Grandes Nombres de Españoles

Este blog esta dedicado a grandes personajes de la historia de España. Es mi pretension reunir en esta pagina a grandes personas que han contribuido a engrandecer nuestra historia.

Todo aquel que quiera puede proponer la inclusion de algun personaje historico, solo tiene que remitirme un correo a javiermirma@hotmail.com  . Además se agradece la correccion de posibles errores que pudiera haber en los datos expuestos.

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La Armada Invencible – una gran mentira que muchos creen cierta.

Cualquier historiador sabe que el término armada invencible no se usaba en aquella época, que fue un desastre magnificado y que muchas de las afirmaciones que se hacen son alimentadas por grupos de interés contrarios al Reino de España. No se trata de una conspiración sino de un simple interés. 

Los gobernantes ingleses necesitaban hacer ver a su pueblo que España no era invencible, recordemos que en 1588, el imperio Español o Hispano dominaba el mundo. Hay que destacar que los monarcas hispanos no hablaban de España como nación, en ese momento España no existía como se entiende hoy en día, sino que la monarquía aglutinaba las coronas de Castilla, Aragón y Portugal en un complejo sistema de reinos, condados y otro tipo de organizaciones territoriales. Los gobernantes ingleses necesitaban infundir ánimo y orgullo a su pueblo y por este motivo aprovecharon este hecho de una manera realmente ejemplar. Puede decirse, que sin proponérselo, fue una de las mayores operaciones de marketing de la historia.

Pero el mayor daño y los mayores desprecios vendrían de dentro, sencillamente por intereses. Pensemos que en aquel momento no se habla de una nación Española sino de una monarquía hispana con múltiples reinos con diferentes intereses. Sectores de la nobleza querían que sus reinos se independizasen y por ejemplo los Portugueses lo lograron en 1640,  otros no lo lograron. Con el paso de los siglos aparecieron nuevos nacionalismos que daban pábulo a estas historias para desprestigiar a España y lograr así el desapego o al menos lograr que la gente se avergüence de ser Español. Muchos textos y muchos libro en regiones nacionalistas, de forma sibilina e intencionada, destacan lo peor de España, ocultan los logros y sobre todo resaltan lo bueno de lo regional ocultando lo malo de lo regional. Simplemente se trata de intereses. Y lo cierto es que han logrado que gran parte de la sociedad, no solo de regiones nacionalistas, se crean muchas falsedades. Simplemente repiten una y otra vez una idea hasta que se toma como veraz.

Pero la verdad siempre aparece.  La BBC, de 2019-2010, encargó una miniserie de tres capítulos sobre falsedades históricas denominada "Royal History’s Biggest Fibs". Su conclusión es que el relato oficial de lo ocurrido con la Armada Invencible fue "un poderoso legado que fue manipulado por monarcas, artistas y políticos durante siglos" refiriéndose a monarcas, artistas y políticos británicos. Podríamos poner múltiples ejemplo de las manipulaciones nacionalistas internas, sería demasiado fácil y evidente pero podría pensarse que hago una lectura interesada o muy parcial, así que hare referencia a este trabajo externo.

Para la BBC se trata de uno de los mayores bulos de la historia de Inglaterra. Cualquiera que vea la serie que puede tener algún error y sobre todo una visión inglesa descubrirá con extrañeza algunas cosas que no creerá pero si se toma tiempo en investigar verá que son ciertas. 
  • La Armada Invencible no se llamaba así en 1588.
  • Drake no hundió la flota de Felipe II solo apresó un barco que estaba dañado.
  • Inglaterra intentó un contraataque un año después que terminó en un absoluto fracaso: más de 20.000 bajas, tres cuartas partes del contingente militar. Pero lo ocultaron. Esta flota es conocida en Inglaterra como Contra Armada, y era una flota mayor que la Invencible. 

La  derrota de la armada española es la coronación del mayor logro de la Isabel I de Inglaterra, convirtió a sir Francis Drake y a la reina en iconos del origen del imperio británico. Pero esta historia está llena de exageraciones, de distorsiones y de grandísimas mentiras.

Originalmente en Inglaterra, este enfrentamientos entre la monarquía hispana e inglesa se plasmó como una guerra personal entre Felipe e Isabel. La nobleza inglesa y los poderes de la época querían hacer ver que Felipe II odiaba a Isabel. Pero ¿cuál era el motivo?.  Lo que se omite es que Felipe II fue rey de Inglaterra e Irlanda, por su matrimonio con María I, entre 1554 y 1558. Quizás esto sorprenda a algún lector, pero es verdad, el Rey de la Hispanidad también fue Rey de Inglaterra, pero por el denominado "derecho de su mujer", en realidad el derecho del trono era de la mujer. Cuando muere María en 1558, Felipe dejo de ser Rey de Inglaterra. La auténtica rival de Isabel era María, su medio hermana, la católica reina de Escocia. La nobleza inglesa prefería a Isabel y alejarse del poder de la iglesia católica de roma, no hay que olvidar que una de las primeras medidas que tomó Isabel fue establecer una Iglesia protestante independiente de Roma.

En 1558, cuando Isabel llegó al trono devolvió el reino a la fe protestante, esto provocó que el Papa pidiese a Felipe II que declarase la guerra a Inglaterra. Al principio Felipe lo rechazó, pero Drake comenzó a asaltar puertos y ciudades españolas. Isabel, envió 6.000 soldados para respaldar la revuelta protestante contra la monarquía hispana en los Países Bajos. Esto no hubiera sido suficiente para un ataque de Felipe. Debemos recordar que Drake era un corsario, tiene similitud con la piratería, pero lo diferencia que el corso es legal por su gobierno, y esto en la época no era extraño.  Por otro lado que un Rey apoyarse revueltas por motivos religioso en otros reinos tampoco era extraño en la época. En realidad Felipe se vio obligado a atacar Inglaterra por las presiones del Papa ya que Felipe era el mayor defensor del Catolicismo y no podía seguir permitiendo los hostigamientos de los protestantes ingleses. 

Por estos motivos finales de julio de 1588, la Armada llegó a las costas inglesas. La Inglaterra de la época vendió y difundió al mundo que se trataba básicamente de un enfrentamiento entre Goliat (el imperio de la monarquía hispana) y un pequeño valiente que quería evitar una masacre. No fue la flota más grande enviada contra Inglaterra, los normados en 1066  o los franceses 1545 enviaron flotas mayores contra Inglaterra. Pero era importante que todo el mundo pensara que era una flota nunca antes vista. En realidad se sabe que la flota española tenía problemas de suministro y de enfermedades, de hecho, el duque de Medina Sidonia que mandaba la flota, le pidió al rey retrasar la partida desde A Coruña, pero Felipe II se lo negó. 

Al llegar a aguas inglesas, se desató un temporal durante la batalla, esto hizo colisionar a algunos barcos españoles, Drake consiguió capturar uno, el Rosario.  Esta captura fue magnificada en canciones omitiendo que el Rosario había chocado con otro barco español y dando a entender que Drake lo había apresado durante la lucha. 

De esta batalla tenemos dos formas distintas de visiones históricas interesadas.

En la versión oficial inglesa, los británicos atacan a los españoles, hunden sus barcos y estos, aterrados o dispersados por los vientos, parten hacia Escocia e Irlanda mientras la reina lanza un discurso a sus tropas desde las costas de Tilbury. Este famoso discurso está lleno de agujeros temporales. Cuando lo pronunció, suponiendo que lo hiciera, la batalla ya habría acabado y la armada española ya se había marchado, por lo que es poco verosímil. Debemos precisar que fue un poeta llamado James Aske, autor del poema Isabel triunfante, el que sitúa a Isabel en Tilbury antes de la batalla. Sin embargo, no hace referencia alguna al supuesto discurso. La realidad es que este discurso aparece por primera vez, 35 años después de la batalla  en unos textos de un capellán. Este texto venía bien para la monarquía inglesa sobre todo la frase  "Yo puedo tener el cuerpo de una débil y endeble mujer, pero tengo el corazón y el estómago de un rey" que se ha repetido en discursos y en anuncios. Lo más probable es que pudiendo ser una frase pronunciada por Isabel podría haber sido pronunciada en un discurso por otro motivo y después de la batalla. Pero en esa época interesaba enmarcarlo en el momento de la batalla. De esta forma poco a poco se incluyó como algo cierto en los libros escolares aunque los historiadores no comparten esta idea.

Otras versiones dan más importancia al temporal que a la batalla. Los movimientos interiores contra la corona hispana hablan principalmente del temporal dando a entender que la monarquía había planificado mal el momento del ataque y sobre todo que no había preparado bien a la flota. Lo que se pretendía era culpar a la monarquía del desastre. Había sectores que trataban de debilitar a la corona hispana para independizarse. Hay que recordar que en ese momento la monarquía hispana gobernaba no solo gran parte del mundo (territorios de ultramar de Portugal y de la corona de Castilla y Aragón) sino muchas regiones en Europa (Países Bajos, Milanesado, Franco Condado, Cerdeña, Reino de Sicilia, Reino de Nápoles,...). En aquel entonces igual que hoy en día había grupos con intereses regionales que querían independizarse por temas económicos.

En el mundo protestante el temporal fue aprovechado para explicar que Dios estaba de su lado, del lado protestante y no del católico.

Como vemos había muchos intereses, pero cuál es la realidad. La realidad es que según todos los archivos de España y otros países de la época:
  • La Armada española, perdió 22 barcos y la mayoría fue por el temporal. 
  • El término Armada Invencible fue inventado por los ingleses, los españoles jamás lo utilizaron, no consta en ningún archivo ni libro de la época. Aun así se imprimieron numerosos panfletos señalando que Felipe II la denominaba de esa manera. Con el paso de los siglos terminó apareciendo en los libros de escuelas y colegios de España.
  • Los soldados ingleses que participaron en la batalla nunca fueron recompensados y se amenazó con la cárcel a quien reclamase la paga. 
  • La mitad de los hombres ingleses que lucharon contra los españoles murieron de enfermedades o de hambre.
  • España siguió dominando sola los mares otros 50 años. Hasta 1640, este año se producen sublevaciones contra la monarquía en Portugal y Cataluña.  Estas sublevaciones alentadas por la pobreza de los campesinos, las injusticias y las potencias extranjeras supusieron la pérdida del Rosellón a manos Francesas y la independencia de Portugal. El imperio hispano ya no dominaba totalmente los mares, ahora compartía el dominio con el imperio portugués y el inglés.  

En definitiva, la realidad es que los ingleses han utilizado esta victoria como aglutinante nacional en momentos de crisis políticas o militares. En 1592, Lord Howard Effigham encargó unos grandes tapices para conmemorarla. En 1616, se los vendió al rey Jaime y este los colgó en Westminster, con lo que ya formaron parte "de la mitología inglesa". Siglos después, en época de la reina Victoria, con el imperio Inglés en su auge, se levantaron numerosas estatuas en recuerdo de Drake e Isabel por todo el país. En el siglo XX, Winston Churchill y Margaret Thatcher también redactaron discursos patrióticos utilizando el mismo falso recurso.

Los Ingleses siempre han tratado de ocultar que  Isabel envío en 1589 un total 180 naves (50 más que las que componían la Invencible) contra las costas españolas. El desastre fue absoluto, con más de 20.000 muertos y heridos de los 27.667 que componían la expedición. Sin embargo en España no se levantaron estatus ni se hizo nada relevante para conmemorar estos hechos simplemente porque para un Imperio tan grande como el Hispano este hecho no fue relevante. Esta historia nos demuestra el poder de la información, y cómo partiendo de hechos reales se puede tergiversar una historia. 

