primer sistema de radio para transmisiones radiomagneticas, logrando en 1901 enviar señales a la otra orilla del Atlántico, pero como lo hizo con patentes de Tesla se le atribuye el trabajo a este último.
En 1902 el español Julio Cervera, inventa la radio: Marconi inventó antes de Cervera la telegrafía sin hilos (solo transmitia señales electromagneticas), pero no trabajó en la radio con transmision de fonia hasta 1913, mientras Cervera fue quien resolvió los problemas de la telefonía sin hilos, lo que conocemos hoy día como radio, al transmitir la voz humana -y no señales- sin hilos entre Alicante e Ibiza en 1902, y llegó a registrar la patente en cuatro países: España, Inglaterra, Alemania y Bélgica.
Cervera fue un ingeniero y comandante que cursó estudios de ciencias físicas en la Universidad de Valencia, cadete de caballería en Valladolid, entrando a formar parte en 1878 de la escuela de Ingenieros Militares de Guadalajara.
Durante la Guerra Hispano-Americana de 1898, le fue encargada la defensa del Guamaní, cerro que domina el camino entre Cayey y Guayama, teniendo su punto culminante en la batalla del mismo nombre (9 de agosto de 1898), en la que consiguió trasladarse a Aibonito al barrio Asomante para fortalecer las instalaciones de comunicaciones y repeler un ataque de las tropas norteamericanas, conociéndose este evento como "El Combate del Asomante". El pueblo de Aibonito con su plaza e iglesia, es el de mayor altitud a nivel del mar en Puerto Rico, permitiendo una posición estratégica para una mayor visibilidad de la costa norte (océano Atlántico) en San Juan y la de Ponce (mar Caribe) al sur de la Isla. En este punto se estableció en el sector conocido como La Torre un heliógrafo para mantener comunicación entre San Juan y Ponce. Tras la guerra se hizo famoso al publicar un folleto, La defensa de Puerto Rico, en el que con la intención de favorecer al General Macías arremetía contra los voluntarios puertorriqueños.
En 1899, una vez finalizada la guerra, y centrándose ya en su faceta de ingeniero, trabajó durante 3 meses con Guillermo Marconi y su ayudante, George Kemp. Obtuvo sus primeras patentes en telegrafía sin hilos antes de finalizar el año. Según el profesor de la Universidad de Navarra Ángel Faus, una de las patentes más destacadas es la del telemando de equipos y sistemas, antecesor del mando a distancia. Ángel Faus, en su obra La Radio en España. 1896-1977, atribuye a Julio Cervera la invención del primer sistema técnico de la radio.
Julio Cervera según últimas investigaciones realizadas,1 desarrolló la radio once años antes de que Marconi lo hiciera. Cierto es que Marconi inventó antes de Cervera la telegrafía sin hilos, pero para transmitir señales, no sonido. Cervera transmitió la voz humana -y no señales- sin hilos entre Alicante e Ibiza en 1902.
Sin embargo, hay que tener en cuenta que 15 años antes que Marconi y 4 años antes que Julio Cervera, Nikola Tesla ya había hecho varias demostraciones y publicaciones de los principios de la radio.2 3 Tras la usurpación de Marconi en la patente, Nikola Tesla llevó a los tribunales a Marconi ganando el litigio ante el Tribunal Supremo de los EEUU y quedando como el auténtico inventor de la radio.
Otra notable contribución fue la creación en 1903 de la Internacional Institución Electrotécnica en Valencia, que daba títulos propios de ingeniero mecánico, electricista y mecánico-electricista, denominados libres. Fue una de las primeras experiencias de educación a distancia de todo el mundo. En 1908 pasa a llamarse Institución de Enseñanza Técnica ofreciendo cursos en disco. Publica la revista Electricidad y Mecánica desde 1905 hasta al menos 1920.
También fue el creador del diseño del antiguo tranvía de Tenerife.
Además, escribió un libro sobre dos territorios de la España africana, "la Isla del Perejil y Santa Cruz de Mar Pequeña", siendo sus opiniones proféticas (predijo la invasión de perejil).
Francisco Gali (exploración de la costa del Pacífico de Norteamérica)
Francisco Gali (Sevilla, 1539 - México, 1591), fue marino
español, recordado por haber realizado un viaje de exploración de la costa del
Pacífico de Norteamérica.
Se hizo célebre por haber navegado hasta el Japón y haber
visitado sus islas. Por este motivo en 1582 recibió el encargo de realizar un
viaje hacia la costa de América del Norte por orden del arzobispo de México y
virrey interino de Nueva España, Pedro Moya de Contreras. Al mando de dos
fragatas, tenía la misión de encontrar un puerto que sirviera de apostadero a
los barcos procedentes de Manila y que se dirigían al Perú, y además, debía
comprobar la si la costa de América estaba unida a la costa de Asia. Gali,
llega hasta el Japón en su relato sobre sus viajes cree en la existencia de un
estrecho. Exploró algunas de las islas del archipiélago de Hawái, la costa de
Baja California y la bahía de San Francisco. En 1584 amplió sus exploraciones
por la zona y descubrió Nueva California. Escribió una crónica de sus viajes.
Falleció al final de su viaje, y sus informes propiciaron que se realizaran una
nueva expedición al mando de Pedro de Unamuno.
Francisco Galí, arribó a la Nueva España y se avecindó en la
población de Tlacotalpan cuya traza realizó. Escribió una relación
pormenorizada del viaje que realizó en el galeón de Manila hacia Macao, y desde
ahí partió para Acapulco en julio de 1584, siguiendo rumbo noreste, y reportó
una corriente recia a 300 leguas al este de Japón, la cual continuó unas 700
hasta un punto a 200 leguas al oeste de la costa de California, donde tocó
tierra cerca de lo que hoy es la bahía de Santa Cruz.
Al arribar a Acapulco en enero de 1585 presentó su memorial
al virrey Moya, quien le encargo la búsqueda del estrecho de Anían y de un
puerto para el resguardo de los galeones de Manila. En marzo volvió a la
capital filipina para organizar un viaje de regreso, pero antes de terminar los
preparativos la muerte le sorprendió en enero de 1586.
Francisco Gali, junto con un navegante valenciano llamado
Juan Jaime, proyectaron el viaje desde Manila hasta Acapulco con el objeto de
medir la declinación de la brújula mediante un instrumento construido por Juan
Jaime, entre otras causas.
El manuscrito de dicho viaje, fue remitido al virrey, pero
por causas desconocidas, llegó a manos del holandés Jan Huygen van Linschoten,
que lo publicó en su idioma como Derrota de las Indias (Ámsterdam, 1596, 1614
y1626); se publicaron también traducciones al inglés (Londres, 1598) al alemán
en el mismo año, al latín (La Haya, 1599) y al francés (Ámsterdam, 1610, 1619 y
1638). Linschoten se hizo famoso por allegarse documentos secretos con
información náutica recopilada por navegantes españoles y portugueses. El destino
del manuscrito Galí es uno más de los misterios que se suman a las historias
que envuelven a los manuscritos e impresos novohispanos del siglo XVI. Hasta la
fecha se desconoce el destino del manuscrito original realizado por éste
destacado navegante , cartógrafo y urbanista.
Pedro Sarmiento de Gamboa (marino, explorador, escritor, historiador, astrónomo, científico y humanista)
Pedro Sarmiento de Gamboa (Pontevedra, 1530 a 1532 - Océano
Atlántico, frente a Lisboa, 17 de julio de 1592) fue un marino, explorador,
escritor, historiador, astrónomo, científico y humanista español del siglo XVI.
Hasta los dieciocho años vivió en la casa paterna, en la
pintoresca ría gallega, edad a la que ingresó al servicio militar. Entre 1550 y
1555 estuvo en el ejército al servicio del emperador Carlos I de España. En
1555 cruzó el océano Atlántico y llegó a México donde vivió durante dos años.
Poco se sabe de su vida durante este período excepto que tuvo problemas con la Inquisición.
El proceso surgió a raíz de una parodia de Auto de Fe, organizada por Sarmiento
en favor de los sobrinos del Obispo de Tlaxcala; de resultas del mismo fue
sentenciado a azotes en la plaza de Puebla y, probablemente, al destierro . De
ahí pasó a Perú donde vivió durante más de veinte años.
En 1557 llegó a Perú. Se desconocen sus actividades durante
los primeros años; pero dadas sus aficiones seguramente los dedicó a completar
su formación marinera estudiando cosmografía, geografía y náutica convirtiéndose,
en notable soldado, experto marino, reputado geógrafo y aventajado perito en
astronomía.
En dos oportunidades tuvo que enfrentar a los tribunales de
la Inquisición en Lima por sospechas de hechicería. A fines de 1564 gozaba de
la reputación de astrólogo, cuando el arzobispo, como inquisidor ordinario, le
inició causa de fe, encarcelándolo. Había sido delatado como nigromántico.
El 8 de mayo de 1565 fue condenado por la Inquisición al
destierro pero el arzobispo le conmutó la pena para que integrara la expedición
al océano Pacífico al mando Alvaro de Medaña que finalmente descubriría las
islas Salomón.
En 1579, el virrey de Peru le ordenó alistar dos naves para
que explorara el estrecho de Magallanes en búsqueda de lugares adecuados para
asentar población y fuertes con artillería para cerrar esa ruta a los enemigos
de España.
Las instrucciones del virrey, que Sarmiento juró cumplir,
fueron explorar detenidamente los canales de la Patagonia y el estrecho de
Magallanes. Levantar cartas geográficas de los lugares que reconociesen.
Averiguar si los ingleses habían establecido asentamientos en alguna parte y
estudiar los lugares en que se podrían establecer fuertes. Prudencia con los
habitantes que encontrara excepto con Francis Drake, al que debería presentarle
combate y prenderlo vivo o muerto si se topaba con él.
Sarmiento zarpó del puerto de El Callao el 11 de octubre de
1579 con dos naves bien equipadas y pertrechadas. La “Nuestra Señora de la
Esperanza” bajo su propio mando y con el título de capitán superior y el “San
Francisco” bajo el mando de Juan de Villalobos con el título de almirante. Para
avanzar más rápido hacia el sur siguió la ruta descubierta años antes por el
marino Juan Fernández.
El 17 de noviembre las naves se encontraban en latitud 50°
sur frente a la entrada a un canal que corría en dirección SE y que a Sarmiento
le pareció podría ser la boca del Estrecho y que bautizó como “golfo de la
Santísima Trinidad”. Los expedicionarios estuvieron alrededor de dos meses
levantando y recorriendo la infinidad de islas y canales y tomaron posesión de
esas tierras en nombre del rey de España. Volvieron nuevamente al océano
Pacífico.
