Jordi Sabater Pi (Primatólogo, etólogo)


Jordi Sabater Pi (Barcelona, 2 de agosto de 1922 - Barcelona, 5 de agosto de 2009 ) fue un primatólogo español. Fue especialista mundial en etología (el estudio de las conductas de los animales) y descubridor de varios comportamientos culturales en varias especies. Seguramente la conducta cultural de un animal más conocida, la utilización de herramientas por parte de los chimpancés, es un descubrimiento hecho por Sabater Pi.

Como muestra de su compromiso con los chimpancés, la constatación de su proximidad (tanto genéticamente como en conducta) con los seres humanos, y los riesgos de sus hábitats, Sabater Pi llegó a decir en alguna ocasión que el descenso de población y, en el caso de algunas subespecies, la situación de peligro de extinción, era comparable a un genocidio con seres humanos. Desde los primeros años del siglo XXI el profesor Jordi Sabater Pi se posicionó claramente a favor de la protección y conservación de los primates y apoyó proyectos como los del Proyecto Gran Simio en España o Fundación Mona en Gerona.

Entre 1940 y 1969 residió en Guinea Ecuatorial, donde estudió las culturas autóctonas y las especies animales locales, que eran poco conocidas. Al declarar la independencia en 1969 se fue a trabajar como conservador de primates del Zoo de Barcelona, continuando sus estudios, becados por National Geographic y en compañía de la zoóloga Dian Fossey. Durante los años 1960 descubrió a Copito de Nieve, el gorila albino que vivió en el Zoo de Barcelona.

En 1976 se puso de profesor de etología, introduciendo la asignatura por primera vez en una universidad española.[2] Fue profesor de etología en la Facultad de Psicología de la Universidad de Barcelona e introductor en España del estudio del comportamiento animal y de la primatología. Diversos discípulos han continuado su línea de trabajo dentro de la Universidad de Barcelona, como Joaquim J. Veà Baró y Mateo Escobar Aliaga, o Montserrat Colell Mimó y de la Universidad Autónoma de Madrid como Fernando Peláez, Ángela Loeches, Carlos Gil y Susana Sánchez.

Descubrió la rana gigante Conraua goliath y estudió el comportamiento del pájaro indicador de la miel Melichneutes robustus, fue el primero en observar que los chimpances fabricaban palos para coger termitas e ingerir cierto tipo de arena de cualidades medicinales, hizo minuciosos estudios de los nidos hechos por gorilas y chimpancés. Su obra más famosa fue enviar al gorila Copito de Nieve al Zoo de Barcelona. Unos nativos se lo habían traído al centro Ikunde, donde estaba contratado como convervador por el Zoo de Barcelona. De haberlo dejado en libertad hubiese muerto muy rápidamente, dado que su visibilidad y falta de melanina le hubiesen sido muy desfavorables en la naturaleza. Siempre consideró que el descubrimiento de Copito era sólo una anécdota en comparación con sus otros descubrimientos.

Fue investido Doctor Honoris Causa por la Universidad Autónoma de Madrid en 1993 a propuesta de la Facultad de Psicología, así como Socio de Honor de la Asociación Primatológica Española.
Fue un gran dibujante, y cuando legó todos sus documentos a la Universidad de Barcelona, entre ellos había más de 2000 dibujos, acuarelas y apuntes. La UB mantiene la colección Sabater Pi en el Parque Tecnólogico de Barcelona.


Bravo de Sobremonte (Medico)


Bravo de Sobremonte Ramírez, Gaspar (1603-1683).

Científico español, nacido en San Cristóbal de Sobremonte (Palencia) en 1603 y muerto en Madrid en 1683.

Nació en el seno de una familia hidalga e hizo sus primeros estudios en la localidad palentina de Aguilar de Campóo. Se trasladó después a Valladolid, en cuya Universidad se graduó de bachiller en medicina (1630) y doctor en medicina (1637). Muy tempranamente participó en las oposiciones a cátedras de dicho centro universitario, y obtuvo ya en 1632 una de la Facultad de Artes. Desde 1637 hasta 1659 ocupó sucesivamente cinco cátedras médicas: las de Cirugía, Método, Vísperas, Prima de Hipócrates y Prima de Avicena. A partir de 1659 fue médico de cámara, primero de Felipe IV y más tarde de Carlos II. También desempeñó el cargo de médico primario de la Inquisición.