Como ejemplo actual de tergiversación y manipulación histórica, entre muchas, tenemos:
  • La  diada de Cataluña. Presentada o dada a entender como la lucha de Cataluña por la independencia cuando en realidad se trata de una guerra de sucesión española entre los Borbón y Habsburgo. 
  • O la denominada Corona Catalano-Aragonesa, apoyadas en unos textos de 1286 sobre privilegios y posesiones del rey, donde aparece la expresión "regno, dominio et corona Aragonum et Catalonie" (Reino, dominio y corona de Aragón y Cataluña -haciendo alusión al Reino de Aragón y los Condados catalanes integrados dentro de la Corona de Aragón) , si bien solo cinco años más tarde, en 1291, en la renovación de estos privilegios, ya se habla de "Reinos de Aragón, Valencia y condado de Barcelona". En realidad antes del siglo XIX en ningún archivo histórico de ningún país del mundo se menciona la Corona de Aragón como corona catalano-aragonesa.  Este término aparece en el siglo XIX, en el movimiento cultural del renacimiento catalanistas. No es más que una tergiversación al que determinados grupos de interés dan crédito. 

Muchas de estas falsedades se terminan dando por ciertas y asumidas por una sociedad que desconoce la verdad. Y nos preguntamos porqué se permite enseñar y difundir estas teorías. La respuesta es que simplemente porque existe libertad para difundir lo que se quiera. Se permite en la enseñanza porque los equilibrios de poder político necesitan apoyos regionalistas y se les deja hacer. Los nacionalismos necesitan construir una historia atractiva para sus intereses y cuentan medias verdades o la parte que interesa. La sociedad actual apenas se cuestiona las afirmaciones de sus líderes y eso facilita que arraiguen creencias infundadas.

Julio Cervera Baviera (inventor de la radio radiofónica)

(Segorbe, 26 de enero de 1854 - Madrid, 24 de junio de 1927)

La radio (entendida como radiofonía o radiodifusión, términos no estrictamente sinónimos) es un medio de comunicación que se basa en el envío de señales de audio a través de ondas de radio, si bien el término se usa también para otras formas de envío de audio a distancia como la radio por Internet.
El inventor de esta radio fue Julio Cervera.

En 1873 el físico escocés James Clerk Maxwell formuló la teoría de las ondas electromagnéticas, que son la base de la radio.
En 1887 el físico alemán Heinrich Hertz descubrió las ondas de radio.
En 1894 Nikola Tesla hizo su primera demostración en público de una transmisión de radio (transmitio ondas electromagneticas a una corta distancia).
En 1895, el italiano Guillermo Marconi construyó el primer sistema de radio para transmisiones radiomagneticas, logrando en 1901 enviar señales a la otra orilla del Atlántico, pero como lo hizo con patentes de Tesla se le atribuye el trabajo a este último.
En 1902 el español Julio Cervera, inventa la radio: Marconi inventó antes de Cervera la telegrafía sin hilos (solo transmitia señales electromagneticas), pero no trabajó en la radio con transmision de fonia hasta 1913, mientras Cervera fue quien resolvió los problemas de la telefonía sin hilos, lo que conocemos hoy día como radio, al transmitir la voz humana -y no señales- sin hilos entre Alicante e Ibiza en 1902, y llegó a registrar la patente en cuatro países: España, Inglaterra, Alemania y Bélgica.


Cervera fue un ingeniero y comandante que cursó estudios de ciencias físicas en la Universidad de Valencia, cadete de caballería en Valladolid, entrando a formar parte en 1878 de la escuela de Ingenieros Militares de Guadalajara.

Durante la Guerra Hispano-Americana de 1898, le fue encargada la defensa del Guamaní, cerro que domina el camino entre Cayey y Guayama, teniendo su punto culminante en la batalla del mismo nombre (9 de agosto de 1898), en la que consiguió trasladarse a Aibonito al barrio Asomante para fortalecer las instalaciones de comunicaciones y repeler un ataque de las tropas norteamericanas, conociéndose este evento como "El Combate del Asomante". El pueblo de Aibonito con su plaza e iglesia, es el de mayor altitud a nivel del mar en Puerto Rico, permitiendo una posición estratégica para una mayor visibilidad de la costa norte (océano Atlántico) en San Juan y la de Ponce (mar Caribe) al sur de la Isla. En este punto se estableció en el sector conocido como La Torre un heliógrafo para mantener comunicación entre San Juan y Ponce. Tras la guerra se hizo famoso al publicar un folleto, La defensa de Puerto Rico, en el que con la intención de favorecer al General Macías arremetía contra los voluntarios puertorriqueños.

En 1899, una vez finalizada la guerra, y centrándose ya en su faceta de ingeniero, trabajó durante 3 meses con Guillermo Marconi y su ayudante, George Kemp. Obtuvo sus primeras patentes en telegrafía sin hilos antes de finalizar el año. Según el profesor de la Universidad de Navarra Ángel Faus, una de las patentes más destacadas es la del telemando de equipos y sistemas, antecesor del mando a distancia. Ángel Faus, en su obra La Radio en España. 1896-1977, atribuye a Julio Cervera la invención del primer sistema técnico de la radio.

Julio Cervera según últimas investigaciones realizadas,1 desarrolló la radio once años antes de que Marconi lo hiciera. Cierto es que Marconi inventó antes de Cervera la telegrafía sin hilos, pero para transmitir señales, no sonido. Cervera transmitió la voz humana -y no señales- sin hilos entre Alicante e Ibiza en 1902.

Sin embargo, hay que tener en cuenta que 15 años antes que Marconi y 4 años antes que Julio Cervera, Nikola Tesla ya había hecho varias demostraciones y publicaciones de los principios de la radio.2 3 Tras la usurpación de Marconi en la patente, Nikola Tesla llevó a los tribunales a Marconi ganando el litigio ante el Tribunal Supremo de los EEUU y quedando como el auténtico inventor de la radio.

Otra notable contribución fue la creación en 1903 de la Internacional Institución Electrotécnica en Valencia, que daba títulos propios de ingeniero mecánico, electricista y mecánico-electricista, denominados libres. Fue una de las primeras experiencias de educación a distancia de todo el mundo. En 1908 pasa a llamarse Institución de Enseñanza Técnica ofreciendo cursos en disco. Publica la revista Electricidad y Mecánica desde 1905 hasta al menos 1920.

También fue el creador del diseño del antiguo tranvía de Tenerife.

Además, escribió un libro sobre dos territorios de la España africana, "la Isla del Perejil y Santa Cruz de Mar Pequeña", siendo sus opiniones proféticas (predijo la invasión de perejil).

Francisco Gali (exploración de la costa del Pacífico de Norteamérica)

Francisco Gali (Sevilla, 1539 - México, 1591), fue marino español, recordado por haber realizado un viaje de exploración de la costa del Pacífico de Norteamérica.

Se hizo célebre por haber navegado hasta el Japón y haber visitado sus islas. Por este motivo en 1582 recibió el encargo de realizar un viaje hacia la costa de América del Norte por orden del arzobispo de México y virrey interino de Nueva España, Pedro Moya de Contreras. Al mando de dos fragatas, tenía la misión de encontrar un puerto que sirviera de apostadero a los barcos procedentes de Manila y que se dirigían al Perú, y además, debía comprobar la si la costa de América estaba unida a la costa de Asia. Gali, llega hasta el Japón en su relato sobre sus viajes cree en la existencia de un estrecho. Exploró algunas de las islas del archipiélago de Hawái, la costa de Baja California y la bahía de San Francisco. En 1584 amplió sus exploraciones por la zona y descubrió Nueva California. Escribió una crónica de sus viajes. Falleció al final de su viaje, y sus informes propiciaron que se realizaran una nueva expedición al mando de Pedro de Unamuno.

Francisco Galí, arribó a la Nueva España y se avecindó en la población de Tlacotalpan cuya traza realizó. Escribió una relación pormenorizada del viaje que realizó en el galeón de Manila hacia Macao, y desde ahí partió para Acapulco en julio de 1584, siguiendo rumbo noreste, y reportó una corriente recia a 300 leguas al este de Japón, la cual continuó unas 700 hasta un punto a 200 leguas al oeste de la costa de California, donde tocó tierra cerca de lo que hoy es la bahía de Santa Cruz.

Al arribar a Acapulco en enero de 1585 presentó su memorial al virrey Moya, quien le encargo la búsqueda del estrecho de Anían y de un puerto para el resguardo de los galeones de Manila. En marzo volvió a la capital filipina para organizar un viaje de regreso, pero antes de terminar los preparativos la muerte le sorprendió en enero de 1586.

Francisco Gali, junto con un navegante valenciano llamado Juan Jaime, proyectaron el viaje desde Manila hasta Acapulco con el objeto de medir la declinación de la brújula mediante un instrumento construido por Juan Jaime, entre otras causas.

El manuscrito de dicho viaje, fue remitido al virrey, pero por causas desconocidas, llegó a manos del holandés Jan Huygen van Linschoten, que lo publicó en su idioma como Derrota de las Indias (Ámsterdam, 1596, 1614 y1626); se publicaron también traducciones al inglés (Londres, 1598) al alemán en el mismo año, al latín (La Haya, 1599) y al francés (Ámsterdam, 1610, 1619 y 1638). Linschoten se hizo famoso por allegarse documentos secretos con información náutica recopilada por navegantes españoles y portugueses. El destino del manuscrito Galí es uno más de los misterios que se suman a las historias que envuelven a los manuscritos e impresos novohispanos del siglo XVI. Hasta la fecha se desconoce el destino del manuscrito original realizado por éste destacado navegante , cartógrafo y urbanista.


Pedro Sarmiento de Gamboa (marino, explorador, escritor, historiador, astrónomo, científico y humanista)

Pedro Sarmiento de Gamboa (Pontevedra, 1530 a 1532 - Océano Atlántico, frente a Lisboa, 17 de julio de 1592) fue un marino, explorador, escritor, historiador, astrónomo, científico y humanista español del siglo XVI.

Hasta los dieciocho años vivió en la casa paterna, en la pintoresca ría gallega, edad a la que ingresó al servicio militar. Entre 1550 y 1555 estuvo en el ejército al servicio del emperador Carlos I de España. En 1555 cruzó el océano Atlántico y llegó a México donde vivió durante dos años. Poco se sabe de su vida durante este período excepto que tuvo problemas con la Inquisición. El proceso surgió a raíz de una parodia de Auto de Fe, organizada por Sarmiento en favor de los sobrinos del Obispo de Tlaxcala; de resultas del mismo fue sentenciado a azotes en la plaza de Puebla y, probablemente, al destierro . De ahí pasó a Perú donde vivió durante más de veinte años.

En 1557 llegó a Perú. Se desconocen sus actividades durante los primeros años; pero dadas sus aficiones seguramente los dedicó a completar su formación marinera estudiando cosmografía, geografía y náutica convirtiéndose, en notable soldado, experto marino, reputado geógrafo y aventajado perito en astronomía.

En dos oportunidades tuvo que enfrentar a los tribunales de la Inquisición en Lima por sospechas de hechicería. A fines de 1564 gozaba de la reputación de astrólogo, cuando el arzobispo, como inquisidor ordinario, le inició causa de fe, encarcelándolo. Había sido delatado como nigromántico.

El 8 de mayo de 1565 fue condenado por la Inquisición al destierro pero el arzobispo le conmutó la pena para que integrara la expedición al océano Pacífico al mando Alvaro de Medaña que finalmente descubriría las islas Salomón.

En 1579, el virrey de Peru le ordenó alistar dos naves para que explorara el estrecho de Magallanes en búsqueda de lugares adecuados para asentar población y fuertes con artillería para cerrar esa ruta a los enemigos de España.

Las instrucciones del virrey, que Sarmiento juró cumplir, fueron explorar detenidamente los canales de la Patagonia y el estrecho de Magallanes. Levantar cartas geográficas de los lugares que reconociesen. Averiguar si los ingleses habían establecido asentamientos en alguna parte y estudiar los lugares en que se podrían establecer fuertes. Prudencia con los habitantes que encontrara excepto con Francis Drake, al que debería presentarle combate y prenderlo vivo o muerto si se topaba con él.

Sarmiento zarpó del puerto de El Callao el 11 de octubre de 1579 con dos naves bien equipadas y pertrechadas. La “Nuestra Señora de la Esperanza” bajo su propio mando y con el título de capitán superior y el “San Francisco” bajo el mando de Juan de Villalobos con el título de almirante. Para avanzar más rápido hacia el sur siguió la ruta descubierta años antes por el marino Juan Fernández.