El 21 de enero de 1580 las naves se separaron debido a una
fuerte tormenta. Villalobos fue arrastrado hasta latitud 56° sur y en cuanto el
tiempo se lo permitió regresó al norte pues ya no tenía víveres, recalando en
Valdivia a mediados de febrero.
Sarmiento también fue arrastrado por los temporales hacia el
sur y logró virar hacia el norte, reconociendo la punta NO de la isla
Desolación que llamó cabo Espíritu Santo y que en las cartas actuales figura
como cabo Deseado, fondeando a fines de enero de 1580 en puerto Misericordia.
Avanzó por el Estrecho, que él llamó estrecho de la Madre de Dios, fondeando y
levantando las costas, pasos y angosturas. El 13 de febrero estuvo fondeado en
puerto del Hambre y el 24 de febrero del mismo año salió finalmente al océano
Atlántico dirigiéndose a España con el propósito de presentar al rey un
proyecto para la defensa del Estrecho de Magallanes.
El rey Felipe II de España aprobó el proyecto de establecer
un fuerte en el estrecho de Magallanes con el propósito de asegurar el control
y dominio de ese paso estratégico del Virreinato del Perú, encargándole al
Consejo de Indias planificar la expedición para poblarlo y fortificarlo.
España armó una expedición compuesta por aproximadamente
2.500 hombres, los que embarcó en 23 naves las que puso bajo el mando de Diego
Flores de Valdés. El rey nombró a Sarmiento, gobernador y capitán general del
Estrecho. En la expedición también se embarcó Alonso de Sotomayor, designado
gobernador de Chile, y su tropa.
La expedición zarpó de San Lucar de Barrameda el 25 de
septiembre de 1581 pero un temporal a los pocos días le hundió cuatro naves por
lo que el 9 de octubre regresó al puerto de Cádiz para reparar otras. El 9 de
diciembre de 1581 volvió a hacerse a la mar con 16 navíos rumbo a Río de
Janeiro. En la ruta pararon en una de las islas de Cabo Verde en la que
permanecieron hasta el 2 de febrero de 1582. Allí, la expedición sufrió bajas
por muertes y deserciones. Arribó a Río de Janeiro el 25 de marzo del mismo año
y se detuvo allí seis meses en espera de mejores condiciones de tiempo;
nuevamente perdió gente por fallecimientos y fugas.
El 2 de noviembre de 1582 zarparon hacia el Río de la Plata.
En Buenos Aires el gobernador Sotomayor desembarcó su tropa pues había decidido
continuar a Chile por tierra. Diego Flores de Valdés, con cinco naves, llegó el
17 de febrero de 1583 hasta la entrada del Estrecho, pero el mal tiempo le
impidió ingresar en él por lo que regresó a Río de Janeiro y luego continuó a
España.
Sarmiento se quedó en Río de Janeiro, asumiendo el mando de
las naves con las que intentaría un nuevo viaje al Estrecho. Una vez reorganizados,
el 2 de diciembre de 1583, zarpó con cinco naves y 538 expedicionarios. El 1 de
febrero de 1584 logró entrar al Estrecho llegando hasta la Segunda Angostura
pero luego fueron empujados por la corriente y el viento hasta el cabo
Vírgenes. Allí, Sarmiento desembarcó el 4 de febrero de 1584 y procedió a tomar
posesión de esas tierras en nombre de España, habían transcurrido más de dos
años y medio desde su zarpe de España. El 11 de febrero de 1584 Sarmiento
procedió a fundar la Ciudad del Nombre de Jesús, la primera y más austral
ciudad del mundo en esa época, a tres kilómetros de lo que hoy es el cabo
Vírgenes, en el actual territorio de Argentina. El mal tiempo obligó a cuatro
de las naves dejar su fondeadero y regresar al Atlántico y luego a España quedando
Sarmiento solo con la Santa María de Castro para el servicio de los 338
pobladores de la ciudad.
Sarmiento se dio cuenta que el lugar no podría albergar
tantas personas por lo que decidió fundar otra ciudad que alojaría a la mitad
del total de los pobladores. Envió la Santa María de Castro con 50 pobladores
hacia el lugar en que él había estado en 1580, punta Santa Ana, y él con otros
cien hizo el camino por tierra. El 25 de marzo procedió a fundar en punta Santa
Ana la ciudad Rey Don Felipe, cercana a la actual Punta Arenas, hoy Chile. El
24 de mayo zarpó hacia Nombre de Jesús y luego de un tiempo decidió regresar a
España en búsqueda de víveres para sus poblados. El 29 de junio arribó al
puerto de Santos donde las autoridades le proporcionaron víveres y elementos
para sus colonias.
Zarpó hacia el Estrecho pero a la altura de Bahía un
temporal destruyó la Santa María de Castro que se hundió con toda su carga.
Sarmiento y algunos tripulantes se salvaron logrando llegar a la costa. El 3 de
octubre logró regresar a Bahía cuyo gobernador lo ayudó una vez más regalándole
una embarcación pequeña de 60 toneles en la que volvió a cargar víveres para
sus dos poblaciones y el 13 de enero de 1585 zarpó nuevamente en dirección al
estrecho de Magallanes. Otra vez una tempestad le hizo arrojar al mar toda la
carga para poder salvar la embarcación y regresar a Bahía, puerto en que sus
tripulantes se negaron a continuar embarcados.
El 22 de junio de 1586 emprendió el regreso a España en una
nave mercante. En el viaje la nave fue atacada por tres buques ingleses de la
flota de Walter Raleigh. Hecho prisionero fue conducido ante la reina Isabel I
de Inglaterra quien, luego de interrogarlo, lo dejó en libertad encomendándole
una misión que transmitir al rey de España. El 30 de octubre de 1586 Sarmiento
inició el regreso a España; pasó por París y cuando llegó a la frontera con su
patria, el 9 de diciembre del mismo año, fue capturado por los hugonotes
quienes lo encerraron en la prisión de Mont de Marsan y pidieron un elevado
rescate por su libertad. Inicialmente Felipe II se negó a pagar rescate por él,
pero finalmente, en diciembre de 1589, el monarca firmó una cédula en la que
ordenó el pago del rescate. El fiel vasallo regresó a su patria después de
estar casi diez años fuera de ella.
El fracaso de la expedición al Estrecho hay que buscarlo en
la inexperiencia y falta de capacidad como organizador de Flores de Valdés,
pero más que nada en la carencia de un apoyo naval eficiente y en la
inclemencia del mar y del clima austral. Sarmiento continuó pidiendo socorros
para la gente del Estrecho, pero Felipe II ya había decidido desentenderse de
ese problema. Como una forma de compensar los servicios y desvelos con la
Corona en 1591 le nombró almirante de una de las Armadas encargadas de proteger
las naves de la flota de Indias.
El 17 de julio de 1592, falleció mientras dirigía una flota
cerca de la capital portuguesa. Sus restos se sepultaron en un ignoto sitio de
Lisboa. Para la historia ha quedado la admirable descripción del golfo de la
Trinidad y del estrecho de la Madre de Dios, las recomendaciones para la
navegación de los canales patagónicos y del estrecho de Magallanes han sido
ensalzadas por los hidrógrafos modernos que han trazado las cartas definitivas,
entre ellos el vicealmirante Fitz Roy.
La obra de Sarmiento tiene dos características: su variedad
y cantidad. 1 historia, 10 relaciones, 5 memoriales, 17 cartas, poesías y otro
escritos conocidos o desafortunadamente desaparecidos son su legado. En ellas
emplea un rico vocabulario, viveza en el lenguaje y una gran capacidad
descriptiva.
No existe a comienzos del siglo XXI un estudio completo
sobre su obra literaria, no porque no haya interesado, sino porque el azar ha
ocultado hasta ahora datos y obras. Recién en el siglo XX se descubrió su
“Historia Índica” lo que impulsó nuevas investigaciones y búsquedas.
Finalmente, hay que destacar su habilidad como navegante y
sus inquietudes culturales. Poseedor de un vasto saber náutico, su facilidad
con la pluma denota el contacto con un foco cultural de primera línea, se
recuerda su conversación con la reina Isabel en latín.
El lago Sarmiento de Gamboa, lago de Chile ubicado dentro
del Parque Nacional Torres del Paine, en la Región de Magallanes y de la
Antártica Chilena, honra su memoria.
Francisco de Orellana (Descubre el amazonas)
(Trujillo, España; 1511- Río Amazonas, Noviembre de 1546),
fue un explorador, conquistador y adelantado español en la época de la
colonización española de América. Participó en la conquista del Imperio Inca y,
en lo posterior, fue nombrado gobernador en diversas poblaciones. Tras la
cantidad de saqueos que dirigió sobre poblaciones nativas, se le consideró como
uno de los conquistadores más ricos de la época.
Viajó al Nuevo Mundo muy joven (1527), sirviendo en
Nicaragua. Reforzó el ejército de Pizarro en el Perú (1535) y le sirvió en
múltiples campañas, en una de las cuales perdió un ojo.
Durante la guerra civil entre los conquistadores en el Perú,
se alineó con los Pizarro y fue enviado por Francisco Pizarro al mando de una
columna desde Lima en ayuda de Hernando Pizarro.
En esta año (1535) participó en la pacificación y fundación
de Puerto Viejo donde desempeñó los cargos de regidor, alcalde ordinario además
de Teniente de Gobernador y uno de los primeros vecinos. En 1537 fundó la
ciudad de Guayaquil, que había sido destruida por los indígenas nativos en
varias ocasiones y reubicada por diferentes colonizadores españoles. En 1538
fue nombrado gobernador de la provincia de la Culata, en la costa del actual
Ecuador, donde reconstruyó y repobló Santiago de Guayaquil, que había sido
recientemente destruida por los indios, anteriormente fundada por Pizarro y
repoblada por Belalcázar. Recibió el título de Teniente Gobernador de
Guayaquil. Después de terminar la reconstrucción de la ciudad partió hacia
Quito y, junto a Gonzalo Pizarro, organizó una expedición que terminaría con el
descubrimiento del río Amazonas.
La expedición cruzó los Andes. Al cabo de un año, ante la
falta de resultados de la búsqueda, Gonzalo Pizarro y Orellana construyeron un
bergantín, el San Pedro, para transportar a los heridos y los suministros, y
siguieron los cursos de los ríos Coca y Napo hasta la confluencia de éste con
el Aguarico y el Curaray, donde se encontraron faltos de provisiones. Habían
perdido 140 de los 220 españoles y 3.000 de los 4.000 indios que componían la
expedición. Acordaron entonces (22 de febrero de 1542) que Orellana prosiguiera
en el barco en busca de alimentos río abajo. Le acompañaban unos cincuenta
hombres. Incapaz de remontar el río, Orellana esperó a Pizarro. Finalmente
envió a tres hombres con un mensaje y comenzó la construcción de un nuevo
bergantín, el Victoria. Mientras tanto, Pizarro había vuelto hacia Quito por
una ruta más hacia el norte, con sólo 80 hombres, los que quedaban vivos.