Bravo de Sobremonte fue autor de una voluminosa obra escrita que, a través de numerosas ediciones, tuvo una notable difusión dentro y fuera de España. Publicó primero unas Resolutiones Medicae (1649) a las que añadió, a partir de la tercera edición, una monografía sobre la circulación de la sangre y una serie de dieciocho Consultationes Medicae. Su segundo libro fue el titulado Praelectiones Vallis-oletanae de purgandi ratione (1651). El tercero, Disputatio apologetica pro Dogmatica Medicina prestantia (1669), incluía una nueva serie de diez "consultas" y una guía de medicina práctica para los principiantes. Sus Resolutiones ac Consultationes Medicae fueron reunidas en tres volúmenes impresos en Colonia (1671 y 1674) y en Lyon apareció una edición en cinco de sus Opera Medicinalia (1654-1684), cuyos tres últimos volúmenes corresponden a obras que no habían sido publicadas anteriormente.

El profesor vallisoletano fue la figura más representativa y prestigiosa en la España de mediados del siglo XVII del galenismo "moderado", que aceptó numerosos elementos de las corrientes modernas, pero como meras rectificaciones de detalle que no afectaban la validez general de las doctrinas médicas tradicionales. Dedicó, por ejemplo, a la circulación de la sangre el escrito monográfico De sanguinis circulatione et de arte sphygmica, en el que defendió la doctrina de Harvey y también la "circulación" de la linfa. Rebatió incluso, con los mejores datos anatómicos y fisiológicos de su tiempo, las objeciones que a la teoría circulatoria habían planteado el británico James Primerose y el italiano Emilio Parisano. Llegó a afirmar que Galeno y los demás autores antiguos no pudieron conocer los vasos quilíferos "porque hacían anatomía solamente en los cadáveres, en los que estos vasos no aparecen, sino que sólo lo hacen en los animales vivos después de seis horas de ingerido el alimento". Elogió, no solamente la obra de Harvey, sino las de Jean Pecquet, Caspare Aselli, Nathaniel Highmore y otros autores modernos. Sin embargo, tras haber rectificado los errores de la angiología galénica, mantuvo intocada el "arte esfígmica" del autor de Pérgamo: "La definición dada por Galeno explica completamente la naturaleza del pulso", afirmó de modo terminante.

Otro tanto hay que decir de su actitud ante la iatroquímica. Declaró inaceptable su introducción en las doctrinas patológicas, llenando de insultos a Paracelso y a sus seguidores en cinco textos dedicados a este tema. En cambio, aceptó los medicamentos químicos, "puesto que el médico dogmático debe conocer las acciones de todos los remedios que son útiles para curar las enfermedades, si éstos se aplican científicamente", y "los medicamentos espagíricos son utilizables para curar muchas enfermedades si se aplican debidamente". La química o "ars spagyrica" no debe considerarse como una secta, sino como un recurso técnico que complemente la medicina dogmática. Los galenistas franceses de estos años se opusieron rotundamente a la utilización del antimonio. Bravo de Sobremonte, por el contrario, le dedicó el estudio De Stibii natura, et usu, en el que recomienda su empleo, aunque de acuerdo con los principios tradicionales.

La contradicción que implicaba la postura de Bravo fue advertida por otros médicos españoles de su generación y de la siguiente. No obstante, la forma de superarla fue muy distinta según se estuviera decidido o no a romper con las doctrinas galénicas. Los que se aferraron a estas últimas prefirieron negar incluso las novedades más innegables antes que comprometer el sistema tradicional. Esta actitud explica el galenismo intransigente de autores de la talla de Matías García, que dedicó su vida a refutar la doctrina de la circulación sanguínea. En el polo opuesto, los partidarios de romper con las doctrinas tradicionales fueron novatores como Juan de Cabriada, que adoptaron el sistema iatroquímico y consideraron que la doctrina circulatoria, lejos de ser una rectificación de detalle, era el "nuevo sol de la medicina". Hay que advertir, sin embargo, que la postura "moderada" o ecléctica de Bravo tuvo numerosos seguidores hasta finales de la centuria, entre los que se encuentran figuras de notable importancia científica como Joan d'Alós.

Bravo de Sobremonte fue, por otra parte, un brillante clínico, que recogió principalmente su rica experiencia en las dos series de las Consultationes. Se incluye en ellas la historia clínica, con informe de autopsia, de la calculosis renal que produjo la muerte a Felipe IV. Buena parte de los casos se refieren a problemas tocoginecológicos, por los que Bravo tuvo un especial interés. Entre ellos, destacan la "consulta" sobre las convulsiones que afectaron durante el puerperio a la reina Isabel de Borbón y otra dedicada a una "úlcera en la túnica externa del útero". Se enfrentó también con cuestiones quirúrgicas ofreciendo, por ejemplo, un planteamiento riguroso de las indicaciones de la trepanación craneal. Dignos de mención son, por último, sus estudios médico-legales acerca de los envenenamientos y de los indicios de tortura en el cadáver.


fuente http://www.mcnbiografias.com