El 17 de noviembre las naves se encontraban en latitud 50° sur frente a la entrada a un canal que corría en dirección SE y que a Sarmiento le pareció podría ser la boca del Estrecho y que bautizó como “golfo de la Santísima Trinidad”. Los expedicionarios estuvieron alrededor de dos meses levantando y recorriendo la infinidad de islas y canales y tomaron posesión de esas tierras en nombre del rey de España. Volvieron nuevamente al océano Pacífico.

El 21 de enero de 1580 las naves se separaron debido a una fuerte tormenta. Villalobos fue arrastrado hasta latitud 56° sur y en cuanto el tiempo se lo permitió regresó al norte pues ya no tenía víveres, recalando en Valdivia a mediados de febrero.

Sarmiento también fue arrastrado por los temporales hacia el sur y logró virar hacia el norte, reconociendo la punta NO de la isla Desolación que llamó cabo Espíritu Santo y que en las cartas actuales figura como cabo Deseado, fondeando a fines de enero de 1580 en puerto Misericordia. Avanzó por el Estrecho, que él llamó estrecho de la Madre de Dios, fondeando y levantando las costas, pasos y angosturas. El 13 de febrero estuvo fondeado en puerto del Hambre y el 24 de febrero del mismo año salió finalmente al océano Atlántico dirigiéndose a España con el propósito de presentar al rey un proyecto para la defensa del Estrecho de Magallanes.

El rey Felipe II de España aprobó el proyecto de establecer un fuerte en el estrecho de Magallanes con el propósito de asegurar el control y dominio de ese paso estratégico del Virreinato del Perú, encargándole al Consejo de Indias planificar la expedición para poblarlo y fortificarlo.

España armó una expedición compuesta por aproximadamente 2.500 hombres, los que embarcó en 23 naves las que puso bajo el mando de Diego Flores de Valdés. El rey nombró a Sarmiento, gobernador y capitán general del Estrecho. En la expedición también se embarcó Alonso de Sotomayor, designado gobernador de Chile, y su tropa.

La expedición zarpó de San Lucar de Barrameda el 25 de septiembre de 1581 pero un temporal a los pocos días le hundió cuatro naves por lo que el 9 de octubre regresó al puerto de Cádiz para reparar otras. El 9 de diciembre de 1581 volvió a hacerse a la mar con 16 navíos rumbo a Río de Janeiro. En la ruta pararon en una de las islas de Cabo Verde en la que permanecieron hasta el 2 de febrero de 1582. Allí, la expedición sufrió bajas por muertes y deserciones. Arribó a Río de Janeiro el 25 de marzo del mismo año y se detuvo allí seis meses en espera de mejores condiciones de tiempo; nuevamente perdió gente por fallecimientos y fugas.

El 2 de noviembre de 1582 zarparon hacia el Río de la Plata. En Buenos Aires el gobernador Sotomayor desembarcó su tropa pues había decidido continuar a Chile por tierra. Diego Flores de Valdés, con cinco naves, llegó el 17 de febrero de 1583 hasta la entrada del Estrecho, pero el mal tiempo le impidió ingresar en él por lo que regresó a Río de Janeiro y luego continuó a España.

Sarmiento se quedó en Río de Janeiro, asumiendo el mando de las naves con las que intentaría un nuevo viaje al Estrecho. Una vez reorganizados, el 2 de diciembre de 1583, zarpó con cinco naves y 538 expedicionarios. El 1 de febrero de 1584 logró entrar al Estrecho llegando hasta la Segunda Angostura pero luego fueron empujados por la corriente y el viento hasta el cabo Vírgenes. Allí, Sarmiento desembarcó el 4 de febrero de 1584 y procedió a tomar posesión de esas tierras en nombre de España, habían transcurrido más de dos años y medio desde su zarpe de España. El 11 de febrero de 1584 Sarmiento procedió a fundar la Ciudad del Nombre de Jesús, la primera y más austral ciudad del mundo en esa época, a tres kilómetros de lo que hoy es el cabo Vírgenes, en el actual territorio de Argentina. El mal tiempo obligó a cuatro de las naves dejar su fondeadero y regresar al Atlántico y luego a España quedando Sarmiento solo con la Santa María de Castro para el servicio de los 338 pobladores de la ciudad.

Sarmiento se dio cuenta que el lugar no podría albergar tantas personas por lo que decidió fundar otra ciudad que alojaría a la mitad del total de los pobladores. Envió la Santa María de Castro con 50 pobladores hacia el lugar en que él había estado en 1580, punta Santa Ana, y él con otros cien hizo el camino por tierra. El 25 de marzo procedió a fundar en punta Santa Ana la ciudad Rey Don Felipe, cercana a la actual Punta Arenas, hoy Chile. El 24 de mayo zarpó hacia Nombre de Jesús y luego de un tiempo decidió regresar a España en búsqueda de víveres para sus poblados. El 29 de junio arribó al puerto de Santos donde las autoridades le proporcionaron víveres y elementos para sus colonias.

Zarpó hacia el Estrecho pero a la altura de Bahía un temporal destruyó la Santa María de Castro que se hundió con toda su carga. Sarmiento y algunos tripulantes se salvaron logrando llegar a la costa. El 3 de octubre logró regresar a Bahía cuyo gobernador lo ayudó una vez más regalándole una embarcación pequeña de 60 toneles en la que volvió a cargar víveres para sus dos poblaciones y el 13 de enero de 1585 zarpó nuevamente en dirección al estrecho de Magallanes. Otra vez una tempestad le hizo arrojar al mar toda la carga para poder salvar la embarcación y regresar a Bahía, puerto en que sus tripulantes se negaron a continuar embarcados.

El 22 de junio de 1586 emprendió el regreso a España en una nave mercante. En el viaje la nave fue atacada por tres buques ingleses de la flota de Walter Raleigh. Hecho prisionero fue conducido ante la reina Isabel I de Inglaterra quien, luego de interrogarlo, lo dejó en libertad encomendándole una misión que transmitir al rey de España. El 30 de octubre de 1586 Sarmiento inició el regreso a España; pasó por París y cuando llegó a la frontera con su patria, el 9 de diciembre del mismo año, fue capturado por los hugonotes quienes lo encerraron en la prisión de Mont de Marsan y pidieron un elevado rescate por su libertad. Inicialmente Felipe II se negó a pagar rescate por él, pero finalmente, en diciembre de 1589, el monarca firmó una cédula en la que ordenó el pago del rescate. El fiel vasallo regresó a su patria después de estar casi diez años fuera de ella.

El fracaso de la expedición al Estrecho hay que buscarlo en la inexperiencia y falta de capacidad como organizador de Flores de Valdés, pero más que nada en la carencia de un apoyo naval eficiente y en la inclemencia del mar y del clima austral. Sarmiento continuó pidiendo socorros para la gente del Estrecho, pero Felipe II ya había decidido desentenderse de ese problema. Como una forma de compensar los servicios y desvelos con la Corona en 1591 le nombró almirante de una de las Armadas encargadas de proteger las naves de la flota de Indias.

El 17 de julio de 1592, falleció mientras dirigía una flota cerca de la capital portuguesa. Sus restos se sepultaron en un ignoto sitio de Lisboa. Para la historia ha quedado la admirable descripción del golfo de la Trinidad y del estrecho de la Madre de Dios, las recomendaciones para la navegación de los canales patagónicos y del estrecho de Magallanes han sido ensalzadas por los hidrógrafos modernos que han trazado las cartas definitivas, entre ellos el vicealmirante Fitz Roy.

La obra de Sarmiento tiene dos características: su variedad y cantidad. 1 historia, 10 relaciones, 5 memoriales, 17 cartas, poesías y otro escritos conocidos o desafortunadamente desaparecidos son su legado. En ellas emplea un rico vocabulario, viveza en el lenguaje y una gran capacidad descriptiva.

No existe a comienzos del siglo XXI un estudio completo sobre su obra literaria, no porque no haya interesado, sino porque el azar ha ocultado hasta ahora datos y obras. Recién en el siglo XX se descubrió su “Historia Índica” lo que impulsó nuevas investigaciones y búsquedas.

Finalmente, hay que destacar su habilidad como navegante y sus inquietudes culturales. Poseedor de un vasto saber náutico, su facilidad con la pluma denota el contacto con un foco cultural de primera línea, se recuerda su conversación con la reina Isabel en latín.

El lago Sarmiento de Gamboa, lago de Chile ubicado dentro del Parque Nacional Torres del Paine, en la Región de Magallanes y de la Antártica Chilena, honra su memoria.


Francisco de Orellana (Descubre el amazonas)

(Trujillo, España; 1511- Río Amazonas, Noviembre de 1546), fue un explorador, conquistador y adelantado español en la época de la colonización española de América. Participó en la conquista del Imperio Inca y, en lo posterior, fue nombrado gobernador en diversas poblaciones. Tras la cantidad de saqueos que dirigió sobre poblaciones nativas, se le consideró como uno de los conquistadores más ricos de la época.

Viajó al Nuevo Mundo muy joven (1527), sirviendo en Nicaragua. Reforzó el ejército de Pizarro en el Perú (1535) y le sirvió en múltiples campañas, en una de las cuales perdió un ojo.
Durante la guerra civil entre los conquistadores en el Perú, se alineó con los Pizarro y fue enviado por Francisco Pizarro al mando de una columna desde Lima en ayuda de Hernando Pizarro.
En esta año (1535) participó en la pacificación y fundación de Puerto Viejo donde desempeñó los cargos de regidor, alcalde ordinario además de Teniente de Gobernador y uno de los primeros vecinos. En 1537 fundó la ciudad de Guayaquil, que había sido destruida por los indígenas nativos en varias ocasiones y reubicada por diferentes colonizadores españoles. En 1538 fue nombrado gobernador de la provincia de la Culata, en la costa del actual Ecuador, donde reconstruyó y repobló Santiago de Guayaquil, que había sido recientemente destruida por los indios, anteriormente fundada por Pizarro y repoblada por Belalcázar. Recibió el título de Teniente Gobernador de Guayaquil. Después de terminar la reconstrucción de la ciudad partió hacia Quito y, junto a Gonzalo Pizarro, organizó una expedición que terminaría con el descubrimiento del río Amazonas.

La expedición cruzó los Andes. Al cabo de un año, ante la falta de resultados de la búsqueda, Gonzalo Pizarro y Orellana construyeron un bergantín, el San Pedro, para transportar a los heridos y los suministros, y siguieron los cursos de los ríos Coca y Napo hasta la confluencia de éste con el Aguarico y el Curaray, donde se encontraron faltos de provisiones. Habían perdido 140 de los 220 españoles y 3.000 de los 4.000 indios que componían la expedición. Acordaron entonces (22 de febrero de 1542) que Orellana prosiguiera en el barco en busca de alimentos río abajo. Le acompañaban unos cincuenta hombres. Incapaz de remontar el río, Orellana esperó a Pizarro. Finalmente envió a tres hombres con un mensaje y comenzó la construcción de un nuevo bergantín, el Victoria. Mientras tanto, Pizarro había vuelto hacia Quito por una ruta más hacia el norte, con sólo 80 hombres, los que quedaban vivos.
Orellana siguió río abajo. Al cabo de siete meses y un viaje de 4800 kilómetros, en los que navegó río abajo por el río Napo, el Trinidad (¿río Jurua?), el río Negro (bautizado por Orellana) y el Amazonas, llegó a su desembocadura (26 de agosto de 1542), y desde allí se dirigió costeando a Nueva Cádiz en la isla de Cubagua (actual Venezuela). La Victoria, llevando a Orellana y Carvajal, bordeó la isla de Trinidad por el sur y quedó varada en el golfo de Paria durante siete días, llegando finalmente a Cubagua el 11 de septiembre de 1542.

Fue en este viaje en el que el Amazonas adquirió su nombre. Se cuenta que la expedición fue atacada por feroces mujeres guerreras, similares a las amazonas de la mitología griega, pero es posible que simplemente luchara contra guerreros indígenas de pelo largo. Sin embargo, las crónicas del Padre Gaspar de Carvajal, cronista de Orellana deja muy claro que los indígenas que les combatieron estaban liderados por mujeres.  Este es el motivo por el cual llamaron amazonas al río por el que navegaron.