Orellana siguió río abajo. Al cabo de siete meses y un viaje
de 4800 kilómetros ,
en los que navegó río abajo por el río Napo, el Trinidad (¿río Jurua?), el río
Negro (bautizado por Orellana) y el Amazonas, llegó a su desembocadura (26 de
agosto de 1542), y desde allí se dirigió costeando a Nueva Cádiz en la isla de
Cubagua (actual Venezuela). La Victoria, llevando a Orellana y Carvajal, bordeó
la isla de Trinidad por el sur y quedó varada en el golfo de Paria durante
siete días, llegando finalmente a Cubagua el 11 de septiembre de 1542.
Fue en este viaje en el que el Amazonas adquirió su nombre.
Se cuenta que la expedición fue atacada por feroces mujeres guerreras, similares
a las amazonas de la mitología griega, pero es posible que simplemente luchara
contra guerreros indígenas de pelo largo. Sin embargo, las crónicas del Padre
Gaspar de Carvajal, cronista de Orellana deja muy claro que los indígenas que
les combatieron estaban liderados por mujeres.
Este es el motivo por el cual llamaron amazonas al río por el que
navegaron.
Desde Cubagua, Orellana embarcó hacia España. Sin embargo,
tras una travesía difícil, llegó primero a Portugal, donde el rey le ofreció
hospitalidad e incluso recibió ofertas para volver al Amazonas con una
expedición abundantemente provista bajo bandera portuguesa. El Tratado de
Tordesillas había puesto toda la longitud del Amazonas bajo soberanía
castellana, mientras que los portugueses consideraban la costa brasileña como
de su entera propiedad. Sin embargo, Orellana continuó a Valladolid (mayo de
1543) con la esperanza de conseguir las reclamaciones castellanas sobre toda la
cuenca del Amazonas.
Una vez en la corte, y tras nueve meses de negociaciones,
Carlos I le nombra gobernador de las tierras que había descubierto, bautizadas
como Nueva Andalucía (18 de febrero de 1544). Las capitulaciones le permitían
explorar y colonizar Nueva Andalucía con no menos de 200 soldados de
infantería, 100 de caballería y el material para construir dos barcos
fluviales. A su llegada al Amazonas, debía construir dos ciudades, una de ellas
justo en la boca del río. Sin embargo, los preparativos se alargaron debido a
la falta de fondos. Finalmente gracias a la financiación de Cosmo de Chaves,
padrastro de Orellana, la expedición pudo partir. Poco antes Orellana se casa
con Ana de Ayala, una joven de origen humilde que le acompañará en su nueva
travesía.
Zarpa de Cádiz, pero es detenido en Sanlúcar de Barrameda, debido
a que gran parte de su expedición estaba compuesta por no castellanos.
Finalmente (11 de mayo de 1545), y escondido en uno de sus barcos, zarpa
subrepticiamente de Sanlúcar con cuatro barcos. Uno se pierde antes de llegar a
las islas de Cabo Verde, otro en el curso de la travesía y un tercero es
abandonado al llegar a la desembocadura del Amazonas. El desembarco se produce
poco antes de las Navidades de 1545 y Orellana se interna unos quinientos
kilómetros en el delta del Amazonas tras construir un barco fluvial. 57 hombres
mueren de hambre y el resto acampan en una isla del delta entre indios
amistosos. Orellana parte en un bote para encontrar comida y la rama principal
del Amazonas. A su regreso, encuentra el campamento desierto, pues los hombres
habían construido un segundo bote y partido en busca de Orellana. Finalmente
abandonaron y partieron costeando hacia la isla Margarita.
Orellana y su grupo siguieron tratando de localizar el canal
principal, pero fueron atacados por los nativos caribes. Diecisiete murieron a
causa de las flechas venenosas y el mismo Orellana murió poco después, en
noviembre de 1546. Cuando los supervivientes del segundo bote llegaron a la
isla Margarita, se encontraron con 25 compañeros, incluyendo a Ana de Ayala,
que habían llegado en el cuarto barco de la flota original. Un total de 44
supervivientes (de 300 que habían partido) fueron finalmente rescatados por un
barco español. Muchos de ellos se asentaron en Centroamérica, Perú y Chile,
mientras que Ana de Ayala se casó con otro superviviente, Juan de Peñalosa, con
el que vivió hasta su muerte en Panamá.
En la actualidad, una provincia de Ecuador recibe el nombre
de Orellana. Igualmente, en el distrito "Las Amazonas" (en el río
Napo), provincia de Maynas del departamento de Loreto, en Perú, existe una
localidad llamada "Francisco de Orellana".
Diego García de Moguer (Descubridor del archipiélago de chagos)
(Moguer, 1484 - 1554), marino y descubridor español.
Participó en la expedición de Magallanes y Elcano que dio la
primera vuelta al mundo entre 1519 y 1522.
El 15 de enero de 1526 zarpó desde La Coruña al mando de una
expedición de tres naves, financiada por comerciantes para buscar la ruta de
las especias, siguiendo la derrota de Elcano y pasando por el Estrecho de
Magallanes. En el camino, en febrero de 1528, se detuvo a explorar la zona del
Río de la Plata. Navegando en abril por el Río Paraná, encontró de improviso el
fuerte Sancti Spiritu. Sorprendido e indignado, ordenó al capitán Caro
(designado por Sebastián Gaboto), que abandonase el lugar, ya que esa era conquista
que sólo a él le pertenecía por haber sido designado por España para explorar
esas tierras. Pero vencido por los ruegos de Caro y su gente para que fuese en
auxilio de Gaboto, García siguió aguas arriba y entre lo que hoy día son las
localidades de Goya y Bella Vista se encontró con el piloto veneciano, quien le
obligó a cooperar en la búsqueda de la Sierra de la Plata, y juntos exploraron
el río Pilcomayo, para seguir después hacia el estrecho.
A todo esto, en Sancti Spiritu, los españoles descuidaron la
defensa del fuerte, y en septiembre de 1529, antes del amanecer, los indígenas
tomaron por asalto la fortaleza. Sebastián Gaboto y Diego García de Moguer se
encontraban en ese tiempo en el asentamiento de San Salvador, preparando
hombres y embarcaciones, y no sabían nada de lo que se estaba desarrollando en
Sancti Spiritu, hasta que vieron llegar a Gregorio Caro con los supervivientes,
y la terrible noticia de la destrucción del fuerte. Inmediatamente Gaboto y
García se dirigieron al fuerte intentando rescatar a sus hombres. En los
alrededores de Sancti Spiritu hallaron algunos cadáveres completamente
mutilados; los bergantines defondados y hundidos, los almacenes saqueados e
incendiados. Sólo dos cañones quedaron como testigos de la primera fortaleza que
se levantó en tierra argentina.
El 24 de agosto de 1534 viaja de nuevo en la carabela
Concepción hacia el río de la Plata, pasa por la isla de Santiago de Cabo
Verde, luego al Brasil, donde desciende el estuario de los ríos Uruguay y
Paraná y funda la ciudad de Santa María del Buen Aire. Posteriormente regresa a
España.
En una posterior exploración "portuguesa" en 1554,
descubrió el Archipiélago Chagos, en el índico, y bautizó la mayor de las islas
con su nombre, Diego García. Murió en el viaje de regreso en medio del Océano
Índico, frente a las costas sudafricanas.
Fernando de Magallanes (Descubridor del estrecho que lleva su nombre y de Filipinas)
(en portugués antiguo: Fernando de Magalhanes), también
conocido como Hernando de Magallanes (Sabrosa, Región Norte, Portugal,
primavera de 1480 – Mactán, Islas Filipinas, 27 de abril de 1521) fue un
militar, marino y navegante portugués de linaje noble, nombrado por la
Monarquía Hispánica adelantado, capitán general del “Armada para el descubrimiento
de la especería” y caballero de la Orden de Santiago. Aunque de origen portugués se le puede
considerar un marino de la monarquía hispana pues es cierto que su principal
viaje lo realizó al servicio de España.
Al servicio de Carlos I, descubrió el canal natural
navegable que hoy recibe el nombre de Estrecho de Magallanes, siendo el primer
europeo en pasar navegando desde el Océano Atlántico hacia el Océano Pacífico,
hasta entonces denominado Mar del Sur. Inició la expedición que, capitaneada a
su muerte por Juan Sebastián Elcano, lograría a la sazón la primera
circunnavegación de la Tierra en 1522.
Magallanes nació en el norte de Portugal en el año 1480. La
vila de Sabrosa, la freguesía de Sé en Oporto, Vila Nova de Gaia y Ponte da
Barca se disputan ser su lugar de nacimiento.
Era hijo de Rui de Magalhães y de Inês Vaz Moutinho. Hermano
de Duarte de Sousa, Diogo de Sousa, Isabel de Magalhães, Genebra de Magalhães y
Aires de Magalhães. El padre de Fernando, Rui de Magalhães, fue caballero
hidalgo de la casa de D. Afonso, conde de Faro, señor de Aveiro y alcalde mayor
de Estremoz. Rui fue alcalde de Aveiro, donde está documentado en 1486; entre
1472 y 1478 ejerció cargos de juez ordinario, procurador de cámara y concejal
en Oporto. Su hermano Aires de Magalhães siguió la carrera eclesiástica,
recibiendo el subdiaconado en Braga en 1509. Magallanes tenía cerca de diez
años cuando entró a servir como paje en la corte de la reina Leonor, consorte
de Juan II de Portugal. Se casó en Sevilla en 1517 con Beatriz Barbosa,
pariente suya, hija de Diogo Barbosa y María Caldeira, y tuvo dos hijos:
Rodrigo, que falleció muy niño, y Carlos que murió al nacer.
En marzo de 1505, con 25 años, se alistó en la Armada de la
India, en la flota de 22 navíos enviados para instalar a Francisco de Almeida
como primer Virrey de la India. Aunque su nombre no aparezca en las crónicas,
se sabe que permaneció allí ocho años y que estuvo en Goa, Cochin y Quíloa.