Desde Cubagua, Orellana embarcó hacia España. Sin embargo, tras una travesía difícil, llegó primero a Portugal, donde el rey le ofreció hospitalidad e incluso recibió ofertas para volver al Amazonas con una expedición abundantemente provista bajo bandera portuguesa. El Tratado de Tordesillas había puesto toda la longitud del Amazonas bajo soberanía castellana, mientras que los portugueses consideraban la costa brasileña como de su entera propiedad. Sin embargo, Orellana continuó a Valladolid (mayo de 1543) con la esperanza de conseguir las reclamaciones castellanas sobre toda la cuenca del Amazonas.

Una vez en la corte, y tras nueve meses de negociaciones, Carlos I le nombra gobernador de las tierras que había descubierto, bautizadas como Nueva Andalucía (18 de febrero de 1544). Las capitulaciones le permitían explorar y colonizar Nueva Andalucía con no menos de 200 soldados de infantería, 100 de caballería y el material para construir dos barcos fluviales. A su llegada al Amazonas, debía construir dos ciudades, una de ellas justo en la boca del río. Sin embargo, los preparativos se alargaron debido a la falta de fondos. Finalmente gracias a la financiación de Cosmo de Chaves, padrastro de Orellana, la expedición pudo partir. Poco antes Orellana se casa con Ana de Ayala, una joven de origen humilde que le acompañará en su nueva travesía.

Zarpa de Cádiz, pero es detenido en Sanlúcar de Barrameda, debido a que gran parte de su expedición estaba compuesta por no castellanos. Finalmente (11 de mayo de 1545), y escondido en uno de sus barcos, zarpa subrepticiamente de Sanlúcar con cuatro barcos. Uno se pierde antes de llegar a las islas de Cabo Verde, otro en el curso de la travesía y un tercero es abandonado al llegar a la desembocadura del Amazonas. El desembarco se produce poco antes de las Navidades de 1545 y Orellana se interna unos quinientos kilómetros en el delta del Amazonas tras construir un barco fluvial. 57 hombres mueren de hambre y el resto acampan en una isla del delta entre indios amistosos. Orellana parte en un bote para encontrar comida y la rama principal del Amazonas. A su regreso, encuentra el campamento desierto, pues los hombres habían construido un segundo bote y partido en busca de Orellana. Finalmente abandonaron y partieron costeando hacia la isla Margarita.

Orellana y su grupo siguieron tratando de localizar el canal principal, pero fueron atacados por los nativos caribes. Diecisiete murieron a causa de las flechas venenosas y el mismo Orellana murió poco después, en noviembre de 1546. Cuando los supervivientes del segundo bote llegaron a la isla Margarita, se encontraron con 25 compañeros, incluyendo a Ana de Ayala, que habían llegado en el cuarto barco de la flota original. Un total de 44 supervivientes (de 300 que habían partido) fueron finalmente rescatados por un barco español. Muchos de ellos se asentaron en Centroamérica, Perú y Chile, mientras que Ana de Ayala se casó con otro superviviente, Juan de Peñalosa, con el que vivió hasta su muerte en Panamá.


En la actualidad, una provincia de Ecuador recibe el nombre de Orellana. Igualmente, en el distrito "Las Amazonas" (en el río Napo), provincia de Maynas del departamento de Loreto, en Perú, existe una localidad llamada "Francisco de Orellana".

Diego García de Moguer (Descubridor del archipiélago de chagos)

(Moguer, 1484 - 1554), marino y descubridor español.

Participó en la expedición de Magallanes y Elcano que dio la primera vuelta al mundo entre 1519 y 1522.
El 15 de enero de 1526 zarpó desde La Coruña al mando de una expedición de tres naves, financiada por comerciantes para buscar la ruta de las especias, siguiendo la derrota de Elcano y pasando por el Estrecho de Magallanes. En el camino, en febrero de 1528, se detuvo a explorar la zona del Río de la Plata. Navegando en abril por el Río Paraná, encontró de improviso el fuerte Sancti Spiritu. Sorprendido e indignado, ordenó al capitán Caro (designado por Sebastián Gaboto), que abandonase el lugar, ya que esa era conquista que sólo a él le pertenecía por haber sido designado por España para explorar esas tierras. Pero vencido por los ruegos de Caro y su gente para que fuese en auxilio de Gaboto, García siguió aguas arriba y entre lo que hoy día son las localidades de Goya y Bella Vista se encontró con el piloto veneciano, quien le obligó a cooperar en la búsqueda de la Sierra de la Plata, y juntos exploraron el río Pilcomayo, para seguir después hacia el estrecho.
A todo esto, en Sancti Spiritu, los españoles descuidaron la defensa del fuerte, y en septiembre de 1529, antes del amanecer, los indígenas tomaron por asalto la fortaleza. Sebastián Gaboto y Diego García de Moguer se encontraban en ese tiempo en el asentamiento de San Salvador, preparando hombres y embarcaciones, y no sabían nada de lo que se estaba desarrollando en Sancti Spiritu, hasta que vieron llegar a Gregorio Caro con los supervivientes, y la terrible noticia de la destrucción del fuerte. Inmediatamente Gaboto y García se dirigieron al fuerte intentando rescatar a sus hombres. En los alrededores de Sancti Spiritu hallaron algunos cadáveres completamente mutilados; los bergantines defondados y hundidos, los almacenes saqueados e incendiados. Sólo dos cañones quedaron como testigos de la primera fortaleza que se levantó en tierra argentina.
El 24 de agosto de 1534 viaja de nuevo en la carabela Concepción hacia el río de la Plata, pasa por la isla de Santiago de Cabo Verde, luego al Brasil, donde desciende el estuario de los ríos Uruguay y Paraná y funda la ciudad de Santa María del Buen Aire. Posteriormente regresa a España.

En una posterior exploración "portuguesa" en 1554, descubrió el Archipiélago Chagos, en el índico, y bautizó la mayor de las islas con su nombre, Diego García. Murió en el viaje de regreso en medio del Océano Índico, frente a las costas sudafricanas.

Fernando de Magallanes (Descubridor del estrecho que lleva su nombre y de Filipinas)

(en portugués antiguo: Fernando de Magalhanes), también conocido como Hernando de Magallanes (Sabrosa, Región Norte, Portugal, primavera de 1480 – Mactán, Islas Filipinas, 27 de abril de 1521) fue un militar, marino y navegante portugués de linaje noble, nombrado por la Monarquía Hispánica adelantado, capitán general del “Armada para el descubrimiento de la especería” y caballero de la Orden de Santiago.  Aunque de origen portugués se le puede considerar un marino de la monarquía hispana pues es cierto que su principal viaje lo realizó al servicio de España.

Al servicio de Carlos I, descubrió el canal natural navegable que hoy recibe el nombre de Estrecho de Magallanes, siendo el primer europeo en pasar navegando desde el Océano Atlántico hacia el Océano Pacífico, hasta entonces denominado Mar del Sur. Inició la expedición que, capitaneada a su muerte por Juan Sebastián Elcano, lograría a la sazón la primera circunnavegación de la Tierra en 1522.

Magallanes nació en el norte de Portugal en el año 1480. La vila de Sabrosa, la freguesía de Sé en Oporto, Vila Nova de Gaia y Ponte da Barca se disputan ser su lugar de nacimiento.
Era hijo de Rui de Magalhães y de Inês Vaz Moutinho. Hermano de Duarte de Sousa, Diogo de Sousa, Isabel de Magalhães, Genebra de Magalhães y Aires de Magalhães. El padre de Fernando, Rui de Magalhães, fue caballero hidalgo de la casa de D. Afonso, conde de Faro, señor de Aveiro y alcalde mayor de Estremoz. Rui fue alcalde de Aveiro, donde está documentado en 1486; entre 1472 y 1478 ejerció cargos de juez ordinario, procurador de cámara y concejal en Oporto. Su hermano Aires de Magalhães siguió la carrera eclesiástica, recibiendo el subdiaconado en Braga en 1509. Magallanes tenía cerca de diez años cuando entró a servir como paje en la corte de la reina Leonor, consorte de Juan II de Portugal. Se casó en Sevilla en 1517 con Beatriz Barbosa, pariente suya, hija de Diogo Barbosa y María Caldeira, y tuvo dos hijos: Rodrigo, que falleció muy niño, y Carlos que murió al nacer.

En marzo de 1505, con 25 años, se alistó en la Armada de la India, en la flota de 22 navíos enviados para instalar a Francisco de Almeida como primer Virrey de la India. Aunque su nombre no aparezca en las crónicas, se sabe que permaneció allí ocho años y que estuvo en Goa, Cochin y Quíloa. Participó en varias acciones militares, incluyendo la batalla naval de Cannanore (frente a la actual ciudad portuaria de Kannur, Kerala) donde fue herido, y en la decisiva batalla de Diu. En 1509 partió en la primera expedición a Malaca comandada Diogo Lopes de Sequeira, junto con Francisco Serrão, su amigo y posiblemente primo.2 Llegados a Malaca en septiembre, fueron víctimas de una conspiración y la expedición terminó en fuga dejando atrás diecinueve prisioneros. Magallanes tuvo un papel crucial avisando a Sequeira y salvando a Serrão que había desembarcado, actos que le valieron honores y una promoción.
Al servicio del nuevo gobernador, Afonso de Albuquerque, participó junto con Serrão en la conquista de Malaca en 1511. Luego de la conquista de la ciudad, los caminos de los amigos se separaron: Magallanes, promovido, con un rico botín y en compañía de un esclavo adquirido en Sumatra, Enrique de Malaca, regresó a Europa. Serrão partió en la primera expedión enviada a las "Islas de la Especiería", las Molucas. Allí permaneció y se casó con una mujer de Amboina, volviéndose consejero militar del sultán de Ternate. Sus cartas a Magallanes serían decisivas, pues de ellas obtuvo informaciones sobre la situación de los lugares productores de especias. Mientras tanto Magallanes, después de participar en la batalla de Azamor (Marruecos), ya de servicio en esa ciudad, fue acusado de comerciar ilegalmente con los moros; al comprobarse varias de las acusaciones cesaron las ofertas de empleo a partir del 15 de mayo de 1514. Posteriormente, en 1515, le ofrecieron formar parte de la tripulación de un navío portugués, pero rechazó la oferta. De regreso en Lisboa, se dedicó a estudiar las cartas más recientes, investigando junto al cosmógrafo Rui Faleiro un pasaje hacia el Pacífico por el Atlántico Sur y la posibilidad de que las Molucas estuviesen en la zona española definida en el Tratado de Tordesillas.


En 1517 fue a Sevilla con Rui Faleiro, y encontró en Juan de Aranda,el factor de la "Casa de Contratación" sevillana, un aliado importante para el proyecto que había concebido: dar a España la posibilidad de llegar a las Molucas por Occidente, atravesando mares no reservados a los portugueses por el Tratado de Tordesillas y, además de eso, según Faleiro, probar que las "Islas de la Especiería" se encontraban en el hemisferio castellano. Con la influencia de Juan Rodríguez de Fonseca, obispo de Burgos, consiguieron la aprobación del rey Carlos I. El 22 de marzo de 1518 Carlos I nombra capitanes a Magallanes y Faleiro para que partan a la búsqueda de las Islas de la Especiería, y en julio los eleva al grado de comendadores de la Orden de Santiago y les otorga un conjunto de privilegios:
el monopolio de la ruta descubierta por el término de diez años;
el nombramiento como gobernadores de las tierras e islas que encontrasen, con el cinco por ciento de las ganancias netas que resultasen;
un vigésimo de las ganancias del viaje;
el derecho a retener mil ducados sobre los próximos viajes, pagando solo cinco por ciento sobre el excedente;
la concesión de una isla a cada uno, excepto de las seis más ricas de las cuales no recibirían más que una décimoquinta parte.

Comenzaron los lentos preparativos para el viaje, que estuvieron plagados de incidentes: insuficiencia de fondos, maniobras del rey de Portugal que procuraba hacerlos encarcelar, desconfianza de los castellanos hacia Magallanes y los otros portugueses involucrados, sin olvidar el difícil carácter de Faleiro.4 Por intermedio del obispo de Burgos, obtienen la participación del mercader Cristóbal de Haro que suministra una parte de los fondos y las mercaderías para trocar por especias. El cartógrafo portugués Diogo Ribeiro, al servicio de la Casa de Contratación desde 1518, participó en el desarrollo de los mapas utilizados en el viaje.
Después de romper con Faleiro, Magallanes continuó aparejando las naves que habrían de partir de Sanlúcar de Barrameda. La tripulación se componía de marinos de muy distintos orígenes, con un importante número de portugueses y vascos. Entre los primeros, alrededor de cuarenta, se contaban Álvaro de Mesquita, primo hermano de Magallanes, Duarte Barbosa, primo de la esposa de Magallanes, João Serrão, primo o hermano de Francisco Serrão y Estevão Gomes. Acompañaba también a Magallanes su esclavo Enrique de Malaca.5
Antonio Pigafetta, cronista y geógrafo de la República de Venecia, que participó de la expedición a sus propias expensas, escribió un diario completo del viaje, posibilitado por el hecho de haber sido uno de los pocos viajeros en retornar vivo a Europa. De esa forma, legó a la posteridad un raro e importante registro de donde se puede extraer mucho de lo que se sabe de este episodio de la historia.
El 10 de agosto de 1519 se anunció en Sevilla la partida de la escuadra de cinco naves, capitaneada por Fernando de Magallanes que, descendiendo por el Guadalquivir, llegó hasta Sanlúcar de Barrameda, puerto que da al océano Atlántico.6 Durante las siguientes semanas, se acabó de avituallar la escuadra y se resolvieron otros asuntos, mientras el propio Magallanes otorgó testamento en Sevilla el 24 de agosto.7

La expedición parte de Sevilla el 10 de agosto de 1519. Tras una prolongada escala de avituallamiento, el 20 de septiembre la expedición zarpó definitivamente de Sanlúcar de Barrameda (Cádiz), con la intención de encontrar el paso marítimo hacia los territorios de las Indias Orientales y buscar el camino que, recorriendo siempre mares castellanos (según el Tratado de Tordesillas), llegase a las islas de las Especias, lo que era la llamada ruta hacia el oeste, que ya había buscado Cristóbal Colón.

Después de recalar en las Canarias (26 septiembre de 1519), pasaron frente a las islas de Cabo Verde y a las costas de Sierra Leona, tocando las tierras de lo que hoy es Río de Janeiro el 13 de diciembre. Siguieron hacia el sur, pasando por el Río de la Plata (ya descubierto por Juan Díaz de Solís en 1516), en marzo de 1520, y llegaron a la bahía San Julián, que exploraron en busca de un posible paso. Magallanes, en vista de la llegada del invierno, decidió recalar allí hasta la primavera.

Lo inhóspito de aquellos parajes y el racionamiento de víveres al que estaban sometidos fomentaron el descontento entre la tripulación y el deseo de regresar. Se produjo una conspiración contra Magallanes dirigida por Gaspar de Quesada, capitán de la Concepción, y el veedor Juan de Cartagena, que había sido relevado del mando de la San Antonio. Pese a que la insurrección prendió en tres de las naves, Magallanes logró sofocarla. Uno de los capitanes amotinados fue asesinado y los restantes sometidos a juicio, en el que Quesada fue condenado a muerte y Cartagena abandonado en la costa.

Pasado ese suceso llegan el 1 de noviembre de 1520 hasta el que llamarían "Estrecho de todos los santos" (en honor a ese día), el cual será llamado más tarde estrecho de Magallanes. Cruzarlo fue muy difícil, dado lo complicado de las costas. Para encontrar el paso, una nave se adelantaba en exploración buscando el mejor camino y volviendo sobre sus propios pasos para hacerse seguir por el resto hasta la zona explorada. 28 de Noviembre de 1520 alcanza el cabo deseado logrando alcanzar el pacifico. Una vez terminadas estas minuciosas etapas consiguieron salir del «laberinto» hacia el océano Pacífico, al que bautiza con tal nombre (que permanecería, haciendo olvidar el anterior de Mar del Sur) debido a que en su camino no se cruza con ninguna tempestad.

Durante el cruce del océano pacifico alcanzaron diferentes isla. El 21 de enero de 1521 alcanza la isla de los tiburones y el 4 de febrero la isla de san pablo.

La Expedición de Magallanes-Elcano estuvo plagada de contratiempos y dificultades. La mala suerte de Magallanes quiso que en el largo derrotero de tres meses entre el estrecho de Magallanes y las islas Molucas no descubriera ningún punto de tierra firme, por lo que la hambruna y el escorbuto azotaron a su tripulación, hasta el punto de que se pagaban cuantiosas monedas por una simple rata para devorar. El agua se pudrió, apareció el escorbuto y los hombres comían incluso cuero reblandecido y serrín.
Antonio Pigafetta relata:
"La galleta que comíamos ya no era más pan sino un polvo lleno de gusanos que habían devorado toda su sustancia. Además, tenía un olor fétido insoportable porque estaba impregnada de orina de ratas. El agua que bebíamos era pútrida y hedionda. Por no morir de hambre, nos hemos visto obligados a comer los trozos de cuero que cubrían el mástil mayor a fin de que las cuerdas no se estropeen contra la madera... Muy a menudo, estábamos reducidos a alimentarnos de aserrín; y las ratas, tan repugnantes para el hombre, se habían vuelto un alimento tan buscado, que se pagaba hasta medio ducado por cada una de ellas... Y no era todo. Nuestra más grande desgracia llegó cuando nos vimos atacados por una especie de enfermedad que nos inflaba las mandíbulas hasta que nuestros dientes quedaban escondidos...".
Antonio Pigafetta. Cronista de la expedición


El 6 de marzo de 1521 encontró una isla en la que los navegantes aprovecharon para descansar y recoger víveres. Pronto acudirían a aquella isla numerosos indígenas con regalos para estos nuevos «visitantes».  Esta Isla descubierta se denominó la Isla de los Ladrones (Marianas) . Posteriormente descubre el archipiélago de las Filipinas (llega a Samar el 16 de marzo, a Homonhom el 17, a Limasawa el 28, a Cebu el 7 de abril y a Mactan el 27 de abril.

Consiguieron instalar un almacén en Borneo, donde entablaron buenas relaciones con los indígenas. Sin medios y con una sola nave emprendió el regreso por mares lusos, el camino más conocido, con tierras donde aprovisionarse, e intentando esquivar puertos y flotas portuguesas.

Magallanes pereció en la llamada Batalla de Mactán con una tribu cebuana encabezada por el jefe tribal Lapu-Lapu, en la isla filipina de Mactán.

Tras la muerte de Magallanes en Filipinas, en 1521, fue elegido jefe de la expedición Gonzalo Gómez de Espinosa y al frente de la nave Victoria, se puso de capitán Juan Sebastián Elcano. Tras arribar a las islas Molucas (el 8 de noviembre se llegó a Tidore, el 29 de diciembre a ambom) se puso rumbo a Timor a donde se arribó el 25 de enero de 1522  y  se emprendió el regreso a España.

El 19 de mayo de 1522 se alcanzaba el cabo de buena esperanza, el 9 de julio Cabo Verde.

Elcano completó la primera circunnavegación del globo, consiguiendo llevar a término la expedición y llegar al puerto de partida, Sanlúcar de Barrameda, el 6 de septiembre de 1522 en la nao Victoria, junto con otros 17 supervivientes, lo que suponía el logro de una imponente hazaña para la época. Finalmente, el 8 de septiembre, fue descargada en Sevilla la única nave que había logrado regresar con vida.



Francisco Hernández de Córdoba (Explorador de yucatan)

(¿1475? + Sancti Spíritus, Cuba 1517) fue un conquistador español, que ha pasado a la historia por la accidentada expedición que dirigió entre febrero y mayo de 1517, durante la cual exploró, para el Imperio español, la Península de Yucatán. Hay que indicar que el no fue el primero en descubrir estas tierras pero si fue el principal explorador de ellas, fruto de esta exploración descubrió Campeche.

Francisco Hernández de Córdoba era uno de los encomenderos más ricos asentados en la isla de Cuba a raíz de su conquista en 1511. Fue nombrado por el Gobernador de la isla, Diego Velázquez de Cuéllar, jefe de la expedición que debía explorar los mares al occidente de Cuba y sus posibles islas o costas continentales.
Partió de Cuba en febrero de 1517 y halló la costa de lo que hoy es la península de Yucatán. Saliendo del puerto de Ajaruco, en la banda norte de la provincia de La Habana, según Díaz del Castillo, o de Santiago según algunos autores modernos,1 la flota fue sorprendida por una tormenta que la llevó a tierra. Observaron cómo se acercaban los pobladores del lugar, con cara alegre y muestras de paz. Cuando los españoles preguntaron con señas por el nombre del lugar, los mayas respondieron "in ca wotoch", que quiere decir esta es mi casa. Por esta causa le pusieron a esa tierra Punta de Catoche, hoy Cabo Catoche.
Durante su desarrollo, los españoles tuvieron por primera vez constancia de la presencia en América de culturas avanzadas (los mayas), con casas de cal y canto y organización social de complejidad más próxima a la del Viejo Mundo, y se tuvo también esperanza de existencia de oro.
Halló muchos poblados habitados y entabló en ellos contactos puntuales, pero generalmente hostiles, al punto que resultó para los españoles muy difícil el acopio de agua, por los ataques de que eran objeto. En uno de ellos, en el lugar que llamaron Champotón, el ataque fue mucho más fiero de lo normal y causó muchos muertos a los expedicionarios, siendo casi todos, incluido Hernández de Córdoba, heridos por arma arrojadiza: flechas y azagayas.
El piloto Antón de Alaminos decidió levar anclas y dirigir sus barcos a Florida, lugar que conocía por haber participado en la expedición de Juan Ponce de León en 1512. Allí recalaron lo justo para recoger víveres y agua y regresar a Cuba.
Pero Hernández no vivió la continuidad de su obra: murió en aquel mismo año de 1517, apenas dos semanas después de regresar de su desgraciada expedición, como resultado de las heridas y la sed sufridas durante el viaje, y decepcionado al saber que Diego Velázquez había preferido a Juan de Grijalva como capitán de la siguiente expedición a Yucatán.
Las noticias de la expedición alentaron a Velázquez, que presumió la presencia de oro en poblaciones como las descubiertas y organizó otras dos expediciones, al mando primero de Juan de Grijalva, en 1518, y luego de Hernán Cortés, en 1519, que finalmente terminó de explorar y poblar Mesoamérica durante la Conquista de México.
Este artículo se centra en la expedición del descubrimiento de Yucatán, que es por otro lado lo único que puede incluir una biografía de Hernández de Córdoba, dado que de su vida anterior sólo se sabe que residía en Cuba en 1517, por lo que seguramente habría participado en su conquista, y que era un hacendado rico que tenía un poblado de indios, así como amistades con suficiente capacidad económica como para ayudarle a financiar la expedición que le daría a la vez la inmortalidad y la muerte.