Participó en varias acciones militares, incluyendo la batalla naval de
Cannanore (frente a la actual ciudad portuaria de Kannur, Kerala) donde fue
herido, y en la decisiva batalla de Diu. En 1509 partió en la primera
expedición a Malaca comandada Diogo Lopes de Sequeira, junto con Francisco
Serrão, su amigo y posiblemente primo.2 Llegados a Malaca en septiembre, fueron
víctimas de una conspiración y la expedición terminó en fuga dejando atrás
diecinueve prisioneros. Magallanes tuvo un papel crucial avisando a Sequeira y
salvando a Serrão que había desembarcado, actos que le valieron honores y una
promoción.
Al servicio del nuevo gobernador, Afonso de Albuquerque,
participó junto con Serrão en la conquista de Malaca en 1511. Luego de la
conquista de la ciudad, los caminos de los amigos se separaron: Magallanes,
promovido, con un rico botín y en compañía de un esclavo adquirido en Sumatra,
Enrique de Malaca, regresó a Europa. Serrão partió en la primera expedión
enviada a las "Islas de la Especiería", las Molucas. Allí permaneció
y se casó con una mujer de Amboina, volviéndose consejero militar del sultán de
Ternate. Sus cartas a Magallanes serían decisivas, pues de ellas obtuvo
informaciones sobre la situación de los lugares productores de especias.
Mientras tanto Magallanes, después de participar en la batalla de Azamor (Marruecos),
ya de servicio en esa ciudad, fue acusado de comerciar ilegalmente con los
moros; al comprobarse varias de las acusaciones cesaron las ofertas de empleo a
partir del 15 de mayo de 1514. Posteriormente, en 1515, le ofrecieron formar
parte de la tripulación de un navío portugués, pero rechazó la oferta. De
regreso en Lisboa, se dedicó a estudiar las cartas más recientes, investigando
junto al cosmógrafo Rui Faleiro un pasaje hacia el Pacífico por el Atlántico
Sur y la posibilidad de que las Molucas estuviesen en la zona española definida
en el Tratado de Tordesillas.
En 1517 fue a Sevilla con Rui Faleiro, y encontró en Juan de
Aranda,el factor de la "Casa de Contratación" sevillana, un aliado
importante para el proyecto que había concebido: dar a España la posibilidad de
llegar a las Molucas por Occidente, atravesando mares no reservados a los
portugueses por el Tratado de Tordesillas y, además de eso, según Faleiro,
probar que las "Islas de la Especiería" se encontraban en el
hemisferio castellano. Con la influencia de Juan Rodríguez de Fonseca, obispo
de Burgos, consiguieron la aprobación del rey Carlos I. El 22 de marzo de 1518
Carlos I nombra capitanes a Magallanes y Faleiro para que partan a la búsqueda
de las Islas de la Especiería, y en julio los eleva al grado de comendadores de
la Orden de Santiago y les otorga un conjunto de privilegios:
el monopolio de la ruta
descubierta por el término de diez años;
el nombramiento como gobernadores
de las tierras e islas que encontrasen, con el cinco por ciento de las
ganancias netas que resultasen;
un vigésimo de las ganancias del
viaje;
el derecho a retener mil ducados
sobre los próximos viajes, pagando solo cinco por ciento sobre el excedente;
la concesión de una isla a cada
uno, excepto de las seis más ricas de las cuales no recibirían más que una
décimoquinta parte.
Comenzaron los lentos preparativos para el viaje, que
estuvieron plagados de incidentes: insuficiencia de fondos, maniobras del rey
de Portugal que procuraba hacerlos encarcelar, desconfianza de los castellanos
hacia Magallanes y los otros portugueses involucrados, sin olvidar el difícil
carácter de Faleiro.4 Por intermedio del obispo de Burgos, obtienen la
participación del mercader Cristóbal de Haro que suministra una parte de los
fondos y las mercaderías para trocar por especias. El cartógrafo portugués
Diogo Ribeiro, al servicio de la Casa de Contratación desde 1518, participó en
el desarrollo de los mapas utilizados en el viaje.
Después de romper con Faleiro, Magallanes continuó
aparejando las naves que habrían de partir de Sanlúcar de Barrameda. La
tripulación se componía de marinos de muy distintos orígenes, con un importante
número de portugueses y vascos. Entre los primeros, alrededor de cuarenta, se
contaban Álvaro de Mesquita, primo hermano de Magallanes, Duarte Barbosa, primo
de la esposa de Magallanes, João Serrão, primo o hermano de Francisco Serrão y
Estevão Gomes. Acompañaba también a Magallanes su esclavo Enrique de Malaca.5
Antonio Pigafetta, cronista y geógrafo de la República de
Venecia, que participó de la expedición a sus propias expensas, escribió un
diario completo del viaje, posibilitado por el hecho de haber sido uno de los
pocos viajeros en retornar vivo a Europa. De esa forma, legó a la posteridad un
raro e importante registro de donde se puede extraer mucho de lo que se sabe de
este episodio de la historia.
El 10 de agosto de 1519 se anunció en Sevilla la partida de
la escuadra de cinco naves, capitaneada por Fernando de Magallanes que,
descendiendo por el Guadalquivir, llegó hasta Sanlúcar de Barrameda, puerto que
da al océano Atlántico.6 Durante las siguientes semanas, se acabó de avituallar
la escuadra y se resolvieron otros asuntos, mientras el propio Magallanes
otorgó testamento en Sevilla el 24 de agosto.7
La expedición parte de Sevilla el 10 de agosto de 1519. Tras
una prolongada escala de avituallamiento, el 20 de septiembre la expedición
zarpó definitivamente de Sanlúcar de Barrameda (Cádiz), con la intención de
encontrar el paso marítimo hacia los territorios de las Indias Orientales y
buscar el camino que, recorriendo siempre mares castellanos (según el Tratado
de Tordesillas), llegase a las islas de las Especias, lo que era la llamada
ruta hacia el oeste, que ya había buscado Cristóbal Colón.
Después de recalar en las Canarias (26 septiembre de 1519),
pasaron frente a las islas de Cabo Verde y a las costas de Sierra Leona,
tocando las tierras de lo que hoy es Río de Janeiro el 13 de diciembre.
Siguieron hacia el sur, pasando por el Río de la Plata (ya descubierto por Juan
Díaz de Solís en 1516), en marzo de 1520, y llegaron a la bahía San Julián, que
exploraron en busca de un posible paso. Magallanes, en vista de la llegada del
invierno, decidió recalar allí hasta la primavera.
Lo inhóspito de aquellos parajes y el racionamiento de
víveres al que estaban sometidos fomentaron el descontento entre la tripulación
y el deseo de regresar. Se produjo una conspiración contra Magallanes dirigida
por Gaspar de Quesada, capitán de la Concepción, y el veedor Juan de Cartagena,
que había sido relevado del mando de la San Antonio. Pese a que la insurrección
prendió en tres de las naves, Magallanes logró sofocarla. Uno de los capitanes
amotinados fue asesinado y los restantes sometidos a juicio, en el que Quesada
fue condenado a muerte y Cartagena abandonado en la costa.
Pasado ese suceso llegan el 1 de noviembre de 1520 hasta el
que llamarían "Estrecho de todos los santos" (en honor a ese día), el
cual será llamado más tarde estrecho de Magallanes. Cruzarlo fue muy difícil,
dado lo complicado de las costas. Para encontrar el paso, una nave se
adelantaba en exploración buscando el mejor camino y volviendo sobre sus
propios pasos para hacerse seguir por el resto hasta la zona explorada. 28 de
Noviembre de 1520 alcanza el cabo deseado logrando alcanzar el pacifico. Una
vez terminadas estas minuciosas etapas consiguieron salir del «laberinto» hacia
el océano Pacífico, al que bautiza con tal nombre (que permanecería, haciendo
olvidar el anterior de Mar del Sur) debido a que en su camino no se cruza con
ninguna tempestad.
Durante el cruce del océano pacifico alcanzaron diferentes
isla. El 21 de enero de 1521 alcanza la isla de los tiburones y el 4 de febrero
la isla de san pablo.
La Expedición de Magallanes-Elcano estuvo plagada de contratiempos
y dificultades. La mala suerte de Magallanes quiso que en el largo derrotero de
tres meses entre el estrecho de Magallanes y las islas Molucas no descubriera
ningún punto de tierra firme, por lo que la hambruna y el escorbuto azotaron a
su tripulación, hasta el punto de que se pagaban cuantiosas monedas por una
simple rata para devorar. El agua se pudrió, apareció el escorbuto y los
hombres comían incluso cuero reblandecido y serrín.
Antonio Pigafetta relata:
"La galleta que comíamos ya no era más pan sino un polvo lleno de
gusanos que habían devorado toda su sustancia. Además, tenía un olor fétido
insoportable porque estaba impregnada de orina de ratas. El agua que bebíamos
era pútrida y hedionda. Por no morir de hambre, nos hemos visto obligados a
comer los trozos de cuero que cubrían el mástil mayor a fin de que las cuerdas
no se estropeen contra la madera... Muy a menudo, estábamos reducidos a
alimentarnos de aserrín; y las ratas, tan repugnantes para el hombre, se habían
vuelto un alimento tan buscado, que se pagaba hasta medio ducado por cada una
de ellas... Y no era todo. Nuestra más grande desgracia llegó cuando nos vimos
atacados por una especie de enfermedad que nos inflaba las mandíbulas hasta que
nuestros dientes quedaban escondidos...".
Antonio Pigafetta. Cronista de la
expedición
El 6 de marzo de 1521 encontró una isla en la que los
navegantes aprovecharon para descansar y recoger víveres. Pronto acudirían a
aquella isla numerosos indígenas con regalos para estos nuevos «visitantes». Esta Isla descubierta se denominó la Isla de
los Ladrones (Marianas) . Posteriormente descubre el archipiélago de las
Filipinas (llega a Samar el 16 de marzo, a Homonhom el 17, a Limasawa el 28, a Cebu el 7 de abril y a
Mactan el 27 de abril.
Consiguieron instalar un almacén en Borneo, donde entablaron
buenas relaciones con los indígenas. Sin medios y con una sola nave emprendió
el regreso por mares lusos, el camino más conocido, con tierras donde
aprovisionarse, e intentando esquivar puertos y flotas portuguesas.
Magallanes pereció en la llamada Batalla de Mactán con una
tribu cebuana encabezada por el jefe tribal Lapu-Lapu, en la isla filipina de
Mactán.
Tras la muerte de Magallanes en Filipinas, en 1521, fue
elegido jefe de la expedición Gonzalo Gómez de Espinosa y al frente de la nave
Victoria, se puso de capitán Juan Sebastián Elcano. Tras arribar a las islas
Molucas (el 8 de noviembre se llegó a Tidore, el 29 de diciembre a ambom) se
puso rumbo a Timor a donde se arribó el 25 de enero de 1522 y se
emprendió el regreso a España.