El ocho de febrero de 1517 salieron del puerto de Ajaruco, en La Habana, o quizás en esa fecha o algo antes de Santiago, dos navíos y un bergantín, tripulados por más de 100 personas. El capitán de la expedición era Francisco Hernández de Córdoba, y el piloto Antón de Alaminos, de Palos. Camacho de Triana y Joan Álvarez, “el manquillo”, de Huelva, eran los pilotos de los otros dos navíos.
Hasta el 20 de febrero costearon la isla Fernandina (Cuba). Alcanzada la punta de San Antón, salieron a mar abierto.
Siguieron dos días con sus noches de fuerte tormenta, según Bernal, tan fuerte como para poner en peligro los barcos, y en todo caso suficiente como para consolidar la duda sobre el objetivo de la expedición, porque tras la tormenta podría sospecharse que las naves estaban perdidas.
Luego tuvieron veintiún días de bonanza, tras los cuales vieron tierra y, muy próxima a la costa y visible desde los barcos, la primera población de gran tamaño avistada en América, con las primeras casas de cal y canto. Los españoles, que evocaban lo musulmán en todo lo que, siendo desarrollado, no fuera cristiano, llamaron a esta primera ciudad descubierta en América El gran Cairo, como luego llamarían mezquitas a las pirámides, y en general a cualquier centro religioso.
Es razonable designar a este momento como el descubrimiento de Yucatán —incluso "de México", si se entiende México en su sentido y con sus fronteras modernas—, pero debe recordarse que los expedicionarios de Hernández no eran los primeros españoles que pisaban Yucatán. En 1511 un barco de la flota de Diego de Nicuesa, que regresaba a La Española, naufragó cerca de las costas de Yucatán, y algunos de sus ocupantes consiguieron salvarse. En el momento en que los soldados de Hernández avistaron y nombraron a El gran Cairo, dos de esos náufragos, Jerónimo de Aguilar y Gonzalo Guerrero, vivían en la zona de Campeche, hablaban el dialecto maya de la zona, y el segundo incluso, parece que gobernaba una comunidad indígena. Eso no quita el mérito del descubrimiento a Hernández: al descubrimiento suele exigírsele que el hallazgo sea un acto voluntario, no un naufragio, y se le requiere también cierta prestancia y superioridad; los náufragos de Nicuesa que no fueron muertos por los nativos, acabaron, como era de esperarse, sometidos por ellos.

Ahora bien, se ha establecido la hipótesis en el sentido de que la península de Yucatán ya había sido descubierta previamente a la expedición de Francisco Hernández de Córdoba. No sólo está el hecho de la presencia de españoles en la península de Yucatán que se demostró cuando Hernán Cortés la visitó durante su expedición de conquista, sino que algunos autores como Michel Antochiw Kolpa, historiador y cartógrafo, en su reciente obra laureada Historia Cartográfica de la Península de Yucatán señala y sustenta cartográficamente:
"....Existe (entonces) la posibilidad de que Yucatán haya sido visitado por lo menos dos veces antes de su "descubrimiento", ambas por navegantes portugueses, la primera vez desde el norte, la segunda desde el sur..."
La propia enciclopedia Yucatán en el tiempo, en el artículo correspondiente a "Historiadores de Yucatán" dice:
"...todavía persisten dudas sobra la fecha real y la identidad del autor del descubrimiento (de Yucatán), ya que el mapa más antiguo en que aparece Yucatán data de 1513, cuatro años antes del viaje de Hernández de Córdoba...
En todo caso, aunque no fuera el primer en descubrir Yucatán, Cordoba fue el que exploró y estudió estas tierras.

Los navegantes adelantaron los dos barcos de menor calado, para saber si podían fondearlos con seguridad junto a tierra. Bernal data el 4 de marzo de 1517 el primer encuentro con indios de Yucatán, que acudieron a esos barcos en diez canoas grandes, tanto a remo como a vela. Entendiéndose por señas, los indios —los primeros intérpretes, Julián y Melchor, los habría de obtener precisamente esta expedición— siempre con alegre cara y muestras de paz comunicaron a los españoles que al día siguiente acudirían más piraguas, para llevar a los recién llegados a tierra.
Este momento en que los indios subieron a las naves españolas y aceptaron las sartas de cuentas verdes y demás baratijas preparadas al efecto fue uno de los pocos contactos pacíficos que tuvo el grupo de Hernández con los indios, e incluso en este las muestras de paz eran fingidas. Precisamente durante estos contactos del 4 de marzo podrían haber nacido dos topónimos, Yucatán y Catoche, cuya historia sorprendente y divertida —acaso demasiado para ser del todo cierta— se cita a menudo: sea historia o leyenda, ésta quiere que los españoles hayan preguntado a los indios por el nombre de la tierra que acababan de descubrir, y que al escuchar su respuesta, bastante predecible: "no entiendo lo que dices"... "ésas son nuestras casas"... pusieran a la tierra por nombre justo lo que escuchaban: Yucatán, que querría decir "no te entiendo", para la "Provincia”" completa (o isla, según creían ellos), y Catoche, que significaría "nuestras casas", a la población donde desembarcaron y al cabo.
Fray Diego de Landa dedica el segundo capítulo de su Relación de las cosas de Yucatán a la Etimología del nombre de esta Provincia. Situación de ella y en él nos confirma el caso del cabo Catoche, que procedería efectivamente de cotoch, “nuestras casas, nuestra patria”, pero no parece en cambio que confirme lo de que Yucatán signifique "no entiendo".
Finalmente, Bernal Díaz del Castillo también se ocupa del asunto. Confirma la etimología de Catoche como "nuestras casas", pero aporta para Yucatán una explicación todavía más sorprendente que la de "no te entiendo". Según ella, los dos indios capturados en la batalla de Catoche, Julianillo y Melchorejo, en sus primeras conversaciones con los españoles en Cuba, y estando presente Diego Velázquez, habrían hablado del pan. Los españoles explicando que su pan estaba hecho de "yuca", los indios mayas aclarando que al suyo le decían "tlati", y de la repetición de "yuca" (voz caribe, no maya) y "tlati" durante esta conversación, los españoles habrían deducido falsamente que les estaban intentando enseñar el nombre de su tierra: Yuca-tán.
Es probable que el primer narrador de la historia del "no te entiendo" fuera Fray Toribio de Benavente, Motolinía, que al final del capítulo 8 del tratado tercero de su Historia de los indios de la Nueva España dice: "porque hablando con aquellos Indios de aquella costa, a lo que los Españoles preguntaban los Indios respondían: «Tectetán, Tectetán», que quiere decir: «No te entiendo, no te entiendo»: los cristianos corrompieron el vocablo, y no entendiendo lo que los Indios decían, dijeron: «Yucatán se llama esta tierra»; y lo mismo fue en un cabo que allí hace la tierra, al cual también llamaron cabo de Cotoch; y Cotoch en aquella lengua quiere decir casa.

Al día siguiente, según lo prometido, los indios volvieron con más piraguas para trasladar a los españoles a tierra. Éstos contemplaron bastante alarmados cómo la costa se llenaba de nativos, presintiendo que el desembarco podía ser peligroso. No obstante, bajaron a tierra como lo solicitaba su hasta ahora amable anfitrión, el cacique de El gran Cairo, aunque por precaución usaron sus propios bateles en lugar de aceptar ser llevados por los indios en canoas, y por supuesto salieron armados, procurando sobre todo llevar ballestas y escopetas ("quince ballestas y diez escopetas", si creemos en la increíble memoria de Bernal Díaz del Castillo).
Los temores de los españoles se confirmaron inmediatamente. El cacique les tenía preparada una emboscada en cuanto pisaran tierra. Multitud de indios los atacaron, armados con lanzas, rodelas, hondas (hondas dice Bernal; Diego de Landa niega que los indios de Yucatán conocieran la honda; sostiene que lanzaban las piedras con la mano derecha, utilizando la izquierda para apuntar; pero la honda era conocida en otros puntos de Mesoamérica, y el testimonio de los que recibían las pedradas merece sin duda más crédito), flechas lanzadas con arco, y armaduras de algodón. Sólo la sorpresa producida en los indios por las cortantes espadas, las ballestas y las armas de fuego pudo ponerlos en fuga, consiguiendo los españoles volver a embarcar, no sin sufrir los primeros heridos de la expedición.
Durante esta batalla de Catoche ocurrieron dos hechos que tendrían gran influencia futura: uno fue el haber hecho prisioneros a dos indios, a los que una vez bautizados se les llamó Julián y Melchor, o más frecuentemente Julianillo y Melchorejo: habrían de ser los primeros intérpretes de los españoles en tierra maya, en la expedición de Grijalva. Otro fue la curiosidad y valor del clérigo González, capellán del grupo, que habiendo saltado a tierra con los soldados, se entretuvo en explorar —y desvalijar— una pirámide y unos adoratorios, mientras sus compañeros intentaban salvar la vida. El clérigo González vio por primera vez los ídolos, y recogió piezas "de medio oro, y lo más cobre", que de todos modos serían suficientes para excitar la codicia de los españoles de Cuba, al regreso de la expedición.
Al menos dos soldados murieron como resultado de las heridas de esa batalla.
De vuelta en los navíos, Antón de Alaminos impuso una navegación lenta y vigilante, moviéndose sólo de día, porque estaba empeñado en que Yucatán era una isla. Además, empezó la mayor penalidad de los viajeros, la falta de agua de boca a bordo. Los depósitos de agua, pipas y vasijas, no eran de la calidad requerida para largas travesías; perdían agua y no la conservaban bien, exigiendo frecuentes desembarcos para renovar el imprescindible líquido.
Cuando fueron a tierra para llenar las pipas, cerca de un pueblo al que llamaron Lázaro (En lengua de indios se llama Campeche, nos aclara Bernal), los indios se les acercaron una vez más con apariencia pacífica, y les repitieron una palabra que debería haberles resultado enigmática: "Castilian". Luego se atribuyó la palabra a la presencia en las proximidades de Jerónimo de Aguilar y de Gonzalo Guerrero, los náufragos de Nicuesa. Los españoles encontraron un pozo "de cal y canto" utilizado por los indios para abastecerse de agua dulce, y pudieron llenar sus pipas y vasijas. Los indios, otra vez con aspecto y maneras amigables, los llevaron a su poblado, donde una vez más pudieron ver construcciones sólidas y muchos ídolos (Bernal alude a los "bultos de serpientes" en las paredes, tan característicos de Mesoamérica). Conocieron además a los primeros sacerdotes, con su túnica blanca y su larga cabellera impregnada de sangre humana. Estos sacerdotes les hicieron ver que las muestras de amistad no continuarían: convocaron a gran cantidad de guerreros y mandaron quemar unos carrizos secos, indicando a los españoles que si no se marchaban antes de que se extinguiera el fuego, los atacarían. Los hombres de Hernández decidieron retirarse a los barcos, con sus pipas y aljibes de agua, y consiguieron hacerlo antes de que los indios los atacaran, saliendo bien librados del descubrimiento de Campeche.

Pudieron navegar unos seis días de buen tiempo y otros cuatro de temporal, que a punto estuvo de hacerlos naufragar. Pasado ese tiempo, el agua dulce se les volvió a agotar por culpa del mal estado de los depósitos. Estando ya en situación extrema, se detuvieron a recoger agua en un lugar que Bernal a veces llama Potonchán y a veces por su nombre actual de Champotón, donde discurre el río del mismo nombre. En cuanto habían henchido las pipas, se vieron rodeados de muchos escuadrones de indios. Pasaron la noche en tierra, con grandes precauciones y guardados por "velas y escuchas".
Esta vez los españoles decidieron que no debían escapar, como en Lázaro-Campeche: necesitaban agua, y la retirada parecía más peligrosa que el ataque si los indios la estorbaban. Así que decidieron luchar, con resultado muy adverso: nada más empezar la batalla ya habla Bernal de ochenta españoles heridos. Recordando que los originalmente embarcados eran un centenar de personas, no todos soldados, eso da idea de que estuvieron muy cerca de terminar en ese momento la expedición. Pronto descubrieron que los escuadrones de indios se multiplicaban con nuevos refuerzos, y que si bien espadas, ballestas y arcabuces los asustaban al principio, conseguían superar la sorpresa procurando asaetear a distancia a los españoles, para mantenerse alejados de sus espadas. Al grito de "Calachumi", que los conquistadores pronto supieron traducir como "al jefe", los indios se ensañaron especialmente con Hernández de Córdoba, que llegó a recibir diez flechazos. También aprendieron los españoles el empeño de sus oponentes por capturar personas vivas: dos fueron hechas prisioneras y seguramente sacrificadas después; de una sabemos que se llamaba Alonso Boto, y a la otra Bernal sólo es capaz de recordarla como "un portugués viejo"
Llegó un momento en que sólo quedaba un soldado ileso, el capitán debía estar prácticamente inconsciente, y la agresividad de los indios se multiplicaba. Decidieron entonces como último recurso romper el cerco de los indios en dirección a los bateles, y volver a abordarlos —sin poder ocuparse de sus pipas de agua— para ganar los barcos. Afortunadamente para ellos, los indios no se habían preocupado de retirar o inutilizar las barcas, como habrían podido hacer. Se ensañaron, en cambio, en el ataque con flechas, piedras y lanzas a los bateles en fuga, que se desequilibraron por el peso y movimiento, y acabaron dando al través o volcando. Los supervivientes de Hernández tuvieron que desplazarse asidos a las bordas de las lanchas, medio nadando, pero al final fueron recogidos por el barco de menor calado, y puestos a salvo.
Los supervivientes, al pasar lista, tuvieron que lamentar la falta de cincuenta compañeros, incluyendo los dos que se llevaron vivos. El resto estaban muy malheridos, con excepción de un soldado llamado Berrio, que resultó sorprendentemente ileso. Cinco murieron en los días siguientes, siendo arrojados al mar sus cadáveres.
Los españoles llamaron al sitio "costa de la mala pelea", y así figuró en los mapas durante algún tiempo.

Los expedicionarios habían vuelto a las naves sin el agua dulce que obligó al desembarco. Además, veían mermada su tripulación en más de cincuenta hombres, muchos de ellos marineros, lo que unido a la gran cantidad de heridos graves les impedía maniobrar los tres barcos. Se deshicieron del de menor calado quemándolo en alta mar, después de haber repartido en los otros dos sus velas, anclas y cables.
La sed comenzó a ser intolerable. Bernal habla de que se les agrietaban lenguas y gargantas, y de soldados que fallecieron porque la desesperación los llevó a ingerir agua de mar. Otro desembarco de quince hombres, en un lugar al que llamaron Estero de los lagartos sólo obtuvo agua salobre, que aumentó la desesperación de los tripulantes.
Los pilotos Alaminos, Camacho y Álvarez decidieron, a iniciativa de Alaminos, navegar a Florida en lugar de hacerlo directamente a Cuba. El piloto mayor Alaminos recordaba su exploración de La Florida con Juan Ponce de León, y creía saber que esa era la ruta más segura, aunque nada más llegar a Florida advirtió a sus compañeros de la belicosidad de los indios locales. Efectivamente, las veinte personas —entre ellas Bernal y el piloto Alaminos— que desembarcaron en busca de agua fueron atacadas por nativos, aunque esta vez lograron sobreponerse a ellos, no sin que Bernal recibiera su tercera herida del viaje, y Alaminos un flechazo en la garganta. Desapareció también uno de los vigías que se habían puesto en torno a la tropa, Berrio, precisamente el único soldado que había resultado ileso en Champotón. Pero pudieron regresar al barco, y por fin llevaban agua dulce que alivió el sufrimiento de los que habían permanecido en el barco, aunque uno de ellos, siempre según Bernal, bebió tanta que se hinchó y murió a los pocos días.
Ya con agua, se dirigieron a La Habana con los dos navíos restantes, y no sin dificultades —los barcos estaban deteriorados y ya hacían agua, y algunos marineros levantiscos se negaban a accionar las bombas— pudieron desembarcar en el puerto de Carenas (La Habana), dando por terminado el viaje.
En algún momento entre 1517 y 1518, los españoles dejaron abandonada en la isla de Términos (actualmente isla del Carmen) a una perra de caza, la lebrela de Términos, que luego recuperaría la expedición de Cortés. Bernal Díaz del Castillo refiere que fue Grijalva el que perdió la perra, pero Cortés atribuye el anecdótico suceso a Hernández. Si fuera así, como supone el moderno biógrafo de Cortés Juan Miralles, debería revisarse la ruta de vuelta de su expedición, que no iría de Champotón a Florida directamente, sino recalando en la isla del Carmen, algo más al sur.

El descubrimiento de las construcciones arquitectonicas y de la joyas de oro de El Gran Cairo (Yucatan), en marzo de 1517, fue sin duda un momento crucial en la consideración de las Indias por los españoles: hasta entonces, nada se había asemejado a las historias de Marco Polo, o a las promesas de Colón, que adivinaba Catay —y hasta el Jardín del Paraíso— tras cada cabo y en cada río. Lejos todavía los encuentros con las culturas azteca e inca, El Gran Cairo era lo más parecido a ese sueño que los conquistadores habían contemplado hasta entonces. De hecho, cuando llegaron noticias a Cuba, los españoles reavivaron su imaginación, creando otra vez fantasías sobre el origen de los pueblos descubiertos, que remitían a "los gentiles" o a "los judíos desterrados de Jerusalén por Tito y Vespasiano".

De la importancia que se dio a las noticias, objetos y personas que Hernández llevó a Cuba da idea la rapidez con la que se preparó la siguiente expedición que Diego Velázquez encargó a Juan de Grijalva, pariente suyo y persona de su confianza. Las noticias de que en esa isla de Yucatán había oro, confirmadas además con entusiasmo por Julianillo, el indio prisionero desde la batalla de Catoche, cebaron el proceso que concluiría con la Conquista de México por la tercera flota enviada, la de Hernán Cortés.

Rodrigo de Bastidas (Descubridor costas colombia-panama)

(Sevilla, 1445-Santiago de Cuba, 1527) Adelantado, conquistador español, descubridor del litoral atlántico colombiano, Panamá y el río Magdalena y fundador del puerto de Cartagena y de Santa Marta.
Fue un navegante andaluz, afincado en Triana, en Sevilla. Participó en el Segundo Viaje de Colón a las Indias en 1493 y en 1501 recorrió Panamá y gran parte del territorio colombiano.
El 5 de junio del año 1500, a Bastidas se le concedió licencia para descubrir islas o tierras que no fueron visitadas por Colón u otros navegantes, así como tierras no pertenecientes a Portugal, desde las costas del Cabo de la Vela en Coquibacoa.
En 1501 zarpó del puerto de Cádiz en dos naves: San Antón y Santa María de Gracia, más un bergantín y un chinchorro. En este viaje lo acompañaban Juan De La Cosa y Vasco Núñez de Balboa.
Descubrió las costas de Colombia y las bahías de Santa Marta, Cartagena y Cispatá, llegó a las costas panameñas (en la actual comarca de Guna Yala) después de haber recorrido el litoral venezolano y descubierto el río Magdalena y el golfo de Urabá, continuó con su tarea exploradora y descubrió el istmo de Panamá, recorrió los puertos de Retrete y Nombre de Dios, entonces mandó hacer un puerto que bautizó en su honor como El Escribano. Sin embargo, al tener las naves en muy mal estado, debe regresar a la isla La Española (actual Santo Domingo), en donde estaba la principal base de operaciones de los viajeros españoles.
Al llegar a las costas de La Española, una de sus naves naufragó, pero logró salvar parte de su carga (que se trataba en mayor parte de oro). En esta isla fue acusado de negociación ilegal con los indígenas. Después de ser procesado en 1502 por Francisco de Bobadilla (que también procesó a Colón) fue declarado inocente de los cargos y una vez pagados los derechos a la Corona, los Reyes Católicos le otorgaron el cobro de una renta anual sobre la producción de la provincia de Urabá y Zenú.

En 1525 de regreso a América, fundó la ciudad de Santa Marta (actual capital del departamento colombiano de Magdalena) entre el cabo de la Vela y el río Magdalena, una de las primeras ciudades continentales de América que aún existe. Juan Villafuerte, su propio lugarteniente, dirigió una conspiración contra Bastidas que casi le cuesta la vida. Herido en el atentado, intentó volver a La Española. El 28 de julio de 1527, al anclar en Santiago de Cuba, falleció. Sus restos reposaron en Santo Domingo hasta que a mediados del siglo XX fueron trasladados a Santa Marta por petición del gobierno local y reposan actualmente en la catedral de la ciudad.

Pedro Alonso Niño (Descubridor isla margarita)

(¿1468?- 1502), navegante y descubridor nacido en Moguer (España). Era el segundo hermano de los "Niño" que participaron activamente en el Descubrimiento de América. Fue como piloto mayor en la nao capitana Santa María en el primer viaje descubridor. También acompañó a Cristobal Colón y demás miembros de su familia, en el segundo viaje colombino. Pedro Alonso también descubrió, en un viaje posterior a Paria, la Isla Margarita y la Punta de Araya, en las Antillas Menores.

Pedro Alonso Niño o Peralonso Niño, fue el segundo hijo de Alfón Pérez Niño, nació en Moguer, sobre el año 1468. La familia "Niño" constituía una estirpe de marinos avezados y curtidos en travesías por el Atlántico y el Mediterráneo. Fue creciendo en el ambiente marinero de su familia, formándose como marino hasta adquirir amplia experiencia.1 Fue apodado como “El negro”, por su relación con el comercio de esclavos africanos.
Estuvo casado dos veces, con Juana Muñiz, de cuya unión nacieron Juan Niño, Isabel Quintero y Leonor Fernández, y con Leonor de Boria, con quien procreo a Francisco Niño. Alice Gould se inclina, sin embargo, por un solo matrimonio, argumentando las duplicidades o coincidencias en los nombres.
Tuvo una participación fundamental en los preparativos y desarrollo del viaje descubridor. Los Niño, una vez superados los primeras reticencias al proyecto de Colón, se convirtieron en férreos defensores del viaje, y pusieron todo su empeño en llevar a cabo la empresa Colombina. Convencieron a la marineria moguereña, y resto de marinos que habitualmente navegaban con ellos, para que se alistaran en el viaje colombino. Junto a sus hermanos, organizarón los preparativos de la carabela de su familia “La Niña”, en julio de 1492, en el Puerto de la Ribera.1 2
En el primer viaje colombino, cuya partida se produjo el 3 de agosto de 1492, Pedro Alonso fue piloto mayor de la Santa María de la expedición descubridora.2 1 El 12 de octubre de 1492 se culmina el viaje con el descubrimiento del nuevo mundo. Tras el encallamiento de la carabela Santa María, el 25 de diciembre de 1492, “La Niña “se convirtió en la nave capitana. Al mando de La Niña regresa Cristóbal Colón, y Pedro Alonso Niño como piloto mayor.1
En 1493 participó en el segundo viaje colombino, como piloto mayor de la nave capitana. Regresaron rápidamente a la península, ya que estaba en Cádiz el 7 de marzo de 1494. Por este viaje recibió diecisiete mil maravedís.
Entre el 4-9 de abril de 1494, se encontraba en la Corte de Medina del Campo, y en julio en Sevilla, de donde partió de nuevo hacia las indias en octubre. En abril de 1495 estaba de regreso en Sevilla. El 16-17 de junio de 1496, zarpo de nuevo, como piloto mayor, en la nao “Santa María de Guía”, propiedad de García Álvarez de Moguer, junto a las carabelas “Lázaro” y “Catalina”. Tras una corta estancia en Indias, regresaron a Cádiz, el 2 de diciembre de 1496, volviendo como capitán y piloto mayor de la flota.2
Aunque estaba alistado para hacer el tercer viaje colombino, al final no pudo realizarlo. Según parece en esa fecha se encontraba en la corte, enseñando a cartear al príncipe Don Juan, el malogrado hijo varón de los monarcas Fernando e Isabel. Durante su estancia en la corte, gestionó una capitulación que le permitiera viajar a las costas de Paria.1
Pedro Alonso Niño planteó realizar una expedición3 particular a las tierras recién descubiertas, en la Costa de las Perlas (Paria), la cual había dejado deslumbrados a los exploradores de los primeros viajes colombinos. Para ello buscó la financiación de Luis Guerra, el bizcochero de Triana, rico comerciante al que impuso que su hermano Cristóbal Niño fuera el capitán de la expedición, quedando Pedro Alonso Niño de piloto mayor de la nave, una carabela con 33 hombres.2
La marinería estaba compuesta por gentes de la confianza de Pedro Alonso como, Alonso García, Juan Barrero, que habían estado ya en el lugar y, por lo tanto, estaban familiarizados con lo que se iban a encontrar.
Bartolomé de las Casas relata la gesta de Alonso de esta forma:

Uno de los primeros que a par cuasi de Hojeda vinieron a descubrir, fueron un Peralonso Niño y un Cristóbal Guerra, vecinos, el Guerra, de Sevilla, y el Peralonso creo que era del Condado. Este Peralonso Niño vino cierto con el Almirante al descubrimiento de Paria, y debióse de tornar a Castilla en los cinco navíos, y esto está probado con testigos contestes, y yo he visto sus dichos en el susodicho proceso, y uno que dijo que no había ido en aquel viaje a Peralonso Niño con el Almirante, yo sé que contra el Almirante, por derecho del juicio, podía ser repelido, así que Peralonso Niño habida licencia del rey o del obispo para descubrir, con instrucción y mandado que no surgiese con su navío ni saltase en tierra con 50 leguas de la tierra que había descubierto el Almirante. Como no tuviese tantos dineros como habría menester o quizá ningunos, tractó con Luis Guerra, vecino de Sevilla, que tenía hacienda, que le armase un navío; el Luis Guerra se ofreció a hacello y, entre otras condiciones, fue un tanto que su hermano Cristóbal Guerra fuese por capitán de él. Partió, pues, Peralonso Niño por piloto y Cristóbal Guerra por capitán.
Bartolomé de las Casas

En junio de 1499, una vez realizados todos los preparativos y cargada la nave con las mercancías a intercambiar, salió de la barra de Saltes del puerto de Palos. Siguieron la ruta de Ojeda y llegaron a Paria por el sur. De allí van a la Isla Margarita donde realizan el intercambio de mercancías, consiguiendo una enorme cantidad de perlas, en palabras de Pedro Mártir de Anglería cargaron perlas como si fuera paja. Llegan a Cumaná y siguen consiguiendo perlas. Estos intercambios se hacían por mercancías que, para los españoles, tenían poco valor, al igual que para los indios las perlas, dicen los indios quedaron muy contentos, pensando que iban engañados los cristianos, que adquirieron entonces en sus rescates más de 150 marcos de perlas.4
En esta expedición se descubrió la punta de Araya con sus importantes salinas. Estas salinas permitieron la obtención, desde tiempos tempranos de la conquista, de sal en el Caribe, lo cual facilitó la navegación y las acciones realizadas en esas tierras al poder disponer de ese importante conservaste insitu.2
La vuelta fue a mediados de 1500 y entraron en el puerto de Bayona la Real en Pontevedra (Galicia). En Bayona vendieron 96 marcos de plata y, al parecer quedan con otros tantos. Al no declarar las ganancias y por consiguiente no pagar a los reyes el quinto real, Alonso fue detenido y juzgado, saliendo absuelto y volviendo a Moguer en agosto de 1501. Permaneció en Moguer hasta febrero de 1502, afectado por los acontecimientos y con el favor real perdido, a pesar de haber sido declarado inocente, y seguir siendo uno de los mejores navegantes de su tiempo.
El viaje de Pedro Alonso Niño a la Costa de las Perlas supuso, aparte de los rescates, un gran avance en los descubrimientos geográficos, pués fue el navegante que más se aproximó a la línea equinoccial.
El último viaje que realizó, lo hizo en la flota de Ovando, en cuyo rol lo encontramos como piloto de resguardo, y no como piloto mayor, cargo para el que fue elegido al parecer por el propio Fonseca. La armada de Ovando, formada por treinta y dos barcos, zarpó el 3 de febrero de 1502. No sabemos dónde iba Pedro Alonso Niño, pero por su experiencia técnica y el haber sido nombrado piloto de resguardo, es probable que fuera en la capitana “Santa María del Antigua”. En Canarias la flota se dividió en dos.
A principios de julio, cuando Antonio de Torres regresaba en dicha nao, donde sí iba en esta ocasión Pedro Alonso Niño, un huracán a la altura de Santo Domingo destruyó la flota, no dejando rastro de la misma. Fue sin duda un gran desastre, pues en ella pereció, además de Torres, el comendador Francisco de Bobadilla y Pedro Alonso Niño.
Su desaparición supuso un duro golpe para la navegación y, sobre todo, para su familia, su viuda y sus hijos. La estela de este intrépido y experimentado navegante, fiel a sus raíces, la siguió primero su hijo Francisco, y el hijo de este llamado también Pedro Alonso Niño, quien acabaría por instalarse, después de hacer la conquista y poblamiento de la provincia de Santa Marta, en la actual Colombia, donde se casó y procreó hijos legítimos y naturales, fruto estos últimos de la unión extramarital con una indígena. Esta circunstancia aceleró un proceso de aculturación que con el tiempo se convertiría en la seña de identidad del pueblo americano. En la ciudad de Tunja, el apellido Niño arraigó y ha permanecido inalterable durante siglos (Carradine, 1994, 2009). Algunos de sus descendientes actuales mantienen el apellido.


Juan de la Cosa (Cartografo del mapa mundi mas antiguo con el continente americano)

(Santoña, entre 1450 y 1460-Turbaco, Colombia, 28 de febrero de 1510)1 fue un navegante y cartógrafo español conocido por haber participado en siete de los primeros viajes a América y por haber dibujado el mapa más antiguo conservado en el que aparece el continente americano. Verdaderamente es el primer mapa mundi ya que ningún otro contenía el continente americano. Se puede decir que era un científico de la cartografía de su tiempo.

De la Cosa tuvo un papel destacado en el primer y el segundo viaje de Cristóbal Colón a las Antillas y en 1499 participó como piloto mayor en la expedición de Alonso de Ojeda a las costas del continente sudamericano. A su regreso a Andalucía dibujó su famoso mapamundi y poco después volvió a embarcarse hacia las Indias, esta vez con Rodrigo de Bastidas. En los años siguientes alternó viajes a América bajo su propio mando con encargos especiales de la Corona, incluyendo una misión como espía en Lisboa y la participación en la Junta de pilotos de Burgos de 1508. En 1509 emprendió la que sería su última expedición, de nuevo junto a Ojeda, para tomar posesión de las costas de la actual Colombia. La Cosa murió en un enfrentamiento armado con indígenas antes de poder llegar a ejercer su cargo de alguacil mayor de Urabá.


La Cosa elaboró para los Reyes Católicos o alguien de su corte un mapamundi que es el mapa más antiguo conservado en el que aparece el continente americano. Está pintado sobre dos pieles de pergamino unidas en forma de rectángulo irregular de 96 cm de ancho y 183 cm de largo. En el extremo occidental del mapa aparece una efigie de San Cristóbal, probable alusión a Colón, situado a poniente de las Antillas sobre una inscripción que dice: «Juan de la cosa la fizo en el puerto de S: mã en año de 1500».

Dicho mapa refleja los resultados de los descubrimientos realizados en América durante el siglo XV; con información procedente de los viajes realizados por Colón (viajes de 1492, 1493 y 1498), Alonso de Ojeda, Vicente Yáñez Pinzón, Juan Caboto, Pedro Álvares Cabral y diversos exploradores portugueses que recorrieron África, como Bartolomeu Dias y Vasco da Gama.
La Cosa sugirió que las tierras descubiertas en el norte y el sur de América podían estar unidas formando un solo continente, aunque con la efigie superior hizo un truco para permitir la posibilidad de que existiera un paso marítimo entre ambas en Centroamérica, cosa que Colón creía.15 Cuba aparece ya identificada como una isla, en contra de la opinión de Colón. En general las Antillas aparecen de manera completa y en América del Sur se muestra la costa desde el cabo de la Vela hasta el cabo de San Agustín, mostrando una parte del norte del Brasil. Por el contrario, en América del Norte no se muestran la península de Florida, el golfo de México ni la península de Yucatán. América Central está tapada por la efigie del santo. .
El contorno de las costas de África aparece dibujado por primera vez de manera correcta, gracias a los últimos viajes de exploración realizados por los portugueses. La región de Europa y el Mediterráneo aparece bien detallada, mientras que amplias zonas de Asia se muestran vacías e imprecisas.
El mapa está decorado con rosas de los vientos, banderas, barcos, ciudades, reyes, personajes de la Biblia y figuras mitológicas. Se representan algunos ríos y la mayoría de los topónimos están escritos en castellano antiguo.

El mapamundi de Juan de la Cosa es una de las obras más importantes de la cartografía de finales del siglo XV e inicios del siglo XVI. Fue redescubierto en 1832 por el barón de Walckenaer, ministro plenipotenciario de Holanda en París, que lo compró a un precio muy barato. A la muerte del barón en 1853, se subastó el mapamundi y el gobierno español, aconsejado por Ramón de la Sagra, lo adquirió por 4.321 francos. Desde entonces está expuesto en el Museo Naval de Madrid. Numerosos eruditos han realizado reproducciones y análisis de diversas zonas del mapa de La Cosa. Las primeras fueron las de Alexander von Humboldt en su Atlas géographique et physique des régions équinoxiales du Nouveau Continent de 1834,21 Ramón de la Sagra en 1837 en la Historia física política y natural de la isla de Cuba y el vizconde de Santárem en 1842 con su Atlas de la Edad Media.
Se sabe que La Cosa debió realizar otros mapas importantes pero nunca se han encontrado. En particular consta que en 1503 se le abonaron siete ducados por dos "cartas de marear" que ofreció a la Reina.5
Por otra parte es posible que el bachiller Martín Fernández de Enciso aprovechara sus relaciones amistosas con La Cosa para incorporar parte de sus conocimientos cartográficos en su obra Suma de geografía que trata de todas las partes y provincias del mundo: en especial de las Indias, impresa en Sevilla en 1519.

La Cosa también participo en un viaje al mando de Alonso de Ojeda, que acababa de ser nombrado gobernador de Nueva Andalucía. La Cosa recibió de la Corona el cargo de teniente gobernador y una importante ayuda económica ya que iba a instalarse allí junto a su familia. La expedición partió de Santo Domingo el 10 de noviembre de 1509 con tres embarcaciones y unos 300 hombres, entre ellos un soldado llamado Francisco Pizarro. La Cosa resolvió la disputa entre los dos nuevos gobernadores (Ojeda y Nicuesa) sobre qué lugar exacto del golfo de Urabá sería el límite de sus respectivas gobernaciones, señalando el río Atrato como la frontera entre Veragua y Nueva Andalucía.
Al llegar a Nueva Andalucía en diciembre, Ojeda decidió desembarcar en la bahía de Calamar, desoyendo los consejos de La Cosa que recomendaba que no se perturbara a los indios de la zona donde estaban, ya que eran indígenas que usaban flechas envenenadas. El cántabro proponía dirigirse a las orillas del golfo de Urabá, donde vivían indios menos belicosos a los cuales La Cosa había conocido cinco años atrás, pero finalmente acató la orden de Ojeda. Poco después los expedicionarios se vieron envueltos en un combate con indígenas que se saldó con victoria española, lo que incitó a Ojeda a adentrarse en la selva, persiguiendo a los indígenas en su huida hasta el poblado de Turbaco. Al llegar al poblado, Ojeda, La Cosa y los demás hombres fueron sorprendidos por los indígenas, que dispararon flechas envenenadas. La Cosa cayó muerto, así como la mayoría de sus hombres, pero Ojeda pudo huir.
Al volver Ojeda a la bahía de Calamar se encontró con la expedición de su rival Nicuesa. Enterados del hecho ocurrido en Turbaco, los castellanos dejaron de lado sus diferencias y los hombres de ambas expediciones se vengaron destruyendo el poblado de Turbaco y asesinando a casi todos sus habitantes. Algunas crónicas afirman que cuando hallaron el cadáver de La Cosa parecía un erizo lleno de flechas; otras dicen por el contrario que el cuerpo había sido devorado por los indios.
La viuda de La Cosa recibió 45.000 maravedís y todos los indígenas que tenía en posesión el navegante como indemnización por los servicios prestados. Se desconoce el destino del hijo de La Cosa, el cual debería teóricamente haber heredado el cargo de Alguacil Mayor de Urabá.