El 19 de mayo de 1522 se alcanzaba el cabo de buena
esperanza, el 9 de julio Cabo Verde.
Elcano completó la primera circunnavegación del globo,
consiguiendo llevar a término la expedición y llegar al puerto de partida,
Sanlúcar de Barrameda, el 6 de septiembre de 1522 en la nao Victoria, junto con
otros 17 supervivientes, lo que suponía el logro de una imponente hazaña para
la época. Finalmente, el 8 de septiembre, fue descargada en Sevilla la única
nave que había logrado regresar con vida.
Francisco Hernández de Córdoba (Explorador de yucatan)
(¿1475? + Sancti Spíritus, Cuba 1517) fue un conquistador
español, que ha pasado a la historia por la accidentada expedición que dirigió
entre febrero y mayo de 1517, durante la cual exploró, para el Imperio español,
la Península de Yucatán. Hay que indicar que el no fue el primero en descubrir
estas tierras pero si fue el principal explorador de ellas, fruto de esta
exploración descubrió Campeche.
Francisco Hernández de Córdoba era uno de los encomenderos
más ricos asentados en la isla de Cuba a raíz de su conquista en 1511. Fue
nombrado por el Gobernador de la isla, Diego Velázquez de Cuéllar, jefe de la
expedición que debía explorar los mares al occidente de Cuba y sus posibles
islas o costas continentales.
Partió de Cuba en febrero de 1517 y halló la costa de lo que
hoy es la península de Yucatán. Saliendo del puerto de Ajaruco, en la banda
norte de la provincia de La Habana, según Díaz del Castillo, o de Santiago
según algunos autores modernos,1 la flota fue sorprendida por una tormenta que
la llevó a tierra. Observaron cómo se acercaban los pobladores del lugar, con
cara alegre y muestras de paz. Cuando los españoles preguntaron con señas por
el nombre del lugar, los mayas respondieron "in ca wotoch", que
quiere decir esta es mi casa. Por esta causa le pusieron a esa tierra Punta de
Catoche, hoy Cabo Catoche.
Durante su desarrollo, los españoles tuvieron por primera
vez constancia de la presencia en América de culturas avanzadas (los mayas),
con casas de cal y canto y organización social de complejidad más próxima a la
del Viejo Mundo, y se tuvo también esperanza de existencia de oro.
Halló muchos poblados habitados y entabló en ellos contactos
puntuales, pero generalmente hostiles, al punto que resultó para los españoles
muy difícil el acopio de agua, por los ataques de que eran objeto. En uno de
ellos, en el lugar que llamaron Champotón, el ataque fue mucho más fiero de lo
normal y causó muchos muertos a los expedicionarios, siendo casi todos,
incluido Hernández de Córdoba, heridos por arma arrojadiza: flechas y azagayas.
El piloto Antón de Alaminos decidió levar anclas y dirigir
sus barcos a Florida, lugar que conocía por haber participado en la expedición
de Juan Ponce de León en 1512. Allí recalaron lo justo para recoger víveres y
agua y regresar a Cuba.
Pero Hernández no vivió la continuidad de su obra: murió en
aquel mismo año de 1517, apenas dos semanas después de regresar de su
desgraciada expedición, como resultado de las heridas y la sed sufridas durante
el viaje, y decepcionado al saber que Diego Velázquez había preferido a Juan de
Grijalva como capitán de la siguiente expedición a Yucatán.
Las noticias de la expedición alentaron a Velázquez, que
presumió la presencia de oro en poblaciones como las descubiertas y organizó
otras dos expediciones, al mando primero de Juan de Grijalva, en 1518, y luego
de Hernán Cortés, en 1519, que finalmente terminó de explorar y poblar
Mesoamérica durante la Conquista de México.
Este artículo se centra en la expedición del descubrimiento
de Yucatán, que es por otro lado lo único que puede incluir una biografía de
Hernández de Córdoba, dado que de su vida anterior sólo se sabe que residía en
Cuba en 1517, por lo que seguramente habría participado en su conquista, y que
era un hacendado rico que tenía un poblado de indios, así como amistades con
suficiente capacidad económica como para ayudarle a financiar la expedición que
le daría a la vez la inmortalidad y la muerte.
El ocho de febrero de 1517 salieron del puerto de Ajaruco,
en La Habana, o quizás en esa fecha o algo antes de Santiago, dos navíos y un
bergantín, tripulados por más de 100 personas. El capitán de la expedición era
Francisco Hernández de Córdoba, y el piloto Antón de Alaminos, de Palos.
Camacho de Triana y Joan Álvarez, “el manquillo”, de Huelva, eran los pilotos
de los otros dos navíos.
Hasta el 20 de febrero costearon la isla Fernandina (Cuba).
Alcanzada la punta de San Antón, salieron a mar abierto.
Siguieron dos días con sus noches de fuerte tormenta, según
Bernal, tan fuerte como para poner en peligro los barcos, y en todo caso
suficiente como para consolidar la duda sobre el objetivo de la expedición,
porque tras la tormenta podría sospecharse que las naves estaban perdidas.
Luego tuvieron veintiún días de bonanza, tras los cuales
vieron tierra y, muy próxima a la costa y visible desde los barcos, la primera
población de gran tamaño avistada en América, con las primeras casas de cal y
canto. Los españoles, que evocaban lo musulmán en todo lo que, siendo
desarrollado, no fuera cristiano, llamaron a esta primera ciudad descubierta en
América El gran Cairo, como luego llamarían mezquitas a las pirámides, y en
general a cualquier centro religioso.
Es razonable designar a este momento como el descubrimiento
de Yucatán —incluso "de México", si se entiende México en su sentido
y con sus fronteras modernas—, pero debe recordarse que los expedicionarios de
Hernández no eran los primeros españoles que pisaban Yucatán. En 1511 un barco
de la flota de Diego de Nicuesa, que regresaba a La Española, naufragó cerca de
las costas de Yucatán, y algunos de sus ocupantes consiguieron salvarse. En el
momento en que los soldados de Hernández avistaron y nombraron a El gran Cairo,
dos de esos náufragos, Jerónimo de Aguilar y Gonzalo Guerrero, vivían en la
zona de Campeche, hablaban el dialecto maya de la zona, y el segundo incluso,
parece que gobernaba una comunidad indígena. Eso no quita el mérito del
descubrimiento a Hernández: al descubrimiento suele exigírsele que el hallazgo
sea un acto voluntario, no un naufragio, y se le requiere también cierta
prestancia y superioridad; los náufragos de Nicuesa que no fueron muertos por
los nativos, acabaron, como era de esperarse, sometidos por ellos.
Ahora bien, se ha establecido la hipótesis en el sentido de
que la península de Yucatán ya había sido descubierta previamente a la
expedición de Francisco Hernández de Córdoba. No sólo está el hecho de la
presencia de españoles en la península de Yucatán que se demostró cuando Hernán
Cortés la visitó durante su expedición de conquista, sino que algunos autores
como Michel Antochiw Kolpa, historiador y cartógrafo, en su reciente obra
laureada Historia Cartográfica de la Península de Yucatán señala y sustenta
cartográficamente:
"....Existe (entonces) la
posibilidad de que Yucatán haya sido visitado por lo menos dos veces antes de
su "descubrimiento", ambas por navegantes portugueses, la primera vez
desde el norte, la segunda desde el sur..."
La propia enciclopedia Yucatán en el tiempo, en el artículo
correspondiente a "Historiadores de Yucatán" dice:
"...todavía persisten dudas
sobra la fecha real y la identidad del autor del descubrimiento (de Yucatán),
ya que el mapa más antiguo en que aparece Yucatán data de 1513, cuatro años
antes del viaje de Hernández de Córdoba...
En todo caso, aunque no fuera el primer en descubrir
Yucatán, Cordoba fue el que exploró y estudió estas tierras.
Los navegantes adelantaron los dos barcos de menor calado,
para saber si podían fondearlos con seguridad junto a tierra. Bernal data el 4
de marzo de 1517 el primer encuentro con indios de Yucatán, que acudieron a
esos barcos en diez canoas grandes, tanto a remo como a vela. Entendiéndose por
señas, los indios —los primeros intérpretes, Julián y Melchor, los habría de
obtener precisamente esta expedición— siempre con alegre cara y muestras de paz
comunicaron a los españoles que al día siguiente acudirían más piraguas, para
llevar a los recién llegados a tierra.
Este momento en que los indios subieron a las naves
españolas y aceptaron las sartas de cuentas verdes y demás baratijas preparadas
al efecto fue uno de los pocos contactos pacíficos que tuvo el grupo de
Hernández con los indios, e incluso en este las muestras de paz eran fingidas.
Precisamente durante estos contactos del 4 de marzo podrían haber nacido dos
topónimos, Yucatán y Catoche, cuya historia sorprendente y divertida —acaso
demasiado para ser del todo cierta— se cita a menudo: sea historia o leyenda,
ésta quiere que los españoles hayan preguntado a los indios por el nombre de la
tierra que acababan de descubrir, y que al escuchar su respuesta, bastante
predecible: "no entiendo lo que dices"... "ésas son nuestras
casas"... pusieran a la tierra por nombre justo lo que escuchaban:
Yucatán, que querría decir "no te entiendo", para la
"Provincia”" completa (o isla, según creían ellos), y Catoche, que
significaría "nuestras casas", a la población donde desembarcaron y
al cabo.
Fray Diego de Landa dedica el segundo capítulo de su
Relación de las cosas de Yucatán a la Etimología del nombre de esta Provincia.
Situación de ella y en él nos confirma el caso del cabo Catoche, que procedería
efectivamente de cotoch, “nuestras casas, nuestra patria”, pero no parece en
cambio que confirme lo de que Yucatán signifique "no entiendo".
Finalmente, Bernal Díaz del Castillo también se ocupa del
asunto. Confirma la etimología de Catoche como "nuestras casas", pero
aporta para Yucatán una explicación todavía más sorprendente que la de "no
te entiendo". Según ella, los dos indios capturados en la batalla de
Catoche, Julianillo y Melchorejo, en sus primeras conversaciones con los
españoles en Cuba, y estando presente Diego Velázquez, habrían hablado del pan.
Los españoles explicando que su pan estaba hecho de "yuca", los
indios mayas aclarando que al suyo le decían "tlati", y de la
repetición de "yuca" (voz caribe, no maya) y "tlati"
durante esta conversación, los españoles habrían deducido falsamente que les
estaban intentando enseñar el nombre de su tierra: Yuca-tán.
Es probable que el primer narrador de la historia del
"no te entiendo" fuera Fray Toribio de Benavente, Motolinía, que al
final del capítulo 8 del tratado tercero de su Historia de los indios de la
Nueva España dice: "porque hablando con aquellos Indios de aquella costa,
a lo que los Españoles preguntaban los Indios respondían: «Tectetán, Tectetán»,
que quiere decir: «No te entiendo, no te entiendo»: los cristianos corrompieron
el vocablo, y no entendiendo lo que los Indios decían, dijeron: «Yucatán se
llama esta tierra»; y lo mismo fue en un cabo que allí hace la tierra, al cual
también llamaron cabo de Cotoch; y Cotoch en aquella lengua quiere decir casa.
Al día siguiente, según lo prometido, los indios volvieron
con más piraguas para trasladar a los españoles a tierra. Éstos contemplaron
bastante alarmados cómo la costa se llenaba de nativos, presintiendo que el
desembarco podía ser peligroso. No obstante, bajaron a tierra como lo
solicitaba su hasta ahora amable anfitrión, el cacique de El gran Cairo, aunque
por precaución usaron sus propios bateles en lugar de aceptar ser llevados por
los indios en canoas, y por supuesto salieron armados, procurando sobre todo
llevar ballestas y escopetas ("quince ballestas y diez escopetas", si
creemos en la increíble memoria de Bernal Díaz del Castillo).
Los temores de los españoles se confirmaron inmediatamente.
El cacique les tenía preparada una emboscada en cuanto pisaran tierra. Multitud
de indios los atacaron, armados con lanzas, rodelas, hondas (hondas dice
Bernal; Diego de Landa niega que los indios de Yucatán conocieran la honda;
sostiene que lanzaban las piedras con la mano derecha, utilizando la izquierda
para apuntar; pero la honda era conocida en otros puntos de Mesoamérica, y el
testimonio de los que recibían las pedradas merece sin duda más crédito),
flechas lanzadas con arco, y armaduras de algodón. Sólo la sorpresa producida
en los indios por las cortantes espadas, las ballestas y las armas de fuego
pudo ponerlos en fuga, consiguiendo los españoles volver a embarcar, no sin
sufrir los primeros heridos de la expedición.
Durante esta batalla de Catoche ocurrieron dos hechos que
tendrían gran influencia futura: uno fue el haber hecho prisioneros a dos
indios, a los que una vez bautizados se les llamó Julián y Melchor, o más
frecuentemente Julianillo y Melchorejo: habrían de ser los primeros intérpretes
de los españoles en tierra maya, en la expedición de Grijalva. Otro fue la
curiosidad y valor del clérigo González, capellán del grupo, que habiendo
saltado a tierra con los soldados, se entretuvo en explorar —y desvalijar— una
pirámide y unos adoratorios, mientras sus compañeros intentaban salvar la vida.
El clérigo González vio por primera vez los ídolos, y recogió piezas "de
medio oro, y lo más cobre", que de todos modos serían suficientes para
excitar la codicia de los españoles de Cuba, al regreso de la expedición.
Al menos dos soldados murieron como resultado de las heridas
de esa batalla.
De vuelta en los navíos, Antón de Alaminos impuso una
navegación lenta y vigilante, moviéndose sólo de día, porque estaba empeñado en
que Yucatán era una isla. Además, empezó la mayor penalidad de los viajeros, la
falta de agua de boca a bordo. Los depósitos de agua, pipas y vasijas, no eran
de la calidad requerida para largas travesías; perdían agua y no la conservaban
bien, exigiendo frecuentes desembarcos para renovar el imprescindible líquido.
Cuando fueron a tierra para llenar las pipas, cerca de un
pueblo al que llamaron Lázaro (En lengua de indios se llama Campeche, nos
aclara Bernal), los indios se les acercaron una vez más con apariencia
pacífica, y les repitieron una palabra que debería haberles resultado
enigmática: "Castilian". Luego se atribuyó la palabra a la presencia
en las proximidades de Jerónimo de Aguilar y de Gonzalo Guerrero, los náufragos
de Nicuesa. Los españoles encontraron un pozo "de cal y canto"
utilizado por los indios para abastecerse de agua dulce, y pudieron llenar sus
pipas y vasijas. Los indios, otra vez con aspecto y maneras amigables, los
llevaron a su poblado, donde una vez más pudieron ver construcciones sólidas y
muchos ídolos (Bernal alude a los "bultos de serpientes" en las
paredes, tan característicos de Mesoamérica). Conocieron además a los primeros
sacerdotes, con su túnica blanca y su larga cabellera impregnada de sangre
humana. Estos sacerdotes les hicieron ver que las muestras de amistad no
continuarían: convocaron a gran cantidad de guerreros y mandaron quemar unos
carrizos secos, indicando a los españoles que si no se marchaban antes de que
se extinguiera el fuego, los atacarían. Los hombres de Hernández decidieron
retirarse a los barcos, con sus pipas y aljibes de agua, y consiguieron hacerlo
antes de que los indios los atacaran, saliendo bien librados del descubrimiento
de Campeche.
Pudieron navegar unos seis días de buen tiempo y otros
cuatro de temporal, que a punto estuvo de hacerlos naufragar. Pasado ese
tiempo, el agua dulce se les volvió a agotar por culpa del mal estado de los
depósitos. Estando ya en situación extrema, se detuvieron a recoger agua en un
lugar que Bernal a veces llama Potonchán y a veces por su nombre actual de
Champotón, donde discurre el río del mismo nombre. En cuanto habían henchido
las pipas, se vieron rodeados de muchos escuadrones de indios. Pasaron la noche
en tierra, con grandes precauciones y guardados por "velas y
escuchas".
Esta vez los españoles decidieron que no debían escapar,
como en Lázaro-Campeche: necesitaban agua, y la retirada parecía más peligrosa
que el ataque si los indios la estorbaban. Así que decidieron luchar, con
resultado muy adverso: nada más empezar la batalla ya habla Bernal de ochenta
españoles heridos. Recordando que los originalmente embarcados eran un centenar
de personas, no todos soldados, eso da idea de que estuvieron muy cerca de
terminar en ese momento la expedición. Pronto descubrieron que los escuadrones
de indios se multiplicaban con nuevos refuerzos, y que si bien espadas,
ballestas y arcabuces los asustaban al principio, conseguían superar la
sorpresa procurando asaetear a distancia a los españoles, para mantenerse alejados
de sus espadas. Al grito de "Calachumi", que los conquistadores
pronto supieron traducir como "al jefe", los indios se ensañaron
especialmente con Hernández de Córdoba, que llegó a recibir diez flechazos.
También aprendieron los españoles el empeño de sus oponentes por capturar
personas vivas: dos fueron hechas prisioneras y seguramente sacrificadas
después; de una sabemos que se llamaba Alonso Boto, y a la otra Bernal sólo es
capaz de recordarla como "un portugués viejo"
Llegó un momento en que sólo quedaba un soldado ileso, el
capitán debía estar prácticamente inconsciente, y la agresividad de los indios
se multiplicaba. Decidieron entonces como último recurso romper el cerco de los
indios en dirección a los bateles, y volver a abordarlos —sin poder ocuparse de
sus pipas de agua— para ganar los barcos. Afortunadamente para ellos, los
indios no se habían preocupado de retirar o inutilizar las barcas, como habrían
podido hacer. Se ensañaron, en cambio, en el ataque con flechas, piedras y
lanzas a los bateles en fuga, que se desequilibraron por el peso y movimiento,
y acabaron dando al través o volcando. Los supervivientes de Hernández tuvieron
que desplazarse asidos a las bordas de las lanchas, medio nadando, pero al
final fueron recogidos por el barco de menor calado, y puestos a salvo.
Los supervivientes, al pasar lista, tuvieron que lamentar la
falta de cincuenta compañeros, incluyendo los dos que se llevaron vivos. El
resto estaban muy malheridos, con excepción de un soldado llamado Berrio, que
resultó sorprendentemente ileso. Cinco murieron en los días siguientes, siendo
arrojados al mar sus cadáveres.
Los españoles llamaron al sitio "costa de la mala
pelea", y así figuró en los mapas durante algún tiempo.
Los expedicionarios habían vuelto a las naves sin el agua
dulce que obligó al desembarco. Además, veían mermada su tripulación en más de
cincuenta hombres, muchos de ellos marineros, lo que unido a la gran cantidad
de heridos graves les impedía maniobrar los tres barcos. Se deshicieron del de
menor calado quemándolo en alta mar, después de haber repartido en los otros
dos sus velas, anclas y cables.
La sed comenzó a ser intolerable. Bernal habla de que se les
agrietaban lenguas y gargantas, y de soldados que fallecieron porque la
desesperación los llevó a ingerir agua de mar. Otro desembarco de quince
hombres, en un lugar al que llamaron Estero de los lagartos sólo obtuvo agua
salobre, que aumentó la desesperación de los tripulantes.
Los pilotos Alaminos, Camacho y Álvarez decidieron, a
iniciativa de Alaminos, navegar a Florida en lugar de hacerlo directamente a
Cuba. El piloto mayor Alaminos recordaba su exploración de La Florida con Juan
Ponce de León, y creía saber que esa era la ruta más segura, aunque nada más
llegar a Florida advirtió a sus compañeros de la belicosidad de los indios
locales. Efectivamente, las veinte personas —entre ellas Bernal y el piloto
Alaminos— que desembarcaron en busca de agua fueron atacadas por nativos,
aunque esta vez lograron sobreponerse a ellos, no sin que Bernal recibiera su
tercera herida del viaje, y Alaminos un flechazo en la garganta. Desapareció
también uno de los vigías que se habían puesto en torno a la tropa, Berrio,
precisamente el único soldado que había resultado ileso en Champotón. Pero
pudieron regresar al barco, y por fin llevaban agua dulce que alivió el
sufrimiento de los que habían permanecido en el barco, aunque uno de ellos,
siempre según Bernal, bebió tanta que se hinchó y murió a los pocos días.
Ya con agua, se dirigieron a La Habana con los dos navíos
restantes, y no sin dificultades —los barcos estaban deteriorados y ya hacían
agua, y algunos marineros levantiscos se negaban a accionar las bombas—
pudieron desembarcar en el puerto de Carenas (La Habana), dando por terminado
el viaje.
En algún momento entre 1517 y 1518, los españoles dejaron
abandonada en la isla de Términos (actualmente isla del Carmen) a una perra de
caza, la lebrela de Términos, que luego recuperaría la expedición de Cortés.
Bernal Díaz del Castillo refiere que fue Grijalva el que perdió la perra, pero
Cortés atribuye el anecdótico suceso a Hernández. Si fuera así, como supone el
moderno biógrafo de Cortés Juan Miralles, debería revisarse la ruta de vuelta
de su expedición, que no iría de Champotón a Florida directamente, sino recalando
en la isla del Carmen, algo más al sur.
El descubrimiento de las construcciones arquitectonicas y de
la joyas de oro de El Gran Cairo (Yucatan), en marzo de 1517, fue sin duda un
momento crucial en la consideración de las Indias por los españoles: hasta
entonces, nada se había asemejado a las historias de Marco Polo, o a las
promesas de Colón, que adivinaba Catay —y hasta el Jardín del Paraíso— tras
cada cabo y en cada río. Lejos todavía los encuentros con las culturas azteca e
inca, El Gran Cairo era lo más parecido a ese sueño que los conquistadores
habían contemplado hasta entonces. De hecho, cuando llegaron noticias a Cuba,
los españoles reavivaron su imaginación, creando otra vez fantasías sobre el
origen de los pueblos descubiertos, que remitían a "los gentiles" o a
"los judíos desterrados de Jerusalén por Tito y Vespasiano".
De la importancia que se dio a las noticias, objetos y
personas que Hernández llevó a Cuba da idea la rapidez con la que se preparó la
siguiente expedición que Diego Velázquez encargó a Juan de Grijalva, pariente
suyo y persona de su confianza. Las noticias de que en esa isla de Yucatán
había oro, confirmadas además con entusiasmo por Julianillo, el indio
prisionero desde la batalla de Catoche, cebaron el proceso que concluiría con
la Conquista de México por la tercera flota enviada, la de Hernán Cortés.
Rodrigo de Bastidas (Descubridor costas colombia-panama)
(Sevilla, 1445-Santiago de Cuba, 1527) Adelantado,
conquistador español, descubridor del litoral atlántico colombiano, Panamá y el
río Magdalena y fundador del puerto de Cartagena y de Santa Marta.
Fue un navegante andaluz, afincado en Triana, en Sevilla.
Participó en el Segundo Viaje de Colón a las Indias en 1493 y en 1501 recorrió
Panamá y gran parte del territorio colombiano.
El 5 de junio del año 1500, a Bastidas se le
concedió licencia para descubrir islas o tierras que no fueron visitadas por
Colón u otros navegantes, así como tierras no pertenecientes a Portugal, desde
las costas del Cabo de la Vela en Coquibacoa.
En 1501 zarpó del puerto de Cádiz en dos naves: San Antón y
Santa María de Gracia, más un bergantín y un chinchorro. En este viaje lo
acompañaban Juan De La Cosa y Vasco Núñez de Balboa.
Descubrió las costas de Colombia y las bahías de Santa
Marta, Cartagena y Cispatá, llegó a las costas panameñas (en la actual comarca
de Guna Yala) después de haber recorrido el litoral venezolano y descubierto el
río Magdalena y el golfo de Urabá, continuó con su tarea exploradora y descubrió
el istmo de Panamá, recorrió los puertos de Retrete y Nombre de Dios, entonces
mandó hacer un puerto que bautizó en su honor como El Escribano. Sin embargo,
al tener las naves en muy mal estado, debe regresar a la isla La Española
(actual Santo Domingo), en donde estaba la principal base de operaciones de los
viajeros españoles.
Al llegar a las costas de La Española, una de sus naves
naufragó, pero logró salvar parte de su carga (que se trataba en mayor parte de
oro). En esta isla fue acusado de negociación ilegal con los indígenas. Después
de ser procesado en 1502 por Francisco de Bobadilla (que también procesó a
Colón) fue declarado inocente de los cargos y una vez pagados los derechos a la
Corona, los Reyes Católicos le otorgaron el cobro de una renta anual sobre la
producción de la provincia de Urabá y Zenú.
En 1525 de regreso a América, fundó la ciudad de Santa Marta
(actual capital del departamento colombiano de Magdalena) entre el cabo de la
Vela y el río Magdalena, una de las primeras ciudades continentales de América
que aún existe. Juan Villafuerte, su propio lugarteniente, dirigió una
conspiración contra Bastidas que casi le cuesta la vida. Herido en el atentado,
intentó volver a La Española. El 28 de julio de 1527, al anclar en Santiago de
Cuba, falleció. Sus restos reposaron en Santo Domingo hasta que a mediados del
siglo XX fueron trasladados a Santa Marta por petición del gobierno local y
reposan actualmente en la catedral de la ciudad.
Pedro Alonso Niño (Descubridor isla margarita)
(¿1468?- 1502), navegante y descubridor nacido en Moguer
(España). Era el segundo hermano de los "Niño" que participaron
activamente en el Descubrimiento de América. Fue como piloto mayor en la nao
capitana Santa María en el primer viaje descubridor. También acompañó a
Cristobal Colón y demás miembros de su familia, en el segundo viaje colombino.
Pedro Alonso también descubrió, en un viaje posterior a Paria, la Isla
Margarita y la Punta de Araya, en las Antillas Menores.
Pedro Alonso Niño o Peralonso Niño, fue el segundo hijo de
Alfón Pérez Niño, nació en Moguer, sobre el año 1468. La familia
"Niño" constituía una estirpe de marinos avezados y curtidos en
travesías por el Atlántico y el Mediterráneo. Fue creciendo en el ambiente
marinero de su familia, formándose como marino hasta adquirir amplia
experiencia.1 Fue apodado como “El negro”, por su relación con el comercio de
esclavos africanos.
Estuvo casado dos veces, con Juana Muñiz, de cuya unión
nacieron Juan Niño, Isabel Quintero y Leonor Fernández, y con Leonor de Boria,
con quien procreo a Francisco Niño. Alice Gould se inclina, sin embargo, por un
solo matrimonio, argumentando las duplicidades o coincidencias en los nombres.
Tuvo una participación fundamental en los preparativos y
desarrollo del viaje descubridor. Los Niño, una vez superados los primeras
reticencias al proyecto de Colón, se convirtieron en férreos defensores del
viaje, y pusieron todo su empeño en llevar a cabo la empresa Colombina.
Convencieron a la marineria moguereña, y resto de marinos que habitualmente
navegaban con ellos, para que se alistaran en el viaje colombino. Junto a sus
hermanos, organizarón los preparativos de la carabela de su familia “La Niña”,
en julio de 1492, en el Puerto de la Ribera.1 2
En el primer viaje colombino, cuya partida se produjo el 3
de agosto de 1492, Pedro Alonso fue piloto mayor de la Santa María de la
expedición descubridora.2 1 El 12 de octubre de 1492 se culmina el viaje con el
descubrimiento del nuevo mundo. Tras el encallamiento de la carabela Santa
María, el 25 de diciembre de 1492, “La Niña “se convirtió en la nave capitana.
Al mando de La Niña regresa Cristóbal Colón, y Pedro Alonso Niño como piloto mayor.1
En 1493 participó en el segundo viaje colombino, como piloto
mayor de la nave capitana. Regresaron rápidamente a la península, ya que estaba
en Cádiz el 7 de marzo de 1494. Por este viaje recibió diecisiete mil
maravedís.
Entre el 4-9 de abril de 1494, se encontraba en la Corte de
Medina del Campo, y en julio en Sevilla, de donde partió de nuevo hacia las
indias en octubre. En abril de 1495 estaba de regreso en Sevilla. El 16-17 de
junio de 1496, zarpo de nuevo, como piloto mayor, en la nao “Santa María de
Guía”, propiedad de García Álvarez de Moguer, junto a las carabelas “Lázaro” y
“Catalina”. Tras una corta estancia en Indias, regresaron a Cádiz, el 2 de
diciembre de 1496, volviendo como capitán y piloto mayor de la flota.2
Aunque estaba alistado para hacer el tercer viaje colombino,
al final no pudo realizarlo. Según parece en esa fecha se encontraba en la
corte, enseñando a cartear al príncipe Don Juan, el malogrado hijo varón de los
monarcas Fernando e Isabel. Durante su estancia en la corte, gestionó una
capitulación que le permitiera viajar a las costas de Paria.1
Pedro Alonso Niño planteó realizar una expedición3
particular a las tierras recién descubiertas, en la Costa de las Perlas
(Paria), la cual había dejado deslumbrados a los exploradores de los primeros
viajes colombinos. Para ello buscó la financiación de Luis Guerra, el
bizcochero de Triana, rico comerciante al que impuso que su hermano Cristóbal
Niño fuera el capitán de la expedición, quedando Pedro Alonso Niño de piloto
mayor de la nave, una carabela con 33 hombres.2
La marinería estaba compuesta por gentes de la confianza de
Pedro Alonso como, Alonso García, Juan Barrero, que habían estado ya en el
lugar y, por lo tanto, estaban familiarizados con lo que se iban a encontrar.
Bartolomé de las Casas relata la gesta de Alonso de esta
forma:
Uno de los primeros que a par cuasi de Hojeda vinieron a descubrir,
fueron un Peralonso Niño y un Cristóbal Guerra, vecinos, el Guerra, de Sevilla,
y el Peralonso creo que era del Condado. Este Peralonso Niño vino cierto con el
Almirante al descubrimiento de Paria, y debióse de tornar a Castilla en los
cinco navíos, y esto está probado con testigos contestes, y yo he visto sus
dichos en el susodicho proceso, y uno que dijo que no había ido en aquel viaje
a Peralonso Niño con el Almirante, yo sé que contra el Almirante, por derecho
del juicio, podía ser repelido, así que Peralonso Niño habida licencia del rey
o del obispo para descubrir, con instrucción y mandado que no surgiese con su
navío ni saltase en tierra con 50 leguas de la tierra que había descubierto el
Almirante. Como no tuviese tantos dineros como habría menester o quizá
ningunos, tractó con Luis Guerra, vecino de Sevilla, que tenía hacienda, que le
armase un navío; el Luis Guerra se ofreció a hacello y, entre otras
condiciones, fue un tanto que su hermano Cristóbal Guerra fuese por capitán de
él. Partió, pues, Peralonso Niño por piloto y Cristóbal Guerra por capitán.
Bartolomé de las Casas
En junio de 1499, una vez realizados todos los preparativos
y cargada la nave con las mercancías a intercambiar, salió de la barra de
Saltes del puerto de Palos. Siguieron la ruta de Ojeda y llegaron a Paria por
el sur. De allí van a la Isla Margarita donde realizan el intercambio de
mercancías, consiguiendo una enorme cantidad de perlas, en palabras de Pedro
Mártir de Anglería cargaron perlas como si fuera paja. Llegan a Cumaná y siguen
consiguiendo perlas. Estos intercambios se hacían por mercancías que, para los
españoles, tenían poco valor, al igual que para los indios las perlas, dicen
los indios quedaron muy contentos, pensando que iban engañados los cristianos,
que adquirieron entonces en sus rescates más de 150 marcos de perlas.4
En esta expedición se descubrió la punta de Araya con sus
importantes salinas. Estas salinas permitieron la obtención, desde tiempos
tempranos de la conquista, de sal en el Caribe, lo cual facilitó la navegación
y las acciones realizadas en esas tierras al poder disponer de ese importante
conservaste insitu.2
La vuelta fue a mediados de 1500 y entraron en el puerto de
Bayona la Real en Pontevedra (Galicia). En Bayona vendieron 96 marcos de plata
y, al parecer quedan con otros tantos. Al no declarar las ganancias y por
consiguiente no pagar a los reyes el quinto real, Alonso fue detenido y
juzgado, saliendo absuelto y volviendo a Moguer en agosto de 1501. Permaneció
en Moguer hasta febrero de 1502, afectado por los acontecimientos y con el
favor real perdido, a pesar de haber sido declarado inocente, y seguir siendo
uno de los mejores navegantes de su tiempo.
El viaje de Pedro Alonso Niño a la Costa de las Perlas
supuso, aparte de los rescates, un gran avance en los descubrimientos
geográficos, pués fue el navegante que más se aproximó a la línea equinoccial.
El último viaje que realizó, lo hizo en la flota de Ovando,
en cuyo rol lo encontramos como piloto de resguardo, y no como piloto mayor,
cargo para el que fue elegido al parecer por el propio Fonseca. La armada de
Ovando, formada por treinta y dos barcos, zarpó el 3 de febrero de 1502. No
sabemos dónde iba Pedro Alonso Niño, pero por su experiencia técnica y el haber
sido nombrado piloto de resguardo, es probable que fuera en la capitana “Santa
María del Antigua”. En Canarias la flota se dividió en dos.
A principios de julio, cuando Antonio de Torres regresaba en
dicha nao, donde sí iba en esta ocasión Pedro Alonso Niño, un huracán a la
altura de Santo Domingo destruyó la flota, no dejando rastro de la misma. Fue
sin duda un gran desastre, pues en ella pereció, además de Torres, el
comendador Francisco de Bobadilla y Pedro Alonso Niño.
Su desaparición supuso un duro golpe para la navegación y,
sobre todo, para su familia, su viuda y sus hijos. La estela de este intrépido
y experimentado navegante, fiel a sus raíces, la siguió primero su hijo
Francisco, y el hijo de este llamado también Pedro Alonso Niño, quien acabaría
por instalarse, después de hacer la conquista y poblamiento de la provincia de
Santa Marta, en la actual Colombia, donde se casó y procreó hijos legítimos y
naturales, fruto estos últimos de la unión extramarital con una indígena. Esta
circunstancia aceleró un proceso de aculturación que con el tiempo se
convertiría en la seña de identidad del pueblo americano. En la ciudad de
Tunja, el apellido Niño arraigó y ha permanecido inalterable durante siglos
(Carradine, 1994, 2009). Algunos de sus descendientes actuales mantienen el
apellido.
Juan de la Cosa (Cartografo del mapa mundi mas antiguo con el continente americano)
(Santoña, entre 1450 y 1460-Turbaco, Colombia, 28 de febrero
de 1510)1 fue un navegante y cartógrafo español conocido por haber participado
en siete de los primeros viajes a América y por haber dibujado el mapa más
antiguo conservado en el que aparece el continente americano. Verdaderamente es el primer mapa mundi ya que ningún otro contenía el continente americano. Se puede decir que era un científico de la cartografía de su tiempo.
De la Cosa tuvo un papel destacado en el primer y el segundo
viaje de Cristóbal Colón a las Antillas y en 1499 participó como piloto mayor
en la expedición de Alonso de Ojeda a las costas del continente sudamericano. A
su regreso a Andalucía dibujó su famoso mapamundi y poco después volvió a
embarcarse hacia las Indias, esta vez con Rodrigo de Bastidas. En los años
siguientes alternó viajes a América bajo su propio mando con encargos
especiales de la Corona, incluyendo una misión como espía en Lisboa y la
participación en la Junta de pilotos de Burgos de 1508. En 1509 emprendió la
que sería su última expedición, de nuevo junto a Ojeda, para tomar posesión de
las costas de la actual Colombia. La Cosa murió en un enfrentamiento armado con
indígenas antes de poder llegar a ejercer su cargo de alguacil mayor de Urabá.
La Cosa elaboró para los Reyes Católicos o alguien de su
corte un mapamundi que es el mapa más antiguo conservado en el que aparece el
continente americano. Está pintado sobre dos pieles de pergamino unidas en
forma de rectángulo irregular de 96
cm de ancho y 183 cm de largo. En el extremo occidental del
mapa aparece una efigie de San Cristóbal, probable alusión a Colón, situado a
poniente de las Antillas sobre una inscripción que dice: «Juan de la cosa la
fizo en el puerto de S: mã en año de 1500».
Dicho mapa refleja los resultados de los descubrimientos
realizados en América durante el siglo XV; con información procedente de los
viajes realizados por Colón (viajes de 1492, 1493 y 1498), Alonso de Ojeda,
Vicente Yáñez Pinzón, Juan Caboto, Pedro Álvares Cabral y diversos exploradores
portugueses que recorrieron África, como Bartolomeu Dias y Vasco da Gama.
La Cosa sugirió que las tierras descubiertas en el norte y
el sur de América podían estar unidas formando un solo continente, aunque con
la efigie superior hizo un truco para permitir la posibilidad de que existiera
un paso marítimo entre ambas en Centroamérica, cosa que Colón creía.15 Cuba
aparece ya identificada como una isla, en contra de la opinión de Colón. En
general las Antillas aparecen de manera completa y en América del Sur se
muestra la costa desde el cabo de la Vela hasta el cabo de San Agustín,
mostrando una parte del norte del Brasil. Por el contrario, en América del
Norte no se muestran la península de Florida, el golfo de México ni la
península de Yucatán. América Central está tapada por la efigie del santo. .
El contorno de las costas de África aparece dibujado por
primera vez de manera correcta, gracias a los últimos viajes de exploración
realizados por los portugueses. La región de Europa y el Mediterráneo aparece
bien detallada, mientras que amplias zonas de Asia se muestran vacías e
imprecisas.
El mapa está decorado con rosas de los vientos, banderas,
barcos, ciudades, reyes, personajes de la Biblia y figuras mitológicas. Se
representan algunos ríos y la mayoría de los topónimos están escritos en
castellano antiguo.
El mapamundi de Juan de la Cosa es una de las obras más
importantes de la cartografía de finales del siglo XV e inicios del siglo XVI.
Fue redescubierto en 1832 por el barón de Walckenaer, ministro plenipotenciario
de Holanda en París, que lo compró a un precio muy barato. A la muerte del
barón en 1853, se subastó el mapamundi y el gobierno español, aconsejado por
Ramón de la Sagra, lo adquirió por 4.321 francos. Desde entonces está expuesto
en el Museo Naval de Madrid. Numerosos eruditos han realizado reproducciones y
análisis de diversas zonas del mapa de La Cosa. Las primeras fueron las de
Alexander von Humboldt en su Atlas géographique et physique des régions
équinoxiales du Nouveau Continent de 1834,21 Ramón de la Sagra en 1837 en la
Historia física política y natural de la isla de Cuba y el vizconde de Santárem
en 1842 con su Atlas de la Edad Media.
Se sabe que La Cosa debió realizar otros mapas importantes
pero nunca se han encontrado. En particular consta que en 1503 se le abonaron
siete ducados por dos "cartas de marear" que ofreció a la Reina.5
Por otra parte es posible que el bachiller Martín Fernández
de Enciso aprovechara sus relaciones amistosas con La Cosa para incorporar
parte de sus conocimientos cartográficos en su obra Suma de geografía que trata
de todas las partes y provincias del mundo: en especial de las Indias, impresa
en Sevilla en 1519.
La Cosa también participo en un viaje al mando de Alonso de
Ojeda, que acababa de ser nombrado gobernador de Nueva Andalucía. La Cosa
recibió de la Corona el cargo de teniente gobernador y una importante ayuda
económica ya que iba a instalarse allí junto a su familia. La expedición partió
de Santo Domingo el 10 de noviembre de 1509 con tres embarcaciones y unos 300
hombres, entre ellos un soldado llamado Francisco Pizarro. La Cosa resolvió la
disputa entre los dos nuevos gobernadores (Ojeda y Nicuesa) sobre qué lugar
exacto del golfo de Urabá sería el límite de sus respectivas gobernaciones,
señalando el río Atrato como la frontera entre Veragua y Nueva Andalucía.
Al llegar a Nueva Andalucía en diciembre, Ojeda decidió
desembarcar en la bahía de Calamar, desoyendo los consejos de La Cosa que
recomendaba que no se perturbara a los indios de la zona donde estaban, ya que
eran indígenas que usaban flechas envenenadas. El cántabro proponía dirigirse a
las orillas del golfo de Urabá, donde vivían indios menos belicosos a los
cuales La Cosa había conocido cinco años atrás, pero finalmente acató la orden
de Ojeda. Poco después los expedicionarios se vieron envueltos en un combate
con indígenas que se saldó con victoria española, lo que incitó a Ojeda a
adentrarse en la selva, persiguiendo a los indígenas en su huida hasta el
poblado de Turbaco. Al llegar al poblado, Ojeda, La Cosa y los demás hombres
fueron sorprendidos por los indígenas, que dispararon flechas envenenadas. La
Cosa cayó muerto, así como la mayoría de sus hombres, pero Ojeda pudo huir.
Al volver Ojeda a la bahía de Calamar se encontró con la
expedición de su rival Nicuesa. Enterados del hecho ocurrido en Turbaco, los
castellanos dejaron de lado sus diferencias y los hombres de ambas expediciones
se vengaron destruyendo el poblado de Turbaco y asesinando a casi todos sus
habitantes. Algunas crónicas afirman que cuando hallaron el cadáver de La Cosa
parecía un erizo lleno de flechas; otras dicen por el contrario que el cuerpo
había sido devorado por los indios.
La viuda de La Cosa recibió 45.000 maravedís y todos los
indígenas que tenía en posesión el navegante como indemnización por los
servicios prestados. Se desconoce el destino del hijo de La Cosa, el cual
debería teóricamente haber heredado el cargo de Alguacil Mayor de Urabá.
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